Vivir bien en soltería no implica aislarse, sino sentirse capaz de gestionar la propia existencia.

Vivir bien en soltería no implica aislarse, sino sentirse capaz de gestionar la propia existencia. iStock

Ciencia

Los psicólogos coinciden: la soltería a partir de los 40 años potencia el control absoluto sobre tu propia vida

Aunque se suele ver la soltería en la mediana edad como una falta de estabilidad emocional, la realidad es que también posee sus ventajas.

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Las claves

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La psicología actual destaca que la soltería a partir de los 40 años puede potenciar la autonomía y el control sobre la propia vida.

Un estudio revela que la satisfacción en la soltería depende de la autonomía, la competencia personal y la conexión social, no solo de tener pareja.

Las personas solteras que mantienen relaciones sociales ricas y se sienten competentes gestionando su vida experimentan mayor bienestar.

El motivo de la soltería influye en su vivencia: quienes la asocian a libertad personal muestran mayor satisfacción que quienes la perciben como una imposición.

Durante décadas, la soltería se ha contado casi siempre como una "falta": falta de pareja, falta de proyecto compartido, falta de estabilidad psicológica o incluso falta de madurez emocional. Sin embargo, la psicología actual está empezando a cambiar el foco sobre este proceso.

Ya no se trata tan solo de si las personas solteras son más o menos felices en comparación a quienes sí tienen pareja, sino algo más profundo: qué hace que algunas personas vivan la soltería como algo pleno, elegido y psicológicamente saludable.

Precisamente en ese punto se ha focalizado un reciente estudio publicado en Personal Relationships, en el cual se ha analizado a personas solteras de diferentes perfiles, incluyendo adultos con una edad media cercana a los 53 años y una larga trayectoria sin pareja estable.

El resultado del estudio es revelador, dado que cambia el paradigma habitual sobre la soltería: la buena vida en soltería no depende del hecho de tener pareja o no, sino de la percepción de la persona sobre tres pilares psicológicos básicos: autonomía, competencia y conexión con los demás.

Gestionar la propia existencia

Por un lado, la autonomía sobre la propia vida no implica hacer siempre lo que uno quiere sin contar con nadie, sino se trata de sentir que las decisiones importantes, tales como dónde vivir, cómo organizar el tiempo, con quién relacionarse o qué proyectos priorizar, no están dictadas por la presión social o por el miedo a quedarse atrás.

A partir de los 40 años, esta sensación puede llegar a ser especialmente potente; tras el paso de cuatro décadas, muchas personas han atravesado relaciones, rupturas, duelos, cambios laborales o familiares, y empiezan a distinguir con más claridad entre lo que desean y lo que simplemente se esperaba de ellas.

Por otro lado está la competencia. Recordemos que vivir bien en soltería no implica aislarse, sino sentirse capaz de gestionar la propia existencia: la economía cotidiana, la salud, la casa, el ocio, los vínculos y especialmente los imprevistos.

Esta competencia refuerza la autoestima porque convierte la independencia en algo práctico y no solo emocional. La persona no tiene por qué sentirse "sola", sino, valga la redundancia, "competente". Y esa diferencia, a nivel psicológico, es enorme.

Finalmente, está la conexión con los demás. Este punto es clave, dado que desmonta uno de los típicos tópicos, como el hecho de que soltería es sinónimo de soledad.

En el estudio, los autores detectaron que las personas solteras que se sienten conectadas, cuidadas y socialmente integradas viven mejor su situación. Tener pareja no es la única forma de satisfacer la necesidad humana de pertenencia.

Las amistades, la familia, los compañeros de trabajo, los grupos de aficiones, el voluntariado o incluso los vínculos vecinales o comunitarios pueden sostener una vida afectiva rica y protectora.

Pero, además, el estudio también detectó que el estilo de apego importa: las personas con mayor ansiedad de apego, es decir, con más miedo al rechazo, el abandono o a no ser elegidas, tendían a presentar más síntomas depresivos y menor satisfacción con la soltería.

Sin embargo, esto no significa que estén "condenadas" a sufrir por no tener pareja, sino que la soltería puede activar heridas emocionales previas si se interpreta como prueba de falta de valor personal.

Asimismo, cabe destacar que los motivos para estar soltero también cuentan. Para quienes vinculan su soltería con la libertad personal, esta situación se acompañaba de mayor satisfacción.

En cambio, quienes vivían la soltería como consecuencia de barreras, heridas de relaciones anteriores o sensación de incapacidad, la soltería se asociaba con mayor sufrimiento emocional. En resumidas cuentas, no sería lo mismo estar soltero por elección que sentirse atrapado en esta situación de forma involuntaria.

Como conclusión, los autores explican que estar soltero no tiene por qué ser mejor que estar en pareja, pero tener pareja no tiene por qué restar libertad por definición. En una relación sana también es posible poseer autonomía, seguridad y crecimiento.

Sin embargo, la soltería no debe entenderse como una "sala de espera" hasta que llegue alguien, sino como otra forma de vida adulta más.