Un hombre con un perro y un gato.

Un hombre con un perro y un gato. Istock

Ciencia

Los psicólogos coinciden: las personas más unidas a sus mascotas tienden a ser más empáticas y compasivas

Los estudios han demostrado que la relación con el animal se relaciona con una mayor disposición a responder con amabilidad ante el sufrimiento.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

Las claves

Los jóvenes con mayor apego a sus mascotas muestran más compasión hacia sí mismos y hacia otros, según un estudio canadiense.

El vínculo emocional con los animales se asocia principalmente con la empatía afectiva, como sentir tristeza o llorar ante el sufrimiento ajeno.

Un mayor apego a las mascotas también está relacionado con actitudes prosociales y comportamientos amables hacia otras personas.

Los expertos advierten que la relación entre apego y compasión no implica necesariamente causa-efecto, ya que pueden influir otros factores como la educación o experiencias previas.

Las mascotas no solo ocupan un lugar: para muchas personas forman parte de su mundo emocional. Un estudio publicado en Adolescents apunta que los jóvenes con mayor apego hacia sus animales muestran más compasión hacia sí mismos y otros.

La investigación, dirigida por Sandra Bosacki, analizó a 61 niños y adolescentes canadienses de entre siete y 15,9 años. Los participantes completaron varios cuestionarios sobre el apego, empatía, compasión y bienestar.

Los resultados encontraron una asociación entre la intensidad del vínculo emocional con las mascotas y formas de empatía afectiva. Quienes estaban más unidos a sus animales tendían a sentir más tristeza y respuestas de llanto ante el sufrimiento ajeno.

El matiz es importante: el estudio no encontró que un mayor apego mejorara necesariamente la capacidad para comprender cognitivamente las emociones de otra persona. La relación aparecía, sobre todo, en la dimensión afectiva: sentir el dolor ajeno y reaccionar.

Qué significa ser empático

Esa diferencia permite entender qué significa ser empático. No basta con identificar que alguien está triste; la compasión añade una respuesta de cuidado. En los participantes, el apego a las mascotas se relacionó con comportamientos amables hacia uno mismo.

Los investigadores observaron que quienes presentaban un vínculo más intenso con sus animales mostraban mayor compasión hacia otras personas. También ellos tendían a juzgarse menos negativamente, resultado que conecta el vínculo afectivo con una relación más amable consigo mismos.

El estudio se suma a una línea de investigación que considera a perros, gatos y otros animales compañeros como figuras capaces de participar en procesos emocionales. La convivencia cotidiana implica cuidar, interpretar señales, responder a necesidades y desarrollar responsabilidades.

Cada gesto cotidiano puede convertirse en una experiencia emocional: detectar que el animal tiene miedo, atenderlo cuando está enfermo o modificar una rutina para protegerlo. Esa atención constante puede favorecer una sensibilidad mayor ante la vulnerabilidad y el sufrimiento.

Investigaciones posteriores han encontrado resultados compatibles. Un trabajo publicado en Frontiers in Psychology con 343 jóvenes participantes halló que un mayor apego a las mascotas se asociaba con más empatía hacia los animales y actitudes prosociales hacia otras personas.

En ese estudio, la empatía hacia los animales actuaba parcialmente como mecanismo entre el apego y la actitud prosocial. El vínculo con la mascota se relacionaba con sensibilidad hacia ella, que a su vez conectaba con comportamientos sociales positivos.

Sin embargo, los científicos piden prudencia antes de convertir estas asociaciones en una relación causa-efecto. El trabajo de Bosacki es transversal y utiliza respuestas de los participantes, por lo que no permite saber si el apego aumenta la compasión.

También podría ocurrir lo contrario: que los niños y adolescentes más compasivos desarrollen vínculos más intensos con sus mascotas. Pueden intervenir otros factores, como la educación familiar, las relaciones sociales, la regulación emocional o las experiencias previas con animales.

Lo que sí dibuja la evidencia es una conexión entre vínculo y sensibilidad emocional. El animal puede ser un compañero al que cuidar y comprender; esa experiencia parece relacionarse con mayor disposición a responder con amabilidad ante el sufrimiento.