La Luna bloquea la luz del Sol en este eclipse total.

La Luna bloquea la luz del Sol en este eclipse total. Exploratorium El Androide Libre

Ciencia

Lo que aprendemos del eclipse: la NASA sobrevuela España a 15.000 metros para desvelar los secretos del Sol

Ciudadanos, estudiantes y astrónomos aficionados han participado en experimentos para medir cómo cambia el entorno durante el eclipse.

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Las claves

Las claves

La NASA ha sobrevolado España a 15.000 metros durante el eclipse para estudiar la corona solar con cámaras de alta resolución.

El eclipse ha permitido experimentos únicos sobre la atmósfera, la salud y el comportamiento de humanos y animales, y ha impulsado proyectos de ciencia ciudadana.

La ESA y el Instituto de Astrofísica de Canarias han coordinado redes de telescopios y campañas de medición para mejorar el conocimiento sobre la corona solar y fenómenos asociados.

Se han realizado iniciativas inclusivas y experimentos históricos, como la medición de la desviación de la luz de las estrellas, para ampliar la participación y el alcance científico del evento.

Durante unos minutos, la Luna ha eclipsado por completo al Sol en varios puntos de España y esto no sólo es una rareza histórica, sino también una ocasión perfecta para hacer ciencia.

La completa oscuridad que brinda el eclipse solar total en mitad del día es imposible de replicar en la actualidad con instrumentos de laboratorio y, por eso, este miércoles se han llevado a cabo varios experimentos.

Y estos experimentos han ido más allá de la pura astronomía. España se ha convertido en el epicentro del estudio del Sol, de la atmósfera e, incluso, de la salud y el comportamiento humano y animal.

En el ámbito de la física solar, una de las prioridades ha sido estudiar la corona, que queda visible durante la totalidad y que todavía plantea preguntas fundamentales para los investigadores que analizan su comportamiento.

Entre los objetivos de este trabajo figura analizar la polarización de la luz en la parte más interna de la corona para intentar comprender por qué alcanza temperaturas tan elevadas y su relación con las pulsaciones solares.

La NASA, además, ha participado con un avión de investigación que ha sobrevolado la franja de totalidad a unos 15.000 metros de altura. Ha seguido la sombra de la Luna para tener más tiempo para observar la corona solar.

La campaña de la NASA ha empleado cuatro cámaras de alta resolución que captan al menos 20 imágenes por segundo de la corona, utilizando distintas longitudes de onda de luz visible e infrarroja.

Por su parte, la Agencia Espacial Europea (ESA) también ha aprovechado el eclipse para recopilar datos sobre el Sol y los comparará después con modelos numéricos, comprobando sus predicciones sobre la corona y la estructura de su campo magnético.

Esas observaciones tienen además una utilidad práctica. Una mejor comprensión de la corona puede ayudar a perfeccionar las predicciones sobre tormentas magnéticas capaces de afectar a las telecomunicaciones, los satélites y los sistemas GPS terrestres.

Una rareza en la atmósfera

En España, el proyecto NATE ha marcado el inicio de una red coordinada de telescopios destinada a estudiar la corona solar y a incorporar activamente a ciudadanos en la investigación.

La iniciativa, liderada por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), ha arrancado en Palencia y continuará durante los próximos años en territorios situados dentro de las futuras franjas de totalidad, junto a instituciones internacionales.

Los eclipses también permiten observar cómo responde la atmósfera cuando desaparece de forma repentina la radiación solar. En Cataluña, se han desplegado tres globos sonda para registrar cambios ambientales antes, durante y después.

Las mediciones incluyen temperatura, humedad, presión atmosférica y viento. Además, se han realizado observaciones paralelas en varias ciudades catalanas para estudiar cómo varían esos parámetros según la distancia respecto a la franja de totalidad.

La ciencia ciudadana será otra de las protagonistas. El proyecto FreeDSM permitirá construir pequeños fotómetros con componentes relativamente baratos para medir el brillo del cielo, además de variables como temperatura y humedad.

Durante el eclipse, estos dispositivos han registrado cómo cambia la luminosidad y podrán seguir utilizándose posteriormente para estudiar la contaminación lumínica, incorporando observaciones de aficionados a campañas científicas con voluntarios participantes.

Esa colaboración entre profesionales y astrónomos aficionados tiene una expresión especialmente visible en NATE. Estudiantes, voluntarios y diferentes equipos han utilizado telescopios para observar la corona y poner a prueba instrumentos y procedimientos.

El estudio del eclipse ha llegado también a los seres vivos. El proyecto EcoEclipse va a analizar la actividad acústica de aves y murciélagos antes, durante y después de eclipses ocurridos entre 2026 y 2028.

El influjo en el comportamiento

Las grabaciones permitirán comparar sus vocalizaciones y actividades en torno al fenómeno. La cuestión central será determinar cómo reaccionan los animales ante una oscuridad repentina que puede confundirse con la llegada del atardecer.

Otros observadores van a estudiar también fauna salvaje, especies marinas, animales domésticos, animales de granja y ejemplares de zoológicos durante los momentos clave de estos eclipses para ampliar esa visión entre distintos ecosistemas.

La investigación no se limitará al comportamiento animal. El proyecto SOLARIS analiza por su parte cómo responde el organismo humano ante un eclipse total, utilizando relojes inteligentes y otros dispositivos portátiles de forma anónima.

Se van a recoger datos sobre frecuencia cardíaca y respiración durante los dos días anteriores, la jornada del eclipse y los dos posteriores, con el objetivo de comprobar si existe una huella fisiológica medible.

El eclipse tiene, por supuesto, una dimensión histórica. El Modern Eddington Experiment se ha propuesto reproducir con tecnología actual la medición de la desviación de la luz de las estrellas causada por la gravedad solar.

El experimento recupera una observación realizada por Eddington en 1919, convertida en una de las primeras confirmaciones experimentales de la relatividad general de Einstein mediante el análisis de la posición aparente de las estrellas.

El eclipse de 2026 no ha ofrecido condiciones especialmente favorables para obtener datos muy precisos en esta medición, pero servirá como banco de pruebas para el gran experimento previsto para 2027.

La participación ciudadana ha tenido también una vertiente inclusiva. El proyecto Eclipse Inclusivo ha utilizado dispositivos LightSound capaces de transformar los cambios de intensidad luminosa en sonidos para facilitar la experiencia a personas con discapacidad visual.

Después de la oscuridad han quedado fotografías, espectros, registros atmosféricos, observaciones de la corona y datos obtenidos por ciudadanos. Parte de ese material podrá compararse con eclipses anteriores y futuros.

Las próximas campañas permitirán confrontar esas mediciones con los nuevos eclipses de 2027 y 2028, mientras los archivos históricos conservan documentación de observaciones realizadas desde la segunda mitad del siglo XVIII.