Iglesia de San Andrés de Teixido

Iglesia de San Andrés de Teixido iStock

Actualidad gastronómica

Parece Irlanda, pero es España: la aldea del siglo XII para recorrer a pie sus acantilados y comer marisco a buen precio

Una aldea de 45 habitantes rodeada de acantilados y bosques de cuento en la que no faltan las leyendas y con una gastronomía que merece la pena conocer.

Más información: El pueblo medieval declarado Conjunto Histórico con bellas iglesias del siglo XIV y la tortilla de patata más famosa de Galicia

Publicada
Actualizada

Aún nos estamos recuperando de las vacaciones de Semana Santa, pero el calendario de 2026 todavía nos tiene reservados puentes y fines de semana largos que piden a gritos una escapada con olor a salitre.

¿Y si os dijera que en el norte existe una aldea colgada de un acantilado, envuelta en niebla y leyendas celtas, donde el tiempo se detuvo y los percebes llegan del mar a la mesa en cuestión de minutos? Suena a Irlanda, pero es Galicia en estado puro.

San Andrés de Teixido es un puñado de casas de piedra encaramadas a la Serra da Capelada, en el municipio de Cedeira (A Coruña), junto a los acantilados más altos de la Europa continental con más de 600 metros de caída vertical hasta el Atlántico.

La aldea se construye en torno a un santuario del siglo XII, el segundo lugar de peregrinación más visitado de Galicia después de la catedral de Santiago, y arrastra una leyenda que todos los gallegos conocemos bien.

“A San Andrés de Teixido vai de morto quen non foi de vivo (quien no vaya estando vivo, irá de muerto)”, reza el augurio y, aunque solo sea por no tentar a la suerte, ya merece la pena plantarse allí un fin de semana.

Qué comer en San Andrés de Teixido

En San Andrés de Teixido lo que manda es el producto del mar recién sacado de los peiraos -las rocas donde los percebeiros se juegan el tipo cada mañana-.

Los percebes son los reyes indiscutibles de cualquier mesa, pero la oferta se completa con zamburiñas a la plancha, navajas, pulpo á feira, berberechos al vapor, chocos en salsa, mejillones, langostinos y marraxo.

Desde tierra, el raxo (lomo de cerdo en tacos adobado y frito) o los chuletones de ternera compiten por hacerse un hueco en el estómago del visitante. Y de postre, no puede faltar el requesón con miel o el queso con membrillo.

Dónde comer en San Andrés de Teixido

La aldea apenas tiene una calle, así que localizar los tres establecimientos de referencia es tan sencillo como dejarse llevar por el olor a comida.

Os Loureiros es un bar de tapas y raciones situado en la carretera DP-2205, justo antes de entrar en el pueblo. No esperes manteles de hilo, ahí se va a comer de pie o en taburete, pero lo que sale de la cocina compensa la incomodidad.

Su carta ofrece croquetas caseras de centollo, buey de mar y gambas, percebes desde 12 € la tapa, zamburiñas a la plancha, navajas y un pulpo a la gallega que justifica la parada.

La terraza trasera, con vistas a los acantilados y al Atlántico, convierte cualquier almuerzo en una experiencia casi mística y con unos precios que no suelen superar los 25-30 € por persona.

Mesón Eiravella es el restaurante número uno de Cedeira en Tripadvisor, con más de 400 opiniones y una nota de 4,5 sobre 5. Lo regentan Rebeca y Sergio, una pareja joven que despacha los percebes traídos cada mañana de las rocas de Teixido, croquetas caseras de mejillones, lacón con grelos y una mariscada que varía según la marea.

Taberna Hermanos Bouza, al inicio de la aldea, es el refugio de los que buscan cocina de casa sin artificios. Aquí la estrella es la tortilla de Basi, la matriarca de la familia, una mole de 28 huevos que se ha convertido en leyenda comarcal.

La acompañan percebes recién cogidos, empanada casera, raxo, pez espada a la plancha y berberechos fritos. Se come sin lujos, pero la ración de medio kilo de percebes cuesta unos 25 €.

Qué ver en San Andrés de Teixido y alrededores

  • Visita el Santuario de San Andrés, templo gótico-marinero de los siglos XVI-XVIII con retablo barroco y la reliquia del apóstol.

  • Compra los sanandresiños, figuras de miga de pan pintadas a mano que funcionan como amuletos: la mano para los exámenes, la barca para los viajeros, la flor para el amor.

  • Asómate al Mirador de Teixidelo y contempla los acantilados que caen a plomo sobre el océano.

  • Sube hasta la Vixía de Herbeira (615 m), el punto más alto de los acantilados, donde encontrarás caballos salvajes pastando entre la niebla y unas vistas que te dejan sin aliento.

  • Busca la Fuente de los Tres Caños junto al santuario. La tradición manda beber de los tres y pedir un deseo. El sentido común y la experiencia acumulada de muchos viajeros dice que es mejor no hacerlo porque el agua no es potable.

  • Tira tu piedra en unos de los milladoiros, montones de piedras que los peregrinos han ido depositando desde hace siglos como ofrenda al llegar.

  • Baja, si el horario te lo permite, hasta la Playa de Arenas Negras de Teixidelo, una cala solo accesible con marea baja que algunos consideran la única playa del mundo de arena negra no volcánica.

  • Completa la escapada visitando Cedeira, con su paseo marítimo animado, y las Fragas do Eume, uno de los bosques atlánticos mejor conservados de Europa. Ambos están a tiro de piedra y merece mucho la pena.

Una ruta a pie para completar la escapada

Si te quedan fuerzas después del festín, la ruta circular San Andrés de Teixido - Mirador Chao do Monte es perfecta para bajar el marisco caminando. Son apenas 2,6 kilómetros de ida y vuelta, con un desnivel de unos 200 metros, y se completa en hora y media a paso tranquilo.

Se sale del aparcamiento a la entrada de la aldea, se pasa junto al santuario dejándolo a la derecha y se toma un sendero que asciende entre pastos y muros de piedra hasta el mirador de Chao do Monte, una atalaya desde la que se domina toda la costa con el Atlántico extendiéndose hasta donde la vista (y la niebla) lo permitan.

El camino es moderado, apto para toda la familia, y en los días claros las vistas rivalizan con cualquier postal de los Cliffs of Moher. Se vuelve por el mismo sendero, ya cuesta abajo, y con la certeza de haber cumplido con el santo porque fuimos de vivos.