Imagen del diamante encontrado en Botsuana.

Imagen del diamante encontrado en Botsuana. E.E.

Ciencia

Sudáfrica cambia las normas: el principal productor de diamantes cierra su mina por el auge de las gemas artificiales

El mercado del diamante atraviesa un cambio de era consecuencia de la caída de precios, una menor demanda y el auge de las piezas creadas en laboratorio.

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Las claves

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La mina Venetia, que representa el 40% de la producción anual de diamantes de Sudáfrica, detendrá su actividad durante dos años por la caída de demanda y el auge de los diamantes de laboratorio.

La competencia de las gemas sintéticas, que tienen composición química idéntica pero precios mucho más bajos, está presionando los precios y cambiando los hábitos de consumo.

El Gobierno sudafricano y las grandes compañías mineras buscan diferenciar el valor del diamante natural, pero enfrentan dificultades ante consumidores que priorizan precio y origen ético.

La crisis afecta a países productores como Sudáfrica y Botsuana, que ven reducirse sus ingresos y empleos ligados a la minería de diamantes naturales.

Durante décadas, el diamante natural se apoyó en una promesa casi perfecta: escasez, lujo y permanencia. "Un diamante es para siempre", decía uno de los eslóganes más famosos de la publicidad. Pero el mercado que convirtió esa frase en negocio ya no es el mismo.

El cambio se ve ahora en Sudáfrica. Venetia, la mayor mina de diamantes del país, va a detener su producción durante dos años por la debilidad de la demanda, el aumento de los costes y la presión de las gemas creadas en laboratorio.

De Beers, uno de los nombres que moldearon el negocio mundial del diamante, y creador de ese eslogan, ha decidido pausar la producción en Venetia en un momento de precios débiles, costes elevados y competencia creciente de los diamantes creados en laboratorio.

Es cierto que el movimiento no equivale a un cierre definitivo. La compañía había invertido unos 2.200 millones de dólares para convertir Venetia en una explotación subterránea y prolongar su vida útil hasta mediados de siglo.

El parón no afecta a una mina cualquiera. Venetia concentra alrededor del 40% de la producción anual de diamantes de Sudáfrica, da empleo a unas 3.500 personas y aporta cerca del 10% del volumen de De Beers.

Venetia, la mina del cambio

El consejero delegado de De Beers, Al Cook, alertó de "condiciones desafiantes". La frase señala un cambio profundo: el diamante natural ya no compite solo contra otras joyas, sino contra una alternativa mucho más barata y fabricada en laboratorio.

Durante años, Venetia fue una apuesta de futuro para De Beers en Sudáfrica. La compañía impulsó su paso de la minería a cielo abierto a la explotación subterránea para mantener la actividad durante décadas. Por eso la pausa resulta especialmente significativa.

Esa transición debía sostener la actividad durante décadas. Que un activo de ese tamaño quede en pausa muestra hasta qué punto se ha deteriorado el mercado de diamantes naturales tras años de menor demanda y presión sobre los precios.

Anglo American, propietaria del 85% de De Beers, lleva tiempo intentando desprenderse del negocio de diamantes para concentrarse en otros minerales. La crisis del sector ha terminado llegando al balance de las grandes mineras.

Sudáfrica también ha reaccionado desde el lado institucional. El Gobierno aprobó participar en una iniciativa internacional para promocionar los diamantes naturales y pidió al sector una aportación del 1% de sus ingresos por ventas de diamantes en bruto.

El ministro sudafricano de Minas, Gwede Mantashe, lo expresó con una crudeza poco habitual en el negocio del lujo: los diamantes cultivados en laboratorio “se están comiendo nuestra cena”.

Las gemas de laboratorio han roto el mercado

Los diamantes de laboratorio no son circonitas ni simples imitaciones. Tienen la misma composición química que los naturales, pero su origen es industrial y su precio puede ser muy inferior al de una piedra extraída de la tierra.

Esa diferencia ha cambiado el consumo. Un comprador puede elegir una gema de laboratorio más grande o visualmente muy atractiva por menos dinero. Para muchos jóvenes, el valor emocional del diamante ya no depende tanto de su origen geológico.

El sector de la certificación también ha tenido que adaptarse. El Gemological Institute of America modificó su forma de describir los diamantes de laboratorio y empezó a separarlos con más claridad del lenguaje tradicional usado para los naturales.

La distinción es importante porque dos piedras pueden parecer casi iguales a simple vista. Joyerías, laboratorios y reguladores tratan de que el comprador entienda qué está pagando: origen, rareza, precio y valor de reventa.

El auge de la producción ha añadido otro problema. Las gemas de laboratorio han aumentado la oferta y han presionado los precios, hasta el punto de afectar tanto al diamante natural como al propio negocio sintético.

Durante décadas, el diamante natural se vendió como algo raro, difícil de extraer y geológicamente único. Los laboratorios han alterado ese relato al hacer abundante una piedra que antes dependía de millones de años bajo tierra.

De Beers intentó participar en el segmento de laboratorio con Lightbox, una marca de diamantes sintéticos más baratos. Sin embargo, la caída de precios y la competencia internacional redujeron el atractivo de esa estrategia.

Ahora las grandes firmas vuelven a defender el diamante natural como un producto de origen, rareza y valor emocional. La apuesta pasa por diferenciarlo mejor, no por competir solo en tamaño o precio.

El problema es que esa narrativa tarda en reconstruirse. Para muchos consumidores, pesan más el precio, el aspecto visual y las dudas sobre el origen ético o ambiental que la historia geológica de la piedra.

La pausa de Venetia tiene consecuencias más allá de las joyerías y el conjunto de la industria. Sudáfrica, Botsuana, Namibia o Angola han construido empleo, ingresos públicos e infraestructura alrededor de la minería del diamante natural.

El golpe para los países productores

En Sudáfrica, la producción rondó los 5,8 millones de quilates en 2024 y las ventas del sector cayeron un 21% respecto al año anterior. Ese retroceso explica la urgencia de defender el diamante natural.

Botsuana vive una tensión parecida. Su economía depende en gran medida del diamante y Debswana, la empresa conjunta entre el Gobierno y De Beers, ha tenido que ajustar producción por la debilidad de la demanda.

La respuesta del sector pasa por recortar costes, controlar la oferta y financiar campañas para recordar por qué un diamante natural debería valer más. La principal dificultad está en convencer a un consumidor que ya tiene una alternativa mucho más barata.