Vista de la presa de Almendra, la de mayor caída de España y con el tercer embalse de mayor capacidad del país.

Vista de la presa de Almendra, la de mayor caída de España y con el tercer embalse de mayor capacidad del país. EFE Mariam A. Montesinos

Ciencia

El embalse español que está al 90% de su capacidad y alerta de un peligro: por qué la sequía se gesta en los años lluviosos

Los datos actuales muestran que la suma de consumo elevado y cambios climáticos intensifica esta trampa de la abundancia.

Más información: Francia da una lección a España: pide que se prepare porque la corriente atlántica está a punto de colapsar

P. G. Santos
Publicada
Las claves

Las claves

El embalse de Almendra, en Salamanca y Zamora, está al 90,37% de su capacidad, muy por encima de la media de la última década.

Expertos alertan que la sequía no se origina en los años secos, sino durante periodos de abundancia de lluvias, cuando se incrementa el consumo hídrico.

El aumento de concesiones de agua y expansión de regadíos y urbanizaciones en años lluviosos genera una demanda permanente difícil de reducir en épocas secas.

Científicos piden ajustar el consumo y la planificación hidrológica a los años más secos para asegurar la sostenibilidad hídrica a largo plazo.

No hay duda de que España cuenta con una amplia red de embalses. Algunos de ellos superan incluso los 2.500 hm³, como es el caso del embalse de Almendra, ubicado en el río Tormes y con una capacidad de 2.649 hm³.

Con datos de principios de mayo, esta presa que se localiza en la parte occidental de las provincias de Salamanca y Zamora se encuentra al 90,37%. Un porcentaje considerable si se compara con la media de los últimos 10 años, que no llegaba siquiera al 70%.

Su capacidad coincide con la situación en la que se encuentran el resto de embalses españoles; en su conjunto, los de uso consuntivo (aquellos cuyo fin es el consumo humano y la agricultura) están al 82,5%.

Pese a estas buenas cifras, los expertos permanecen preocupados ante el posible riesgo de sequía que puede experimentar nuestro país. Y es que la imagen de los embalses llenos siempre suele transmitir una falsa sensación de seguridad hídrica permanente.

Paradoja de las lluvias

Sin embargo, los expertos advierten que las peores sequías no nacen por la falta de precipitaciones, sino durante estas épocas de aparente abundancia.

Cuando llueve intensamente y nuestras reservas superficiales superan sus promedios históricos, las administraciones tienden a otorgar nuevas concesiones hídricas.

Este optimismo institucional fomenta la rápida expansión del regadío intensivo y autoriza nuevos desarrollos urbanísticos que consumen más recursos diarios. El verdadero problema surge porque estas demandas recientemente consolidadas se vuelven estructurales e imposibles de revertir.

Las hectáreas agrícolas recién plantadas y los complejos turísticos recién inaugurados necesitarán exactamente la misma cantidad de agua durante todos los años venideros. España es un país caracterizado por una marcada variabilidad climática natural que intercala periodos secos.

Tarde o temprano las precipitaciones disminuyen drásticamente, pero el nivel de consumo autorizado durante los años de bonanza meteorológica se mantiene siempre muy alto.

Aquí radica la paradoja fundamental descrita recientemente por numerosos hidrólogos y geógrafos de todo nuestro país. La escasez actual no responde exclusivamente al cambio climático global, sino a una gestión temeraria basada en expectativas de lluvias continuas e irreales.

El ciclo político suele ser mucho más corto que el complejo ciclo hidrológico de nuestra naturaleza. Los gestores públicos aprueban infraestructuras expansivas buscando rentabilidad económica inmediata sin calcular cómo abastecerlas cuando inevitablemente vuelva a presentarse otro ciclo seco prolongado.

Convertir secanos tradicionales en grandes regadíos modernos implica multiplicar significativamente la demanda de nuestros valiosos acuíferos.

Esta transformación agraria, fomentada en años húmedos mediante generosas subvenciones públicas, acaba sobreexplotando ecosistemas vulnerables que después colapsan ante la menor sequía estival.

Debemos entender finalmente que cada gota asignada durante periodos de lluvias abundantes es una gota que faltará drásticamente mañana.

Las políticas de planificación hidrológica necesitan abandonar el triunfalismo inmediato para adoptar perspectivas científicas basadas en la escasez hídrica estructural.

Científicos, como el profesor de la Universidad Politécnica de Madrid Jorge Rodríguez-Chueca en este artículo de The Conversation, exigen un cambio radical hacia modelos donde la demanda se adapte a los años más secos posibles.

Solo ajustando nuestro consumo a esos umbrales mínimos garantizaremos una verdadera seguridad frente a las graves crisis climáticas del futuro.