Mujer recogiendo una cebolla.
Los agricultores coinciden: el calor extremo está haciendo cada vez más difícil completar una jornada en el campo
Madrugar ya no basta en muchas explotaciones: las olas de calor obligan a recortar jornadas y evitar las horas centrales.
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Empezar antes de que amanezca, detener las tareas cuando el Sol aprieta y reducir unas jornadas que hace años podían prolongarse hasta media tarde. El calor extremo está obligando a muchos agricultores españoles a reorganizar completamente su forma de trabajar durante el verano.
Los testimonios recogidos en diferentes zonas dibujan un problema parecido. En el Valle del Jerte, José Estar Vaquero, productor de cerezas, comienza ya la recolección alrededor de las cinco de la madrugada para aprovechar las horas más frescas antes de que resulte peligroso continuar.
“Antes la jornada se hacía partida, de tres a seis, pero ahora es insoportable”, explica el agricultor extremeño a RTVE. La campaña ha tenido que adaptarse hasta el punto de terminar alrededor de la una de la tarde y trasladar una parte importante del trabajo a la oscuridad.
El propio Estar considera inviable mantener determinadas tareas con temperaturas próximas a los 40 grados. La recogida de cerezas se realiza manualmente y obliga a subir escaleras, transportar cestas y moverse continuamente entre los árboles, multiplicando el esfuerzo físico.
La misma transformación se observa en la Comunitat Valenciana. En La Safor, los agricultores tradicionalmente permanecían en sus huertos aproximadamente hasta las dos de la tarde, pero las sucesivas olas de calor están haciendo que incluso llegar hasta esa hora resulte cada vez más complicado.
Un 17,4% de accidentes
Algunas explotaciones han optado por mecanizar tareas para poder realizarlas durante la noche. Reducir las horas disponibles tiene además otra consecuencia: concentra más trabajo en una franja mucho más corta, precisamente cuando determinadas labores agrícolas no pueden aplazarse indefinidamente.
Alberto Sánchez, agricultor salmantino, resume a La Gaceta de Salamanca esa falta de refugio climático con una frase sencilla: “El mejor aire acondicionado que tenemos es el sombrero de paja”. En el campo, gran parte de las tareas siguen dependiendo directamente del trabajo al aire libre.
El problema no consiste únicamente en sentirse incómodo. El Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo advierte de que las altas temperaturas pueden provocar agotamiento, deshidratación, insolación y golpes de calor, además de reducir capacidades como la concentración, la coordinación motriz, la memoria a corto plazo y la destreza manual.
Ese deterioro tiene consecuencias sobre la seguridad. Según el INSST, los accidentes laborales aumentan un 17,4% durante las olas de calor. Agricultura y pesca se encuentran, junto con la construcción, entre los sectores especialmente expuestos a temperaturas elevadas y radiación solar intensa.
El estrés térmico tampoco depende únicamente de que un termómetro marque 35 o 40 grados. Influyen simultáneamente la humedad, la radiación solar, el viento, la ropa utilizada y, especialmente en el campo, la intensidad del esfuerzo físico que realiza cada trabajador.
Por eso, seguir bebiendo agua no siempre permite completar una jornada con seguridad. COAG Murcia recomienda adelantar el comienzo de los trabajos, evitar las actividades físicamente más intensas durante las horas centrales y realizar descansos frecuentes en zonas frescas o a la sombra.
La organización agraria aconseja además evitar trabajar solo cuando las temperaturas son extremas. Mareos, dolor de cabeza, debilidad, calambres o confusión pueden ser las primeras señales de un problema que obliga a detener inmediatamente la actividad y, en los casos graves, solicitar asistencia sanitaria.
El verano de 2026 está haciendo todavía más visible esta adaptación. Junio fue el segundo más cálido registrado en España desde 1961, con una temperatura media 3,2 grados superior al promedio de 1991-2020, mientras julio terminó como el más cálido de la serie, empatado con 2022.
AEMET considera además muy alta la probabilidad de que el trimestre agosto-septiembre-octubre termine dentro del tercil cálido en todo el país. El calor prolongado deja así de ser un episodio puntual para convertirse en una condición que obliga a replantear horarios y organización durante buena parte de la temporada agrícola.
Por eso, los agricultores destacan que las jornadas tradicionales son cada vez más difíciles de mantener durante los episodios extremos. Lo que antes se resolvía madrugando un poco más puede exigir ahora comenzar de noche, detenerse antes y asumir que hay horas en las que continuar trabajando deja de ser razonable.