Puestos en un mercadillo ambulante en España

Puestos en un mercadillo ambulante en España Neme Jimenez iStock

Cocinillas

El mercadillo ambulante para visitar el tercer domingo del mes y comer pulpo a reventar: gastronomía, ropa y mucho más

La Feria de Ferrol ha cambiado temporalmente de ubicación, pero no de espíritu. El plan perfecto para echar la mañana del domingo.

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No hay nada como un mercadillo ambulante para que cualquier ciudad baje de revoluciones y recupere por unas horas ese espíritu de pueblo que une a vecinos con foráneos.

Eso pasa cada tercer domingo de mes en Ferrol, entre puestos de flores, de ropa, de comida donde los visitantes curiosean y regatean mientras echan la mañana hasta la hora de comer.

La Feria mensual de Ferrol es una cita a la que se va sin lista de la compra, pero de la que se puede salir con algún que otro tesoro.

Una feria con siglos de rodaje

Ferrol celebra feria mensual desde época de villa, mucho antes de que el siglo XVIII la convirtiera en la ciudad naval e ilustrada que hoy recibe al visitante; hay referencias a ese mercado periódico ya en el siglo XVI, cuando la localidad vivía sobre todo de la pesca y de la salazón.

De aquel formato queda lo esencial, un día fijo al mes, la calle tomada por los puestos y una mezcla de comercio y vida social que ni las grandes superficies consiguen replicar.

Durante décadas el escenario fue la avenida dos Irmandiños, a un paso del Museo de la Construcción Naval, del muelle y del Cantón de Molins. Ese es su sitio de siempre y ahí volverá.

¿Por qué ha cambiado de sitio la Feria de Ferrol?

El traslado es temporal y se debe a las obras del plan de regeneración urbana Ferrol Vello, A Magdalena e Arsenal: Abrir Ferrol ao Mar, que afectan al paseo de Irmandiños.

Desde noviembre de 2025, los puestos se instalan en la avenida de Esteiro, en el tramo entre Taxonera y el cruce con Españoleto.

Si vas en coche, debes tener en cuenta que los domingos de feria está prohibido aparcar en ese tramo desde las 7:00 para permitir el montaje de los puestos.

Aunque hay aparcamiento a pocos metros, en la zona de la carretera de Caranza y alrededores del campus universitario. Si no te quieres complicar, también hay parada de bus urbano casi en la puerta.

Dos mercadillos en uno

La Feria de Ferrol tiene dos zonas diferenciadas y es como si fueran dos mercadillos en uno.

Por un lado, el rastro, que es lo que le ha dado fama, donde uno puede encontrar muebles viejos, lámparas de bronce, libros descatalogados, vinilos, herramientas y una buena cantidad de cacharros de cocina de épocas pasadas.

Es una zona para rebuscar, regatear y salir con cosas que no ibas a comprar. Y no me escondo, cuando vivía en Ferrol me lo pasaba en grande buscando platos de vajillas antiguas como atrezzo para mis fotos.

Por otro, la zona de mercado en la que se pueden encontrar puestos de gastronomía donde comprar panes, embutidos, quesos, frutos secos, especias y conservas.

También hay una zona dedicada al textil donde conviven la ropa nueva a precio ajustado y la vintage así como calzado y complementos.

El pulpo

En la Feria de Ferrol el pulpo merece un capítulo aparte. El pulpo á feira se llama así precisamente por esto, por las ferias.

Es la comida callejera gallega por excelencia, cocinado en la calle en grandes ollas de cobre para dar de comer a quien venía de las parroquias a vender o a comprar.

La razón de servirlo en platos de madera viene de la necesidad de que estos pudiesen resistir el traqueteo de los traslados de una feria a otra sin romperse.

En la Feria de Ferrol puedes elegir entre comértelo allí mismo con un buen trozo de pan para mojar en el aceite o pedirte la ración para llevar.

Truco de gallega que ha vivido tres años en Ferrol a un paso de la Feria: si lo pides para llevar, pide que te pongan aparte unos cazos de agua de cocción y luego en casa cueces las patatas en ella para que sepan deliciosas.

¿Qué ver en Ferrol y alrededores?

La feria solo dura hasta la hora de comer y aún queda la tarde por delante para darse una vuelta por la ciudad departamental.

El barrio de A Magdalena, a un paso, es la visita obligada. La cuadrícula perfecta que forman sus calles, del siglo XVIII, es un ensanche militar de la Ilustración trazado para dar servicio al Arsenal.

Pero las fachadas que llaman la atención son de dos siglos después, de principios del siglo XX, hasta el punto de que Ferrol figura en la Ruta Europea del Modernismo y ese patrimonio tiene un solo nombre, el de Rodolfo Ucha Piñeiro, arquitecto municipal entre 1909 y 1936.

Al lado quedan Ferrol Vello, el núcleo marinero original, y el Arsenal Militar, que se puede visitar con reserva previa.

Para entender la ciudad, el Museo Naval y Exponav, el de la construcción naval, ambos junto a la ría son visitas perfectas para disfrutar en familia.

Fuera del casco urbano, los castillos de San Felipe y La Palma, al otro lado de la ría, en Mugardos, vigilan la bocana desde el siglo XVI, y muy cerca están las playas abiertas al Atlántico de Doniños, San Xurxo, Ponzos y los acantilados del cabo Prior.

Media hora al norte, Valdoviño y la laguna de A Frouxeira; algo más allá, Cedeira, San Andrés de Teixido y los acantilados de Vixía Herbeira, en la Serra da Capelada, de los más altos de Europa.

Hacia el sur, Pontedeume y las Fragas do Eume, con el monasterio de Caaveiro metido en el bosque.