La AMOC es un sistema de corrientes del Atlántico que lleva agua cálida hacia el norte en superficie y devuelve agua fría hacia el sur.

La AMOC es un sistema de corrientes del Atlántico que lleva agua cálida hacia el norte en superficie y devuelve agua fría hacia el sur. Gisela Winckler

Ciencia

Francia da una lección a España: pide que se prepare porque la corriente atlántica está a punto de colapsar

Durante décadas, se pensaba que las corrientes oceánicas eran intocables e imposibles de colapsar. Pero la realidad es diferente.

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Las claves

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La circulación meridional del Atlántico (AMOC), clave para el clima global, podría estar cerca del colapso según nuevos modelos climáticos.

El colapso de la AMOC tendría consecuencias graves como descenso de temperaturas en el norte de Europa, sequías en el sur y alteración de los monzones.

Francia ya incluye el posible colapso de la corriente atlántica en su planificación climática, mientras que España sigue centrada en reducción de emisiones.

El debilitamiento de la AMOC podría aumentar la sequía en la península ibérica, un problema especialmente preocupante para España.

Durante las últimas décadas, la idea de que las grandes corrientes oceánicas pudiesen llegar a colapsar sonaba a ciencia ficción. Sin embargo, los tiempos cambian, y hoy en día disponemos de más y mejores datos.

De hecho, la comunidad científica está empezando a hablar con un lenguaje mucho más contundente: uno de los sistemas clave para regular el clima a nivel global, la circulación meridional del Atlántico (AMOC), podría estar cerca del temido colapso.

Los nuevos modelos climáticos predicen una mayor desaceleración con más realismo, y este hallazgo ha empezado a preocupar seriamente a los investigadores, dado que el colapso de esta corriente tendría consecuencias catastróficas para Europa, África y América.

Y algunos países, como Francia, ya se lo están tomando en serio.

Alternativa para regular el clima

La AMOC funciona como una especie de gigantesca cinta transportadora oceánica: lleva agua cálida desde los trópicos hacia el norte del océano Atlántico y devuelve agua fría hacia el sur. Este mecanismo es crucial para suavizar el clima europeo.

De hecho, sin esta corriente, Europa sería mucho más fría. Pero los efectos de un potencial colapso no afectarían solo a nuestro continente, dado que el sistema influye en las lluvias tropicales, la productividad marina e incluso el almacenamiento del CO₂ en los océanos.

El nuevo estudio publicado en Science Advances cambia el panorama, dado que se han usado datos reales combinados con modelos avanzados, llegando a la conclusión de que los escenarios más pesimistas son, a su vez, los más probables.

Específicamente, se estima una desaceleración del 42% al 58% para finales de siglo, siendo una estimación muy superior a previsiones previas. Sin embargo, lo verdaderamente relevante no es el debilitamiento de esta corriente, sino más bien que su probabilidad de colapso podría superar el 50%. Ya no es un escenario recóndito, sino bastante plausible.

De hecho, hasta hace pocos años, los expertos consideraban el colapso improbable antes del año 2100. Sin embargo, el nivel de incertidumbre actual se ha reducido, llegando a conclusiones significativamente peores que antaño.

Cabe destacar que no hablamos de una parada instantánea de la corriente oceánica de un día para otro, sino de llegar a un punto de no retorno a partir del cual todo el sistema climático del planeta perdería estabilidad y cambiaría profundamente.

Entre algunas de sus consecuencias estarían:

- El descenso de temperaturas en el norte de Europa.

- Sequías intensas en el sur de Europa (incluida la península ibérica).

- Alteración de los monzones y las lluvias tropicales.

- Aumento del nivel del mar en el océano Atlántico.

- Impacto sobre ecosistemas y producción alimentaria.

- Menor capacidad del océano para absorber CO₂, potenciando y amplificando el calentamiento global.

Lo interesante del estudio no es solo sus drásticas conclusiones, sino la necesidad de una respuesta política.

En este aspecto, Francia ya ha empezado a introducir este riesgo de colapso en su planificación climática, planteando la necesidad de prepararse ante escenarios abruptos, incluyendo la adaptación de infraestructuras, previsión agrícola y revisión de riesgos climáticos extremos.

En otras palabras, asumir que ciertos cambios podrían no ser graduales, sino rápidos y devastadores.

España, sin embargo, sigue centrando gran parte de su discurso climático en la reducción de emisiones, y no tanto en la necesidad de adaptación para escenarios extremos.

Sin embargo, nuestro país en particular sería especialmente vulnerable en este escenario, dado que un debilitamiento de la AMOC podría traducirse en menos precipitaciones en el sur de Europa, amplificando un problema ya conocido por nuestras tierras: la sequía y la escasez hídrica.

Por el momento, no todos los científicos coinciden en el grado de riesgo de colapso. Algunos subrayan que hablamos más de un debilitamiento severo que de un colapso total para finales de siglo.

Sin embargo, incluso en ese escenario "moderado", las consecuencias serían relevantes. Actualmente ya no se discute si la corriente oceánica se debilita o no, dado que se ha aceptado ampliamente que es así; actualmente solo queda saber cuándo se producirá el posible colapso.