Gato jugando.

Gato jugando. Freepik

Ciencia

Los veterinarios coinciden: esconder la comida en juguetes no solo entretiene al gato, reduce peticiones de atención

Ni más comida ni más mimos: tu gato puede necesitar un pequeño reto a la hora de comer.

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Un estudio revela que usar puzles de comida o juguetes interactivos reduce las conductas insistentes con las que los gatos reclaman la atención de sus cuidadores.

El uso de estos dispositivos estimula su instinto natural de exploración y búsqueda, evitando que el humano sea su única fuente de actividad y entretenimiento.

Tanto los comederos interactivos como los juguetes sin alimento que se usan alrededor del momento de comer mostraron una efectividad similar en la reducción de maullidos y demandas.

Los expertos aclaran que no es necesario comprar dispositivos costosos, basta con adaptar opciones caseras sencillas e incrementar la dificultad de forma progresiva.

Esconder parte de la comida de un gato en juguetes interactivos puede parecer únicamente una forma de mantenerlo entretenido durante unos minutos. Sin embargo, un nuevo ensayo controlado apunta a que esta estrategia puede tener otro efecto: reducir algunas conductas con las que el animal reclama constantemente la atención de su cuidador.

El estudio, publicado en 2026 en Applied Animal Behaviour Science, analizó a 92 gatos domésticos que vivían exclusivamente o casi exclusivamente dentro de casa y cuyos propietarios aseguraban que presentaban diariamente alguna conducta de búsqueda de atención. Entre ellas podían aparecer maullidos persistentes, seguir a la persona por la vivienda o interrumpirla repetidamente.

Los investigadores dividieron aleatoriamente a los animales en dos grupos. A 44 gatos les proporcionaron puzles de comida, dispositivos en los que el animal tenía que manipular, empujar o explorar para conseguir el alimento. Los otros 48 gatos recibieron juguetes sin comida que también debían utilizarse alrededor del momento de alimentarse.

Durante cuatro semanas, los propietarios registraron cada semana la frecuencia con la que aparecían diferentes comportamientos de demanda.

El resultado fue bastante claro: la mayoría de las conductas de búsqueda de atención disminuyeron a lo largo del estudio después de introducir este tipo de enriquecimiento en torno a las comidas.

No se trata simplemente de darle más comida

La explicación no parece estar en aumentar la cantidad que come el gato. Los participantes mantenían la alimentación habitual, pero cambiaba la forma en la que parte de ella estaba disponible.

Los puzles obligan al animal a dedicar tiempo y esfuerzo a obtener el alimento, algo que se aproxima más a determinadas conductas naturales de exploración y búsqueda.

Los gatos domésticos conservan buena parte del repertorio de un depredador. En condiciones naturales realizarían múltiples intentos de caza durante el día y no obtendrían toda su alimentación simplemente acercándose a un cuenco lleno. Las revisiones veterinarias consideran por eso los puzles alimentarios una forma de enriquecimiento ambiental relacionada con su comportamiento natural de búsqueda de comida.

Esta diferencia puede ser especialmente importante en gatos que viven siempre dentro de casa. Los autores del nuevo ensayo señalan que estos animales pueden tener un mayor riesgo de que algunas necesidades ambientales queden sin cubrir, precisamente porque disponen de menos oportunidades espontáneas de explorar, perseguir o buscar recursos.

Cuando esas oportunidades son escasas, el propio cuidador puede convertirse en una de las principales fuentes de actividad.

Maullar, seguirlo por la casa, colocarse delante del ordenador o reclamar constantemente contacto pueden entonces convertirse en maneras eficaces de provocar una respuesta.

Investigaciones anteriores ya habían señalado que los gatos pueden utilizar precisamente conductas aparentemente afectuosas para solicitar comida. Entre ellas aparecen sentarse sobre el propietario, seguirlo o maullar. Si cada vez que el animal realiza estas conductas recibe alimento, también puede aprender rápidamente a repetirlas.

Los puzles de comida introducen otra posibilidad: parte de la actividad que antes dependía del humano pasa a estar ligada al propio alimento.

Existe además experiencia clínica previa en esa dirección. Una revisión sobre puzles alimentarios recogió casos de gatos que despertaban a sus propietarios para pedir comida, maullaban durante la preparación de las comidas o intentaban robar alimentos. Después de introducir estos dispositivos, se observó menos maullido por comida y una mejora del comportamiento durante las comidas de los propietarios.

En otro caso descrito en esa revisión, un gato que respondía con agresividad cuando esperaba comida o no recibía atención dejó de mostrar esas respuestas de frustración inmediatamente después de incorporar puzles alimentarios y acabó resolviendo progresivamente el problema.

El nuevo ensayo de 2026 es especialmente interesante porque permite ir más allá de esos casos individuales.

Pero también introduce un matiz importante: los puzles de comida no fueron superiores a los juguetes sin alimento.

Ambos grupos mostraron una disminución de las conductas de búsqueda de atención y los investigadores no encontraron diferencias estadísticamente significativas entre ellos. Esto sugiere que la clave puede no estar únicamente en esconder comida, sino en proporcionar al gato una actividad regular alrededor del momento de alimentarse.

Por eso, afirmar que todo gato que pide atención necesita un comedero interactivo sería excesivo. Algunos animales buscan legítimamente contacto social y otros pueden estar aburridos, tener hambre o presentar un problema médico.

Un cambio repentino en el maullido, el apetito o la insistencia por conseguir comida debería valorarse especialmente si aparece acompañado de pérdida de peso, aumento de la sed u otros síntomas.

Tampoco es necesario comprar necesariamente un dispositivo sofisticado. Los especialistas describen tanto puzles comerciales como opciones sencillas que permiten esconder pequeñas cantidades de comida y obligan al gato a explorar o manipular objetos para encontrarlas. La dificultad debe introducirse progresivamente para evitar que el animal se frustre.

Lo importante es que la comida deje de ser siempre un recurso que aparece inmediatamente en un cuenco sin ninguna actividad asociada.

La evidencia más reciente muestra así que convertir la hora de comer en un pequeño reto puede disminuir las veces que algunos gatos reclaman constantemente a sus propietarios. No porque dejen de querer su compañía, sino porque parte de su necesidad de actividad y estimulación encuentra otra salida.