El doctor Roberto Méndez es médico de Atención Primaria.

El doctor Roberto Méndez es médico de Atención Primaria.

Nutrición

Soy médico y éste es el yogur del 'súper' en España con muy buena fama que no recomiendo

La evidencia científica más reciente revela que nutrientes considerados insanos en los lácteos, como las grasas, pueden ser beneficiosos.

17 marzo, 2024 10:39

Los alimentos fermentados, como el caso de los lácteos, han ido ganando popularidad como parte de una dieta saludable. Además del yogur de toda la vida, hemos ido introduciendo otros más 'exóticos' como el kéfir o la kombucha. Sin embargo, el yogur tradicional sigue siendo a día de hoy el probiótico más conocido y consumido en España.

Como ya hemos comentado en varias ocasiones, no todos los yogures son iguales y hay que saber elegir. Y no solo vale con echar un vistazo rápido en el supermercado y evitar aquellos más coloridos, o con más sabores.

No. Lo que debemos saber es interpretar los mensajes del marketing alimentario y el etiquetado de los yogures, y así reconocer cuándo huir de alimentos disfrazados de "saludables" cuando no siempre lo son.

Desnatado: por qué no lo recomiendo

La cantidad de opciones respecto a los tipos de yogur es enorme, y es muy fácil dejarse engañar por los mensajes promocionales. Es fácil de presentar como un alimento repleto de beneficios para la salud, y será una afirmación esencialmente cierta, siempre y cuando elijamos el yogur más adecuado. Hablamos del natural o griego, sin otros añadidos pero tampoco restándole ingredientes necesarios.

[Soy médico y éste es el famoso yogur que pido a mis pacientes que no tomen nunca en España]

De hecho, estudios como el que se publicó en el BMJ Open ya advirtieron que la mayoría de los yogures del supermercado contienen más azúcar del recomendado por la OMS, con la excepción del yogur griego, que reduce el azúcar a cambio de más grasa y proteínas. Y precisamente eso lo hace interesante.

La grasa del yogur no solo no sería perjudicial, sino todo lo contrario. No se sabe aún a ciencia cierta por qué las grasas saturadas de los lácteos y sus derivados se relacionaría con la protección cardiovascular. Pero retirarla o reducirla podría ser un error. Así lo sugirió un megaestudio publicado en The Lancet el pasado año 2018.

Así pues, los mensajes como "bajo en grasa", "light", "sin grasa" y demás derivados no solo resultan confusos, sino también erróneos. Captan fácilmente nuestra atención, dado que la grasa se ha demonizado durante años en el mundo nutricional. Pero como suele suceder con estos eslóganes alimentarios, cuando se intenta poner el foco en algo más llamativo de lo normal es que se intenta esconder otra cosa.

La nata del yogur -la parte que concentra la grasa- no fue un problema hasta el año 1977, cuando Estados Unidos inició una "guerra" contra la obesidad. Impulsaron las dietas bajas en grasa, dando lugar a una industria masiva de productos desnatados. El resto de Occidente se unió una moda que aún perdura hoy en día. Sin embargo, los lácteos enteros han demostrado más de una vez no ser un problema.

Los lácteos desnatados tienden a contener más azúcar que los yogures naturales con el objetivo de mejorar su sabor. Su densidad calórica será menor, pero sacrifican el potencial saciante e introducen un mayor contenido de azúcares libres más allá del azúcar naturalmente presente en la leche.

Este exceso de azúcar, que puede ser incluso el doble con respecto a un yogur natural, provoca "picos" de glucemia o azúcar sanguíneo, contrarrestados por "picos de insulina" que finalmente dan lugar a una disfunción de esta hormona. A mayor intolerancia a la insulina, peor funcionamiento de la misma, y a largo plazo un mayor riesgo de sufrir diabetes tipo 2 y obesidad.

Estos "picos" de azúcar también se han relacionado con un aumento de apetito, ya que también se afectan otras hormonas metabólicas como la grelina (responsable del apetito) y la leptina (responsable de la saciedad). Este exceso de azúcar conducirá a un mal funcionamiento hormonal que aumentará el consumo calórico total.

Por su parte, la retirada de la grasa natural del yogur supone una reducción de su potencial saciante: es más fácil consumir y digerir azúcar que grasa, y es mucho más fácil seguir consumiéndolo. Finalmente, el yogur desnatado puede contener edulcorantes no calóricos en lugar de azúcar, pero a la larga eso no resuelve el problema.

De hecho, el yogur natural tiene mejor sabor. El problema es que la Dieta Occidental nos ha acostumbrado a sabores hiperpalatables basados en el exceso de azúcar y los edulcorantes. Además, como ya explicamos en EL ESPAÑOL, los edulcorantes artificiales no son inocuos. Han demostrado ser tóxicos para la microbiota intestinal, y esto puede tener consecuencias aún desconocidas a largo plazo.