Richard Feynman.

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Feynman, el Nobel 'deficiente mental' que frecuentaba los bares de 'striptease'

Este viernes se cumplen 100 años del nacimiento del popular físico estadounidense, un hombre de personalidad arrolladora que anticipó la llegada de la nanotecnología y metió la física en las televisiones de todas las casas.

Este viernes, 11 de mayo, habría cumplido 100 años uno de los científicos más excéntricos de la historia. Y mira que hay para dar y tomar, pero Richard Feynman tenía una personalidad arrolladora, una manera de pensar nada convencional, un gran sentido del humor y una capacidad para divulgar la física que le convirtieron en una estrella mediática.

En su desternillante libro autobiográfico Surely You're Joking, Mr. Feynman!, publicado en 1985 y traducido al español como ¿Está usted de broma, Sr. Feynman?, comenta algunas de las anécdotas más jugosas de su vida.

Una de ellas es que le gustaba ir a los bares de striptease para relajarse. Sí, para relajarse. Solía pedirse un 7 Up y disfrutaba del espectáculo, porque ese ambiente de desconexión era lo que necesitaba para reflexionar y a veces utilizaba las servilletas para escribir ecuaciones. De todas formas, no dejaba de ser un cliente más, así que les pagaba copas a las chicas del local y confiesa que se sentía frustrado por no irse con ninguna.

Escucha a Richard Feynmann hablar de los platillos volantes (con subtítulos en español)

Sin embargo, un día conoció a una mujer en uno de estos bares y cuando iban a casa de ella pararon a cenar. Él pagó la cuenta y al instante montó en cólera: le dijo que era "peor que una puta" y le exigió que abonase lo suyo, ya que no tenía pinta de que fuera a compensarle con sexo el desembolso que había hecho en sándwiches y bebidas. Ella, atónita, puso su parte y se marchó, pero al rato estaba de vuelta en el bar donde se conocieron para irse de nuevo con Feynman.

Este episodio ilustra el carácter de uno de los físicos más importantes del siglo XX, que se casó tres veces, se reía de todo y era un vividor al que no le importaba airear detalles escabrosos de su vida personal si le parecían divertidos.

Había nacido en 1918 a las afueras de Nueva York dentro de una familia judía, pero siempre se declaró ateo y rechazó ser incluido en ninguna lista por raza o religión. Desde pequeño fue un bicho raro fascinado por las matemáticas y la electrónica, tanto que se dedicaba a reparar las radios de sus vecinos.

Sus aficiones también incluían tocar los bongós, abrir cajas fuertes y realizar experimentos sobre cualquier cosa que le intrigara, por ejemplo, la hipnosis. Siempre alegó que "saber el nombre de algo" y "saber algo" eran dos cosas distintas, así que estudiaba en profundidad cualquier asunto que le interesaba en la vida.

Del rechazo del ejército a la bomba atómica

En el plano académico, se decidió por la física y acabó en el MIT y en Princeton, donde realiza su doctorado en el campo de la electrodinámica. A pesar de su brillantez, sus extravagancias debían ser de un calibre descomunal para ser declarado deficiente mental por un psiquiatra del ejército, lo que le libró de combatir en la II Guerra Mundial.

Su contribución iba a ser distinta. Como muchos físicos de su generación, participó en el Proyecto Manhattan para fabricar la bomba atómica y estuvo en la prueba Trinity, la primera explosión nuclear en el desierto de Nuevo México. Feynman decía ser la única persona que la presenció sin protección ocular, simplemente tras el parabrisas de un camión, pero acabó tirándose al suelo del vehículo debido al intenso brillo.

Su papel, modesto, fue el de realizar cálculos teóricos, pero los contactos que hizo fueron decisivos para darle un giro a su carrera y acabar en el California Institute of Technology (Caltech).

El Nobel

Allí se dedicó a construir una teoría cuántica para explicar la interacción de los electrones con el campo electromagnético, pero no era el único que había abordado con éxito ese tema, así que en 1965 le dieron el Nobel junto al japonés Sin-Itiro Tomonaga y a su compatriota Julian Schwinger. Los tres fueron premiados "por su trabajo fundamental en electrodinámica cuántica, generando consecuencias profundas para el desarrollo de la física de partículas elementales".

No obstante, los expertos dicen que su solución era mucho más creativa. Sus diagramas de Feynman son gráficos que representan trayectorias de las partículas, explican la interacción de los fotones con la materia y se convirtieron en esenciales para el desarrollo posterior de la física de partículas y otros campos.

Visionario

Sin embargo, por encima de sus investigaciones, lo que le dio fama a este genio neoyorquino fue su espectacular manera de explicar las cosas, con clases y conferencias casi míticas. En la más famosa de todas anticipó en décadas el desarrollo de la nanotecnología y lo mismo hizo con respecto a la computación cuántica.

Lejos de llegar a ver estos avances, falleció de cáncer en 1988 cuando aún no había cumplido 70 años. Dicen que sus últimas palabras fueron "No me gustaría morir dos veces. Es tan aburrido". Tras su muerte, sus alumnos de Caltech colgaron una pancarta gigante en el edificio de la biblioteca: "We love you Dick".

El vaso de agua que explicó un desastre

Muy poco tiempo antes había dado su último gran espectáculo al participar en la comisión que investigó el accidente del transbordador espacial Challenger , ocurrido en 1986. Ante una millonaria audiencia televisiva y en su afán didáctico, Feynman se llevó un vaso de agua con hielo para demostrar cómo afectaban las bajas temperaturas a la elasticidad de unas juntas de goma que se habían utilizado en los propulsores. Ese fallo produjo las fugas de combustible y la explosión que provocaron el desastre.

En su investigación descubrió que los directivos de la NASA habían infravalorado a propósito las probabilidades de que ocurriese una catástrofe, calculadas por los ingenieros, y aquello lo llenó de ira: "Para una tecnología exitosa, la realidad debe prevalecer sobre las relaciones públicas, la naturaleza no puede ser engañada", sentenció.