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Ciencia

Carolina, electricista: "He visto cableados de hace 70 años pero los clientes no ven el riesgo que hay detrás"

Las revisiones periódicas no solo permiten detectar conexiones defectuosas, sino que también descubren posibles materiales que estén degradados.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

Las claves

Muchas instalaciones eléctricas en viviendas tienen cableados de hasta 70 años, cuyo deterioro permanece oculto y representa un alto riesgo para los ocupantes.

El envejecimiento de conductores y materiales aislantes incrementa la resistencia eléctrica y puede provocar sobrecalentamientos, cortocircuitos e incendios.

Los propietarios suelen desconocer los riesgos y sólo se preocupan cuando los interruptores dejan de funcionar, sin valorar el peligro acumulado por el paso del tiempo.

Expertos recomiendan revisiones periódicas para prevenir averías peligrosas, ya que muchos incendios domésticos tienen origen en instalaciones eléctricas antiguas y mal mantenidas.

Cuando una instalación eléctrica envejece durante décadas, el deterioro permanece oculto tras paredes aparentemente intactas. Sin embargo, la física de los materiales demuestra que el paso del tiempo modifica conductores, aislamientos y conexiones.

Este deterioro incrementa, de manera silenciosa, los riesgos para viviendas y ocupantes. Carolina Marrero, electricista venezolana en España con años de experiencia, asegura haber encontrado cableados de hace 70 años pero los clientes no ven el riesgo que hay detrás.

Muchos propietarios consideran suficiente que los interruptores funcionen, aunque desconocen los procesos físicos que degradan progresivamente los componentes eléctricos desde hace décadas.

El cobre, empleado masivamente en conductores eléctricos, experimenta oxidación superficial, ciclos repetidos de dilatación térmica y pérdidas graduales de contacto.

Cuáles son los riesgos

Estas transformaciones aumentan la resistencia eléctrica, favorecen el calentamiento localizado y elevan significativamente las probabilidades de averías peligrosas domésticas.

Los materiales aislantes tampoco permanecen inalterables. Polímeros utilizados durante generaciones pierden flexibilidad, acumulan microfisuras y reducen su capacidad para soportar tensiones eléctricas.

La combinación entre envejecimiento químico y esfuerzo mecánico facilita cortocircuitos difíciles de anticipar mediante simples inspecciones visuales. Desde la perspectiva de la salud pública, estos procesos trascienden el ámbito doméstico.

Un incendio originado por una instalación deteriorada compromete vidas humanas, afecta comunidades enteras y genera elevados costes sanitarios, sociales y económicos derivados de lesiones, desplazamientos y reconstrucciones posteriores.

La prevención comienza mucho antes de que aparezca humo o salten los dispositivos de protección.

Revisiones periódicas permiten detectar conexiones defectuosas, sobrecalentamientos incipientes y materiales degradados antes de que evolucionen hacia situaciones potencialmente irreversibles para las personas y sus viviendas.

Carolina explica que muchos clientes únicamente perciben el coste inmediato de sustituir una instalación antigua.

Sin embargo, raramente valoran el riesgo acumulado durante décadas, ni comprenden que un cable aparentemente funcional puede esconder un deterioro estructural considerable bajo su aislamiento.

La física de los materiales aporta explicaciones precisas para este fenómeno.

Cada ciclo de calentamiento y enfriamiento modifica lentamente la microestructura metálica, altera uniones mecánicas y acelera procesos de fatiga que permanecen invisibles hasta producir un fallo crítico inesperado en servicio.

Las normativas técnicas evolucionan precisamente porque el conocimiento científico avanza continuamente.

Materiales considerados adecuados hace medio siglo pueden resultar insuficientes frente a las exigencias actuales, donde conviven electrodomésticos más potentes, mayores consumos energéticos y criterios preventivos considerablemente más estrictos para todos.

La concienciación ciudadana representa otro desafío relevante.

Igual que muchas personas aceptan revisiones médicas preventivas, especialistas defienden incorporar una cultura semejante respecto a las instalaciones eléctricas, entendiendo que conservarlas adecuadamente constituye también una medida directa de protección colectiva frente a accidentes evitables.

Expertos en seguridad coinciden en que numerosos incendios domésticos presentan un origen eléctrico.

Aunque las causas específicas varían, el envejecimiento de componentes, unido a mantenimientos insuficientes o reformas inadecuadas, incrementa notablemente la vulnerabilidad de edificios construidos hace varias décadas y que todavía están habitados.