Una foto capta el momento del estallido en el cometa Chury.

Una foto capta el momento del estallido en el cometa Chury. ESA / Rosetta

Investigación El retorno de Rosetta

Nuestro cometa favorito está hecho de hielo prístrino más viejo que el planeta Tierra

Nuevos estudios de la misión Rosetta de la ESA detallan la composición del cometa Churiumov-Gerasimenko y cómo se forman los estallidos que modifican su forma.

Antonio Villarreal

En septiembre de 2016, la sonda Philae de la Agencia Espacial Europea se apagó para siempre dejándonos una última foto anclada a las rocas del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, o para los amigos, el cometa Chury.

Pero para los astrofísicos, la diversión nunca termina. Ahora, un grupo de científicos desvela simultáneamente en las páginas de Science y Nature Astronomy las últimas investigaciones sobre el cometa a partir de la información obtenida en la misión Rosetta. Una de ellas tiene el potencial de cambiar lo que sabíamos sobre estos cuerpos rocosos.

El 19 de febrero del año pasado, Rosetta captó un estallido. Estos eventos, parecidos a un géiser que libera material del núcleo del cometa, eran ya conocidos por la ciencia aunque no se sabía mucho sobre ellos porque son básicamente impredecibles. Por suerte, Rosetta tenía todos sus ojos puestos en el lugar.

De este modo, han logrado captar por primera vez que un desprendimiento fue el origen de este estallido.

"Lo que hemos visto es la manifestación a pequeña escala y el origen de lo que uno observa desde Tierra cuando ve un cometa activo", explica a EL ESPAÑOL Luisa M. Lara, investigadora del Instituto de Astrofísica de Andalucía y participante en la misión Rosetta junto a otros científicos españoles como Pedro Gutiérrez y Rafael Rodrigo. "Hemos visto lo que ocurre ahí debajo y eso es excepcional, nunca se había visto con ningún cometa, ni con la misión Halley, ni con la famosa Deep Impact, ni con EPOXI ni con ninguna".

"Todos los cometas o casi todos los que hemos observado desde Tierra tienen este tipo de estallidos de actividad y siempre se ven a gran escala", añade Lara. "Lo que no podíamos haber visto es qué le pasaba al núcleo durante esos estallidos y hemos visto, en el estudio de Nature Astronomy, que hay un estallido y días después colapsa un acantilado". Además, el estudio paralelo publicado en Science muestras zonas de este cometa, de seis kilómetros de largo, en las que, claramente, una roca se ha movido cientos de metros.

¿Por qué ocurre esto?

Al contrario de lo que ocurre en un planeta como la Tierra, los cometas carecen de reacciones tectónicas capaces de provocar erupciones. "Lo que pensamos que hay son bolsas llenas de hielo que se van calentando a medida que el cometa se acerca al sol", dice la astrofísica. 

El origen de los estallidos estaría, por tanto, en acumulaciones mayores de hielo que, cuando llegan a su límite de temperatura se convierten en activas de forma repentina. "Siempre habíamos pensado que serían como grandes bloques de hielo que de repente sublimaban, lo que nos ha descubierto Churiumov-Gerasimenko es que no son bloques tan grandes, no son como bombas atómicas detonadas sobre el cometa sino movimientos pequeños en el núcleo que acaban provocando cambios a gran escala".

La flecha señala el trozo de hielo prístino que quedó al descubierto.

La flecha señala el trozo de hielo prístino que quedó al descubierto. ESA / Rosetta

Otro de los descubrimientos sobre el cometa Chury que han sido revelados es que este estallido provocó un desprendimiento de materiales que dejó al descubierto el núcleo: se trataba de una ventana de hielo de un blanco refulgente, hielo prístino que se originó hace 4.600 millones de años en un rincón frío del Sistema Solar de un agua que nada tiene que ver con la Tierra.

El italiano Maurizio Pajola, autor principal del estudio que ahora trabaja para la NASA, explica a este periódico que "el desprendimiento del llamado acantilado de Asuán es el primero observado en la superficie del núcleo del cometa y relaciona directamente el estallido con el desprendimiento de materiales", explica Pajola, "además, hemos podido ver que mucho material, sobre el 1% de lo que se colapsa, acaba perdido en el espacio en uno de estos eventos".

Maurizio Pajola, en su centro de investigación.

Maurizio Pajola, en su centro de investigación. Cedida

Para Pajola, la principal noticia de todo esta serie de estudios es que hasta ahora pensábamos que la forma de los cometas estaba determinada por la erosión u otros factores, pero el ejemplo de Chury indica que en realidad son los gradientes termales -acercarse o alejarse del Sol y los efectos que provoca en el hielo del cometa- lo que acaba provocando estos estallidos y desprendimientos. "El desprendimiento observado en el acantilado de Asuán demuestra que los cometas son unos de los objetos con más actividad geológica del Sistema Solar".