Imagen de archivo de una mujer siendo atendida por una enfermera.

Imagen de archivo de una mujer siendo atendida por una enfermera. Infosalus

Ciencia

Adriana, enfermera a domicilio: "En España la red de apoyo social sigue siendo deficitaria y recae en la familia"

Aunque la atención domiciliaria es uno de los pilares básicos de la Atención Primaria en España, la realidad es que aún hoy en día sigue sufriendo significativas carencias.

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Las claves

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La red de apoyo social en España sigue siendo insuficiente y el cuidado domiciliario recae principalmente en las familias.

La enfermería de atención primaria detecta necesidades invisibles en la consulta, como la soledad, el estado del cuidador y barreras en el hogar.

La soledad y el aislamiento social han sido reconocidos por la OMS como problemas de salud pública con graves consecuencias físicas y mentales.

El éxito de la atención domiciliaria depende de una red de apoyo multidisciplinar y recursos accesibles; sin ellos, el domicilio pierde seguridad.

La entrada de una casa suele decir mucho sobre la persona que la habita; más si cabe si se trata de un paciente en seguimiento por Atención Primaria: un andador en el recibidor, una mesa llena de pastilleros, una nevera casi vacía, la presencia de un cuidador o bien la de los hijos del propio paciente.

O, en muchas ocasiones, ningún tipo de acompañamiento. Todos estos datos son información clave para el profesional médico que visitará y controlará al paciente.

Adriana Díaz Ruiz, enfermera de Atención Primaria en Málaga con más de tres décadas de experiencia, conoce bien esta realidad, como lo describió en la web del Colegio de Enfermería de Málaga, donde resumió muchas de las grietas que aún posee nuestro sistema sanitario actual.

Como explicaba Díaz Ruiz: "En nuestra sociedad, actualmente, la red de apoyo social continúa siendo deficitaria, las prestaciones de cuidados en domicilio siguen recayendo fundamentalmente en la familia, es decir, en el colectivo de cuidadores no formales".

Cuáles son las carencias

Y no se trata de una afirmación menor ni de una simple opinión, sino de una realidad que afecta a todo nuestro país y su modelo de dependencia. La atención domiciliaria no es una versión cómoda de la consulta. Se trata de otra forma de hacer medicina o, más bien, de otra forma de cuidado.

En casa se ve lo que en el centro de salud no siempre es posible ver o siquiera intuir: si el paciente puede ducharse, si sabe usar medicaciones como la insulina, si entiende los tratamientos, si come bien, qué barreras arquitectónicas pueden obstaculizar su día a día o si su cuidador se encuentra al límite.

La visita domiciliaria convierte el domicilio en una extensión de la consulta, pero también es una extensión social. Por ello la enfermería comunitaria posee un papel difícil de sustituir.

No solo se trata de curar heridas, revisar úlceras, controlar constantes o realizar educación sanitaria, sino también de traducir necesidades.

Enfermería detecta de forma precoz cuándo una caída no solo es una caída, sino el principio de una pérdida de autonomía; o cuándo el cuidador agotado empieza a enfermar, y todo el potencial efecto dominó que eso puede provocar.

Enfermería es el primer grupo sanitario capaz de detectar cuándo la soledad empieza a ser un factor de riesgo para la salud del paciente. De hecho, la evidencia científica lleva años avisando sobre este factor olvidado.

La propia Organización Mundial de la Salud ya ha situado la soledad y el aislamiento social como un problema prioritario de salud pública, con impacto sobre la salud física, mental, la calidad de vida y la supervivencia.

En 2025, la Comisión sobre Conexión Social insistió en que la conexión social debe tratarse con la misma seriedad que otros determinantes de salud. En personas mayores, el apoyo social no es un mero complemento sentimental, sino una variable clínica a tener en cuenta.

En nuestro país, una revisión sistemática publicada en la Revista Española de Salud Pública también ha subrayado que la soledad en la vejez se relaciona con mayor riesgo de depresión, ansiedad, insomnio, deterioro funcional y enfermedad cardiovascular; por su parte, el apoyo social (familiar, vecinal, comunitario y profesional) sería un claro factor protector.

Paradójicamente, se le solicita a las familias que sostengan el cuidado cotidiano, emocional, económico y logístico de sus familiares mientras el envejecimiento, la precariedad laboral, los hogares pequeños y las distancias geográficas reducen su capacidad real para otorgar estos cuidados.

Como resultado, tenemos pacientes que quieren permanecer en casa, familiares que quieren pero no pueden cuidar, profesionales que intentan coordinar los escasos recursos disponibles y un sistema que falla por todas partes.

Por todo ello, el mensaje de Adriana no debería leerse como una queja, sino como una advertencia. La atención domiciliaria funciona bien cuando hay una correcta red de apoyo multidisciplinar: enfermería comunitaria, medicina familiar, trabajo social, fisioterapia, ayudas a domicilio, cuidadores formados, vecinos atentos y recursos comunitarios disponibles y accesibles. Si la red falla, la casa deja de ser un lugar seguro.