Alberto Tomás, agricultor.

Alberto Tomás, agricultor. E. E.

Ciencia

Alberto, agricultor, 32 años: "Mis amigos no conocían la presión que hay en mi trabajo hasta que empecé a hacer vídeos"

Las redes sociales han permitido a Alberto enseñar a sus amigos una cara de la agricultura que hasta entonces desconocían.

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J. Rodríguez
Publicada
Las claves

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Alberto, agricultor de 32 años, ha mostrado en redes sociales la presión económica y laboral que enfrenta en el campo, desconocida incluso para sus amigos.

Desde muy joven, Alberto tuvo que asumir una deuda de más de 100.000 euros, una situación que condicionó su inicio profesional en la agricultura.

El agricultor defiende que el principal problema para los jóvenes no es la falta de interés por el campo, sino las dificultades económicas y la falta de rentabilidad.

La modernización agrícola y la aparición de nuevas profesiones, como la fontanería agrícola, abren oportunidades para el relevo generacional en el medio rural.

Alberto ha encontrado en las redes sociales una forma de mostrar una realidad del campo que, según explica, durante mucho tiempo permaneció oculta incluso para sus propios amigos.

El agricultor, conocido en redes como Berto, ha contado en el podcast Agrolife cómo fueron sus primeros años profesionales y la enorme presión económica que tuvo que afrontar desde muy joven.

Su experiencia contradice la idea extendida de que los jóvenes simplemente han dejado de interesarse por la agricultura. Para Alberto, el problema está en las dificultades económicas que encuentran quienes intentan incorporarse al sector.

El agricultor recuerda que existen jóvenes con interés por trabajar en el campo, aunque las inversiones necesarias pueden convertir ese deseo en un proyecto difícilmente sostenible antes incluso de empezar.

En su caso, la situación llegó a ser especialmente complicada. Con apenas 20 años, Alberto ya acumulaba una deuda superior a los 100.000 euros, una cantidad que condicionaba completamente su vida profesional.

Un trabajo duro

"Se me ponía un nudo en la garganta cuando veía que con 20 años debía más de 100.000 euros", explica el agricultor al recordar aquella etapa de su vida.

La deuda no era solamente una cifra reflejada en una cuenta bancaria. Para Alberto, comprobar continuamente que debía más de 100.000 euros suponía enfrentarse a una presión constante mientras intentaba sacar adelante su actividad.

Con el tiempo, el agricultor consiguió ir amortizando aquella deuda y reducir progresivamente la tensión que había marcado sus comienzos. Sin embargo, considera que esa realidad continúa siendo desconocida para muchas personas.

Precisamente, las redes sociales le han permitido enseñar una cara menos visible de la agricultura. Alberto explica que sus amigos no conocían realmente la presión que existía en su trabajo hasta que comenzó a publicar vídeos.

Esa exposición también sirve para mostrar que dedicarse al campo implica mucho más que trabajar diariamente con cultivos. Detrás de cada explotación existen inversiones, deudas, decisiones económicas y una importante incertidumbre.

Alberto pone como ejemplo las pequeñas explotaciones, incluidas aquellas que apenas alcanzan cinco hectáreas. Para conseguir que sean rentables, pueden necesitar cultivos que requieren una elevada cantidad de trabajo.

Esta dificultad económica ayuda a explicar por qué algunos jóvenes terminan descartando la agricultura. El problema, según su experiencia, no reside necesariamente en la falta de interés, sino en conseguir que las cuentas funcionen.

El contexto del medio rural tampoco facilita siempre ese relevo generacional. Durante años, numerosos jóvenes han abandonado los pueblos para buscar otras oportunidades laborales, especialmente ante las dificultades para obtener ingresos suficientes.

Pero la modernización del campo también está creando nuevas posibilidades profesionales. Alberto destaca, por ejemplo, la fontanería agrícola, vinculada a la instalación de sistemas de riego automatizados.

Este tipo de actividades pueden abrir nuevas vías laborales en los pueblos y contribuir a mantener población en el medio rural. La agricultura, además, genera profesiones especializadas que van más allá del trabajo tradicional.

Para Alberto, encontrar esos nichos puede ayudar a que más personas desarrollen su futuro profesional en el campo. Sin embargo, la incorporación de jóvenes seguirá dependiendo también de reducir las barreras económicas iniciales.

Su historia refleja así una realidad poco conocida para quienes observan la agricultura desde fuera: detrás de una explotación hay inversiones, responsabilidades y una presión financiera que puede comenzar desde edades muy tempranas.