La gala de las estrellas Michelin 2020 no nos ha dejado grandísimas sorpresas, pero quizá una de las más notables ha sido la escasez de galardones recibidos por las dos ciudades más grandes del país.

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Eso sumado a que algunas de las estrellas suprimidas también pertenecían a estas dos localidades, deja un balance un poco decepcionante para todo el sector de la restauración local.

Entre las dos ciudades han sumado un total de cinco estrellas que han ido a parar a restaurantes que, o bien la lucirán por primera vez o la recuperan o suman la segunda a la que ya poseen, pero paralelamente se han perdido tres estrellas, una por cierre y dos por traslado, de manera que en el cómputo global, Madrid y Barcelona se quedan con apenas una estrella más de las que ya tenían.

Estrellas que como vienen se van

En Madrid dos restaurantes se estrenan luciendo la que será su primera estrella Michelín:

  • 99KŌ Sushi Bar (Marqués de Villamagna, 1). Su nombre se traduciría algo así como la "niña bonita" de 99 Sushi Bar y, al igual que este último, pertenece al grupo Bambú. Con un formato de barra en la que el comensal interactúa con el chef al más puro estilo japonés, el chef David Arauz y su equipo traen un trocito de Japón hasta Madrid.
  • Gofio by Cícero Canary (Lope de Vega, 9). Es el restaurante del chef Safe Cruz que trae a Madrid la auténtica comida canaria, la que va más allá de las papas con mojo y busca sorprender con el mejor producto de las islas, incluidos los vinos, en elaboraciones muy cuidadas que rozan la alta cocina. Sabores nuevos, guisos que llegan por primera vez a la Península que parten de esa tradición canaria influenciada por la inmigración que ha caracterizado su historia y avanzan hacia los toques de vanguardia de Safe.

Pocas y extrañas las nuevas estrellas de la capital, que dejan fuera a restaurantes de altísima calidad en los que domina la tradición. ¿Por qué la guía valora más la comida de un restaurante japonés o un restaurante canario que la de restaurantes como pueden ser, por poner algún ejemplo, La Tasquita de Enfrente o La Bien Aparecida? ¿Tal vez cuestión de modas?

En el otro lado, La Candela Restó, el que fue el restaurante del chef Samy Ali, que después de tres años abierto consiguió la estrella Michelín en la guía de 2018, cerró en marzo de este año. Un cierre propiciado, en parte, por la obtención de la propia estrella, pues eso hizo que aumentase considerablemente la clientela y obligó a aumentar el número de personas en sala y cocina, cambios que a la larga les fueron pasando factura hasta tomar la decisión de echar el cierre.

En Barcelona, el panorama no ha sido muy diferente. Se han asignado tres estrellas, pero se han perdido dos. Las nuevas:

  • Aürt (Hotel Hilton Diagonal Mar). El chef Artur Martínez dio el salto desde su pequeño restaurante Capritx en Terrasa para aterrizar en uno de los lujosos hoteles de la cadena Hilton. El nuevo restaurante gastronómico abrió sus puertas este año, tiene espacio solo para quince comensales y la cocina vista para favorecer la interacción entre la cocina y el comensal.
  • Cinc Sentits (Entença, 60). El chef Jordi Artal recupera este año la estrella que perdió el año pasado en el proceso de trasladarse desde la calle Aribau, en la que estuvo abierto durante 14 años, en un local que se quedó pequeño para las aspiraciones del chef.
  • Angle (Carrer d'Aragó, 214) Poco hay que contar que a estas alturas no se sepa del chef Jordi Cruz, que con esta suma la que es su quinta estrella simultánea, pues se trata de la segunda en este restaurante y ya contaba con tres en aBaC.

Pero, como si de las dos caras de una moneda se tratase, cuando unos entran, otros se van, y las estrellas que se han ido de Barcelona en esta ocasión son:

  • La Barra de Carles Abellán (Hotel W) Su reciente traslado al Hotel W, ocupando una parte del local que ocupa su otro restaurante, Bravo, ha hecho que este año pierda la estrella que consiguió el año pasado. 
  • Gaig del chef Carles Gaig también pierde la estrella al trasladarse desde la capital barcelonesa hasta la Cerdanya para ocupar un impresionante palacete en el pueblo de Bolvir en el Pirineo Catalán.