El lenguaje del miedo en el hogar.

El lenguaje del miedo en el hogar. Istock

Ciencia

Los veterinarios lo confirman: los bufidos de los gatos no son siempre ataques, sino una muestra de miedo

Los bufidos y gruñidos felinos son, en muchas ocasiones, advertencias de miedo y no ataques espontáneos, según han confirmado los expertos.

Más información: Carlos Gutiérrez, veterinario: "Los gatos que atacan sin motivo en realidad expresan que no les gusta su entorno".

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Las claves

Las claves

Los bufidos y gruñidos de los gatos son respuestas defensivas ante el miedo y no ataques espontáneos.

Antes de bufar, los gatos suelen mostrar señales corporales como orejas hacia atrás, rigidez y evitar la mirada.

Castigar a un gato por bufar es contraproducente y aumenta su ansiedad y el riesgo de reacciones defensivas.

Los expertos recomiendan mantener la calma, evitar el contacto visual y dar espacio al gato para reducir el estrés.

Los bufidos y gruñidos de los gatos no constituyen actos de agresión espontánea, sino que son herramientas de comunicación esenciales para su supervivencia. Veterinarios y especialistas en comportamiento animal confirman que estos sonidos representan una respuesta defensiva ante situaciones que los gatos perciben como una amenaza directa.

Cuando un gato emite estos ruidos está manifestando que se siente profundamente asustado, estresado o acorralado por su entorno. La ciencia veterinaria destaca que el ataque físico es siempre el último recurso para un gato, ya que estos animales prefieren evitar el conflicto directo para no resultar heridos.

Antes de llegar al famoso bufido, el animal suele enviar múltiples señales corporales que los humanos a menudo pasan por alto. El desvío de la mirada, las orejas aplanadas hacia atrás, la rigidez corporal y el movimiento rápido y tenso de la cola son los avisos sutiles que preceden a la vocalización de alerta.

Uno de los errores más comunes entre los cuidadores es interpretar esta conducta como un acto de malicia o rebeldía, lo que suele derivar en castigos erróneos. Los expertos consideran que castigar a un gato por ese estado es completamente contraproducente, porque valida el miedo del animal y eleva sus niveles de ansiedad.

El error del castigo

En lugar de mitigar el problema, la confrontación rompe el vínculo de confianza con el propietario y aumenta drásticamente las probabilidades de recibir un arañazo o una mordedura defensiva, puesto que el animal se siente un tanto acorralado.

Para gestionar correctamente estas situaciones, que realmente son un poco complicadas, los especialistas recomiendan mantener la calma, evitar el contacto visual directo y otorgar al gato un espacio seguro para retirarse.

La clave para una convivencia armónica radica en identificar el detonante del estrés, que puede variar desde la presencia de extraños y ruidos fuertes hasta dolores físicos agudos ocultos. A su vez, también hay que respetar los límites territoriales y el espacio personal del gato, algo fundamental para reducir la ansiedad y garantizar la seguridad del mismo.

Interpretar este tipo de señales y significados del comportamiento felino a veces no es fácil, pero es necesario hacerlo para que todos los miembros de la familia estén cómodos en casa, máxime teniendo en cuenta que nuestra actitud puede acabar generando un fuerte estrés en las mascotas si no sabemos leer bien lo que intentan transmitirnos.

En este caso, lo ideal es dar un poco de espacio a nuestro gato para que mantenga esos límites de territorio y no se sienta, en ningún caso, presionado.