Una playa de la Isla de Thasos, en Grecia.

Una playa de la Isla de Thasos, en Grecia. iStock

Actualidad gastronómica

Grecia da una lección a España: prohíben la apertura de nuevos chiringuitos en 251 playas

El gobierno heleno usará drones de vigilancia y aplicaciones móviles para asegurarse del cumplimiento de las restricciones.

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Adriana Calvo
Publicada

Grecia ha decidido plantarle cara a la masificación turística y a la privatización de sus costas. En una acción conjunta de los Ministerios de Economía y de Medio Ambiente, el gobierno heleno ha anunciado la ampliación de su red de "playas vírgenes" protegidas, prohibiendo de forma absoluta la instalación de tumbonas, sombrillas de alquiler, infraestructuras comerciales fijas y altavoces en un total de 251 arenales del país. Esta drástica regulación busca devolver el protagonismo al entorno natural y asegurar que el beneficio empresarial inmediato no destruya los ecosistemas más frágiles del Mediterráneo.

La medida no es un impulso improvisado, sino parte de una estricta estrategia que el país implementa de manera escalonada dentro del marco de la Red Natura 2000 (la principal red de espacios protegidos de la Unión Europea creada para conservar la biodiversidad). Si observamos la evolución reciente, el incremento de playas libres de explotación comercial dibuja una tendencia clara: en 2024 ya protegieron 198 playas, en 2025 la cifra aumentó a 238 y, ahora, 251.

El objetivo de las autoridades es tutelar el valor estético, ecológico y geomorfológico de estos espacios, priorizando la conservación de la flora y fauna locales por encima de la comodidad masificada.

La prohibición se extiende a lo largo de toda la geografía griega, afectando tanto a islas ultra-turísticas como a recovecos continentales. Entre los enclaves más destacados se encuentran: Creta, con rincones mundialmente famosos por sus arenas rosadas y aguas cristalinas como la Laguna de Balos, Elafonissi y Falassarna; Islas Jónicas, con playas de postal en Corfú (como Chalikounas), Lefkada (playa de Kastro) y Zante; o Las Cícladas y el Dodecaneso con playas en Naxos, Folegandros, Rodas y Kárpatos.

"Buscamos tutelar eficazmente las playas que presentan un valor ecológico particular, preservar los hábitats y garantizar el acceso libre a la costa", han señalado fuentes gubernamentales al defender que el verdadero lujo en el Mediterráneo actual radica en el paisaje virgen.

Drones y tecnología contra la ocupación ilegal

Para asegurar el cumplimiento de la ley y evitar la clásica picaresca de las concesiones costeras, Grecia ha desplegado un arsenal tecnológico. Las autoridades utilizan drones de vigilancia para sobrevolar las costas y monitorizar que ningún negocio o complejo hotelero se extralimite.

Además, los propios bañistas cuentan con la aplicación móvil MyCoast, una plataforma digital a través de la cual pueden reportar de manera inmediata e interactiva cualquier ocupación ilegal del espacio público.

Aun así, cabe recordar que, incluso en las playas donde sí está permitida la actividad comercial, la normativa general es sumamente rígida. Por ejemplo, las hamacas deben colocarse a un mínimo de 4 metros de la orilla; al menos el 70% de la superficie total de la playa debe permanecer completamente despejada (porcentaje que sube al 85% en zonas protegidas) y el gobierno garantiza constitucionalmente que la mayor parte del litoral sea accesible sin coste alguno para quien lleve su propia toalla.

Un cambio de paradigma en el Mediterráneo

Esta fuerte ofensiva contra la masificación playera se suma a otras decisiones recientes de Atenas para mitigar el impacto del sobreturismo, como la implantación de una tasa de desembarco de 20 euros para los pasajeros de cruceros que llegan a las saturadas islas de Santorini y Mykonos durante los meses de temporada alta.

Con este movimiento, Grecia redefine las reglas del juego del turismo estival, apostando por un modelo donde la naturaleza vuelve a ganar terreno frente al cemento y los servicios exclusivos de pago. Una lección de gestión ambiental y costera que ya resuena con fuerza en los debates políticos del resto de los países del sur de Europa.