La mala suerte genética explica dos de cada tres casos de cáncer

La mala suerte genética explica dos de cada tres casos de cáncer Javier Muñoz y Sergio Bermejo

Salud Prevención

Dos de cada tres enfermos de cáncer lo son por mera mala suerte

El porcentaje de tumores causados por mutaciones aleatorias varía mucho según el tipo de órgano.

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Hace algo más de dos años, dos investigadores del Johns Hopkins Kimmel Cancer Center publicaron en Science un estudio que removió los cimientos del conocimiento establecido sobre el cáncer. En él, afirmaban que los errores en la replicación del ADN -las mutaciones que ocurren por causas aleatorias, ajenas a factores ambientales y, por lo tanto, a nuestro estilo de vida- explicaban una gran mayoría de los casos de cáncer que se registraban en EEUU.

En román paladino, lo que Bert Vogestein y Cristian Tomasetti venían a decir es que el cáncer se debía mucho más a la mala suerte que a cuestiones hereditarias o a los hábitos de vida. Que hablar de lotería cuando uno sufría un diagnóstico de cáncer no sólo no era incorrecto, sino que era mucho más ajustado a la realidad de lo que se creía hasta la fecha.

Tal fue el revuelo que causó el trabajo, que la propia Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer (IARC), el organismo de la ONU que maneja esta enfermedad, emitió un durísimo comunicado contra el mismo. "La mayoría de los tipos de cáncer no se deben a la mala suerte", se titulaba. Dos eran las principales críticas de la entidad al trabajo: que incluían datos de cánceres muy poco frecuentes y eludían otros tumores mucho más prevalentes -y con un mayor componente ambiental- y que sólo se basaban en datos de EEUU.

A Vogestein y Tomasetti les dieron igual las críticas o, al menos, no se retractaron en ningún momento de su trabajo, como tampoco lo hizo la revista. Y ahora, 27 meses después, vuelven a la carga: misma idea, misma publicación y mismos polémicos resultados, pero ampliados.

32 tipos de cáncer y 68 países

En lo que sí parecen haber salido escaldados los autores es en el uso del concepto mala suerte. "Hemos demostrado que el 66% de las mutaciones en cáncer son replicativas, lo que también se puede llamar mala suerte. Obviamente, estas mutaciones juegan un papel importante en el origen del cáncer", explica Tomasetti a EL ESPAÑOL. Y responde así a las críticas sobre su anterior trabajo: "Creemos que hubo mucha confusión sobre nuestro estudio original. En el nuevo, dejamos claras las diferencias entre el origen del cáncer y la prevención del mismo y esperamos que esta aclaración descarte cualquier crítica".

En el estudio recién publicado, los investigadores subrayan que la contribución de los errores de replicación del ADN impredecibles no tienen el mismo peso en unos tipos de tumores que en otros. Por ejemplo, en el pulmón, el 65% de las mutaciones implicadas son causadas por factores ambientales -sobre todo el tabaco-, mientras que el 35% serían errores aleatorios. Por el contrario, en el cáncer de próstata, cerebro y huesos, el 66% generalizado se superaría con creces y apenas un porcentaje anecdótico de las mutaciones asociadas a esos tipos de cáncer sería causado por factores ambientales. 

Para Manuel Collado, investigador del Laboratorio de Células Madre en Envejecimiento y Cáncer del  Hospital Clínico Universitario de Santiago de Compostela (CHUS), el estudio presenta dos problemas, uno relativo a su metodología y otro a la idea que puede transmitir a la sociedad.

"Es un mensaje peligroso", comenta a este diario. "Puede dar la impresión de que independientemente de nuestro estilo de vida el desarrollo de cáncer no se verá alterado, puesto que dependerá únicamente de la acumulación incontrolable de mutaciones que se producen como consecuencia de errores de la maquinaria de división celular". Pero con respecto a la metodología, a Collado le extraño -como ya le sorprendió en 2015- un hecho principal del estudio: que parece considerar todos los cambios iguales. Es decir, el investigador considera que puede ser cierto que la mayor contribución numérica al cáncer venga de errores propios de la replicación celular, pero no cree que estos pesen lo mismo que los errores asociados a cambios ambientales. 

