Javier Hurtado, oftalmólogo

Javier Hurtado, oftalmólogo Cedida

Salud

Javier Hurtado, médico: "Si notas arena en tus ojos es muy posible que sea culpa del aire acondicionado"

Las mujeres después de la menopausia y quienes utilizan lentes de contacto suelen notar con más intensidad los ambientes climatizados.

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Las claves

Las claves

El aire acondicionado y los ventiladores pueden provocar sequedad ocular y sensación de arenilla debido a la evaporación acelerada de la lágrima.

El uso de lentillas y la menopausia aumentan la sensibilidad a la sequedad y las molestias en los ojos durante el verano.

Para prevenir irritaciones, se recomienda evitar la exposición directa al chorro de aire, utilizar lágrimas artificiales y realizar pausas frecuentes frente a pantallas.

En piscinas y playas, el cloro, la arena y la crema solar pueden irritar los ojos; el uso de gafas de natación y evitar frotarse los ojos ayudan a prevenir problemas.

En verano, basta con pasar unas horas bajo el aire acondicionado para empezar a parpadear más, notar picor y sentir como si hubiera arena bajo los párpados. El aire seco y la corriente directa suelen estar detrás de esa molestia.

El oftalmólogo Javier Hurtado habló de este problema en el programa Y ahora Sonsoles, de Antena 3. Las corrientes del aire acondicionado y los ventiladores, explicó, favorecen que el ojo se seque. "Parece una tontería, pero generan una sensación de arenilla".

Esa sensación suele encajar con el ojo seco y no siempre apunta a una conjuntivitis. También pueden aparecer escozor, quemazón, lagrimeo, cansancio ocular o episodios de visión borrosa.

En esa línea, el Hospital Clínic de Barcelona señala que el ambiente influye mucho en estos síntomas. El aire acondicionado, la calefacción, el viento y los espacios cargados de humo pueden hacer que las molestias aparezcan o se intensifiquen.

La superficie del ojo está cubierta por una fina película lagrimal que la protege y mantiene lubricada. Cuando recibe una corriente de aire constante, la lágrima se evapora con mayor rapidez, la superficie ocular queda peor lubricada y deja algunas zonas menos protegidas. De ahí viene esa impresión de tener algo dentro y que el parpadeo resulte más molesto.

Lentillas y menopausia aumentan las molestias

Es cierto que el ojo, a veces, puede empezar a lagrimear como una respuesta defensiva a la irritación. Sin embargo, esas lágrimas reflejas no siempre tienen la composición necesaria para recuperar una lubricación estable y mejorar la sensación.

La molestia suele empeorar cuando el chorro da directamente en la cara. Hurtado aconseja apartarse de la corriente, orientar las rejillas hacia otra zona y evitar que el ventilador o el aire apunten durante horas a los ojos.

Parpadear con frecuencia también ayuda, especialmente cuando se trabaja con pantallas. El Hospital Clínic recomienda hacer pausas breves y mirar a lo lejos cada cierto tiempo para reducir la evaporación y el cansancio ocular.

Las personas que utilizan lentes de contacto pueden notar antes la sequedad. Hurtado señaló que las lentillas favorecen estas molestias, especialmente cuando se combinan con muchas horas de uso, calor y corrientes de aire.

El Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas recoge una recomendación similar. Ana Belén Cisneros, del Colegio de Castilla y León, aconseja utilizar "lágrimas artificiales humectantes" para aliviar la sequedad provocada por el calor y el aire acondicionado.

Conviene elegir las gotas con asesoramiento profesional, sobre todo cuando se utilizan lentillas o ya existe alguna enfermedad ocular. Una molestia que se repite puede requerir algo más que lubricación puntual.

Hurtado también destacó que la sequedad ocular puede aumentar durante y después de la menopausia. El Hospital Clínic explica que los cambios hormonales pueden reducir la producción de distintos componentes de la lágrima.

La respuesta cambia de una mujer a otra, aunque algunas pueden volverse más sensibles al aire acondicionado, las pantallas, las lentes de contacto o los ambientes con poca humedad.

El agua, la arena y las lentillas

La piscina y la playa añaden otras fuentes de irritación durante el verano. El cloro puede molestar en la superficie ocular, mientras que la arena, la crema solar y otros productos pueden provocar picor, enrojecimiento o sensación de roce.

Cuando entra arena, cada parpadeo puede desplazar las partículas sobre la superficie del ojo. Frotarse suele aumentar la irritación, por lo que conviene evitar tocarse con las manos y aclarar el ojo con agua limpia o suero fisiológico.

Hurtado recomienda utilizar gafas de natación o de buceo para reducir el contacto directo con el agua. Según explicó en el programa, protegen frente a la irritación y cobran especial importancia entre quienes usan lentes de contacto.

El Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas aconseja que las lentillas no entren en contacto con el agua, tampoco durante la ducha. Si se utilizan en el mar o la piscina, las gafas de natación reducen el riesgo, aunque la opción más segura es bañarse sin ellas.

La conjuntivitis puede tener un origen vírico, bacteriano, alérgico o irritativo. Un ojo rojo después de la piscina no tiene por qué estar infectado, pero la presencia de secreciones abundantes, dolor o visión borrosa merece una valoración profesional.

Si la sensación de arenilla desaparece al apartarse del chorro, puede tratarse de una molestia puntual. Cuando se repite a diario, dificulta el uso de lentillas o afecta a la visión, conviene pedir una revisión.

El Hospital Gregorio Marañón diferencia la sequedad leve de otros cuadros que requieren más atención. El dolor intenso, la fotofobia, la dificultad para abrir el ojo o una inflamación marcada pueden indicar una complicación.

Los usuarios de lentillas deben prestar especial atención al dolor agudo acompañado de ojo rojo y pérdida de visión. Algunas infecciones de la córnea pueden avanzar con rapidez y necesitan una valoración oftalmológica temprana.