Los seres humanos somos únicos, no tenemos nada más personal que nuestro ADN, nuestros genes, exclusivamente nuestros y que definen desde el color de nuestros ojos hasta nuestra predisposición a padecer ciertas enfermedades en función de quienes hayan sido nuestros parientes en las generaciones previas.

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Y siendo únicos es lógico pensar que no todos respondemos de la misma manera a los alimentos que consumimos, independientemente de que sean más o menos sanos. No en vano, la típica frase de que cada cuerpo es un mundo, cobra más sentido que nunca cuando hablamos de ciencias como la nutrigenómica o la nutrigenética.

¿Qué es la nutrigenómica?

Se llama nutrigenómica a la ciencia que estudia cómo influye el alimento que ingerimos en la forma de expresarse de nuestros genes, es decir, la relación entre el genoma -conjunto de genes que contienen los cromosomas de un individuo- y los nutrientes.

A raíz de esto surge la nutrigenética, que es la ciencia que estudia el efecto que tienen los alimentos sobre cada gen, viendo si dichos alimentos aumentan o disminuyen la probabilidad de padecer algunas enfermedades ligadas a los genes, lo que permitiría pautar dietas realmente personalizadas.

Lo más interesante de la nutrigenómica, bajo mi punto de vista, es el poder llegar a saber cómo lo que comemos puede llegar a modificar la forma en la que se expresan nuestros genes hasta el punto de que estas modificaciones sean hereditarias.

Se trata de ciencias relativamente jóvenes en las que aún queda mucho camino por recorrer, pero podrían ser la base de las dietas del futuro.

¿Qué son los tests genéticos?

Como siempre que aparece algo nuevo hay alguien que piensa con la caja registradora, desde la publicación de los primeros artículos sobre estas ciencias, han aparecido también los correspondientes tests, por supuesto nada baratos, que prometen analizar tu ADN para prescribirte la dieta que mejor se adapta a tus genes.

Hay quien los defiende, como el deportista británico Greg Rutherford, saltador de longitud y medallista olímpico, que jura que gracias al resultado del test pudo perfeccionar su entrenamiento. Concretamente, habla del test DNA Fit, que analiza 45 variantes genéticas.

Pero según el doctor Tim Spector, profesor de epidemiología genética, estudiar 45 de los 10 millones de variantes genéticas que existen no es suficiente para tener una comprensión profunda de lo que debemos comer y lo que no.

Algo parecido es lo que dice también el profesor José María Ordovás, director del laboratorio de Nutrición y Genómica en la Universidad de Tufts (EE UU) y uno de los mayores expertos mundiales en el tema, que opina que, si descartamos los tests para diagnosticar intolerancias, el resto podrían considerarse un fraude, puesto que son análisis que se hacen con pruebas poco fiables.

Nutrigenómica, la dieta del futuro

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Con estas bases, todo apunta a que en un futuro, esperemos que no excesivamente lejano, serán posibles las dietas personalizadas con bases científicas reales, aunque de momento, lo mejor que podemos hacer durante la espera es llevar una dieta saludable que nos ayude a prevenir aquellas enfermedades no hereditarias y, en definitiva a vivir más tiempo y más sanos. Así que ya sabéis, moderación con el azúcar, las grasas saturadas y las carnes procesadas.