El autor principal del estudio, por su parte, cree que no hay que demonizar las mutaciones aleatorias. "La mayoría del tiempo no hacen nada; eso es lo normal y lo que se considera buena suerte. Pero a veces estos errores pasan en un gen conductor del cáncer y eso es mala suerte. Nosotros hemos querido cuantificar el peso de esa mala suerte", explicó en rueda de prensa.

Óscar Fernández-Capetillo, jefe de grupo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), comenta por su parte que el problema principal del trabajo es su falta de novedades. "En mi opinión el artículo no es especialmente original, y es un ejercicio literario que adorna conceptos elementales que en gran medida ya conocemos, como que  los errores que las células cometen cuando copian su ADN son la causa principal de muchos tumores", subraya. 

Eso sí, ironiza: "Para cerrar el debate, daré un dato,  con cáncer o no, los fumadores viven de media una década menos de vida. Y, ahora, sigamos debatiendo sobre el impacto del azar…".

Razones para un dato

La pregunta inmediata que surge tras la publicación de estos datos es: ¿para qué sirve saber esto? "Ahora mismo no podemos hacer nada para evitar estos errores aleatorios en la replicación del ADN, pero con suerte podemos encontrar formas de detectar el cáncer mucho antes, para reducir drásticamente la posibilidad de morir de esta enfermedad", comenta Tomasetti a EL ESPAÑOL. Y añade: "Es posible que, con más financiación e investigación, algún día haya formas de reducir esta tasa de mutaciones a través de la quimioprevención". 

Pero para Vogelstein hay una razón mucho más importante, que no es otra que quitar el sentimiento de culpa tanto a los que padecen cáncer como, en el caso de los tumores infantiles, a sus familias. "Cuando un padre busca "causas del cáncer infantil" en Google, ve que son principalmente dos: ambientales y hereditarias. Así, es lógico que piense que o bien le ha dado unos genes defectuosos a su hijo enfermo o bien le ha expuesto a un agente que le ha provocado la enfermedad. Nuestro estudio demuestra que prácticamente todos los tumores infantiles están provocados por mutaciones aleatorias", señala. 

Collado coincide plenamente con este mensaje: "En eso estoy completamente de acuerdo; hay que dejar claro que el cáncer es un producto de la vida, un error de la maquinaria y que por eso se produce más en las personas mayores. También hay que desechar la idea de que una mentalidad negativa está relacionada con la aparición de la enfermedad". 

Vogelstein cree también que su estudio tiene implicaciones con la llamada guerra al cáncer, un concepto que se inició en 1971 con la firma por parte del presidente Richard Nixon de la National Cancer Act. El investigador del hospital estadounidense hace una perfecta analogía bélica: "El cáncer afectará a 1,6 millones de personas en EEUU sólo este año; si esto no es una guerra, ya me contarán qué lo es". "Las mutaciones son los enemigos y está claro que estamos interesados en prevenirlas. Si nuestros enemigos están fuera de nuestras fronteras es obvio cómo prevenir la invasión: se les impide entrar. Pero si están ya dentro de nuestro país, lo de las fronteras no funcionará y necesitaremos una nueva estrategia", continúa el investigador, que cree que hasta ahora "se ha prestado muy poca atención" a esos enemigos internos con los que equipara a mutaciones aleatorias responsables, según su trabajo, de dos tercios de los casos de cáncer.

"Creemos que nuestro trabajo hará que muchos científicos reconozcan la contribución de estos errores y se desarrollen así estrategias para limitar el daño que estos enemigos hacen. El primer paso para ello es simplemente reconocerlo", concluye.