Un gato.

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Ciencia

Los veterinarios coinciden: la memoria de los gatos está marcada por la asiduidad con la que salen a la calle

La manera de comportarse de los felinos es totalmente diferente a la de los perros, ya que suelen ser más independientes en sus aventuras.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

Las claves

La memoria de los gatos se ve influida por la frecuencia con la que salen a la calle y exploran su entorno.

Explorar el exterior permite a los gatos actualizar su conocimiento sobre olores, sonidos, rutas y amenazas, ampliando sus experiencias.

Un entorno doméstico enriquecido puede suplir la falta de salidas, ofreciendo estímulos físicos, sensoriales y sociales necesarios para su bienestar.

El equilibrio entre seguridad y estimulación es clave: la frecuencia de exploración determina las oportunidades de aprendizaje, pero el bienestar depende del entorno y la adaptación de cada gato.

Los gatos no recuerdan el mundo exterior como una simple colección de escenas. Su experiencia se construye también con olores, sonidos, recorridos y rutinas. Y la frecuencia con la que exploran puede determinar qué información incorporan sobre su entorno.

Esta relación entre ambiente y comportamiento aparece en una revisión publicada en Applied Animal Behaviour Science. Irene Rochlitz analizó las necesidades de alojamiento de los gatos domésticos y planteó también cómo evaluar su bienestar dentro del hogar.

El trabajo propone cinco grandes ámbitos: alimentación y agua adecuadas, un entorno apropiado, atención sanitaria, oportunidades para expresar conductas normales y protección frente al miedo y el estrés. En todos ellos, el propio ambiente desempeña un papel especialmente relevante.

Para un gato que sale habitualmente, cada recorrido añade información. Cambian los olores, aparecen sonidos nuevos, se modifican las superficies y existen escondites, amenazas, animales y rutas diferentes.

Más oportunidades para aprender

La exploración repetida permite actualizar continuamente su representación espacial del entorno. Por eso, salir más no significa necesariamente tener una memoria mejor.

Significa disponer de más oportunidades para aprender sobre distintos lugares. Un gato que sale diariamente puede reconocer caminos, zonas seguras, olores familiares y posibles amenazas con mayor frecuencia.

En cambio, un gato que nunca sale concentra su experiencia en la vivienda. Eso no implica necesariamente un problema. Según la revisión, muchos animales pueden adaptarse a la vida interior si el entorno está enriquecido desde pequeño en casa.

La cuestión aparece cuando ese interior resulta pobre, monótono y predecible. Rochlitz señala que el confinamiento puede reducir las oportunidades de expresar conductas normales y favorecer aburrimiento, inactividad o estrés si no existen suficientes estímulos físicos, sensoriales y sociales.

Un hogar adecuado, por tanto, no se mide únicamente por sus metros cuadrados. Además, los gatos necesitan lugares elevados, plataformas, estanterías, ventanas, escondites y zonas de descanso. Estos elementos amplían las posibilidades de observar, explorar y controlar su territorio.

También son importantes actividades que permitan reproducir comportamientos propios de la especie. Rascar, acechar, trepar, olfatear, perseguir objetos o esconderse no son simples entretenimientos: forman parte del repertorio conductual natural del gato y contribuyen a mantenerlo activo.

La calle proporciona una variedad ambiental difícil de igualar, pero también expone al animal a atropellos, peleas, enfermedades infecciosas, intoxicaciones, ataques de otros animales, robos, pérdidas y otros incidentes que pueden comprometer seriamente su bienestar físico y psicológico global.

El interior, en cambio, reduce muchos de esos riesgos, aunque puede presentar otros. La falta de actividad y estímulos puede relacionarse con sedentarismo, obesidad, aburrimiento o problemas de conducta, especialmente cuando el ambiente doméstico no responde a sus necesidades.

También importa la historia individual. Un gato acostumbrado desde pequeño a permanecer dentro puede desenvolverse en ese contexto, mientras que otro que ha explorado durante años podría experimentar dificultades ante un confinamiento repentino. La adaptación depende de cada animal.

Así, la memoria felina no depende simplemente de salir o quedarse en casa. La frecuencia de exploración condiciona las experiencias disponibles, aunque el bienestar exige equilibrio: un entorno seguro, estimulante y adaptado a las necesidades concretas de cada gato.