El pueblo medieval que esconde una cueva Patrimonio de la Humanidad con arte rupestre de hace más de 22.000 años

El pueblo medieval que esconde una cueva Patrimonio de la Humanidad con arte rupestre de hace más de 22.000 años

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El pueblo medieval que esconde una cueva Patrimonio de la Humanidad con arte rupestre de hace más de 22.000 años

Santillana del Mar combina medievo y un salto a la prehistoria: a minutos está Altamira, Patrimonio UNESCO, con arte rupestre de miles de años.

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Las claves

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Santillana del Mar, en Cantabria, es una villa medieval famosa por su patrimonio arquitectónico y su ambiente histórico.

A pocos minutos de la villa se encuentra la cueva de Altamira, Patrimonio de la Humanidad y uno de los principales referentes del arte rupestre paleolítico europeo.

La cueva de Altamira conserva pinturas rupestres de entre 35.000 y 11.000 años de antigüedad, siendo un símbolo del arte prehistórico.

La visita a Santillana del Mar permite disfrutar tanto de su casco histórico como del Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, que amplía la experiencia cultural del viajero.

Hay pueblos españoles que parecen detenidos en la Edad Media y, aun así, esconden una historia muchísimo más antigua que sus calles empedradas. Santillana del Mar, en Cantabria, es uno de esos casos: una villa monumental muy reconocible cuya gran sorpresa está a apenas unos minutos, en Altamira.

La fuerza del lugar está en esa doble escala temporal. Por un lado, conserva una imagen medieval potentísima, articulada en torno a la colegiata de Santa Juliana, una de las grandes joyas del románico cántabro, con su claustro y su peso histórico dentro del origen de la villa.

Por otro, su entorno inmediato alberga uno de los nombres mayores de la prehistoria europea. La cueva de Altamira forma parte del sitio UNESCO “Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del norte de España”, un conjunto que reúne 18 cavidades decoradas y que ilustra el desarrollo del arte humano durante el Paleolítico superior.

Un centro histórico concentrado

Ahí está la clave. Quien llega pensando en un pueblo bonito se encuentra además con una de las cuevas más célebres del arte rupestre del continente. La UNESCO sitúa la cronología del conjunto entre unos 35.000 y 11.000 años antes del presente, así que hablar de arte de más de 22.000 años en Altamira no solo es correcto, sino incluso conservador.

Altamira, además, no es una cueva cualquiera dentro de ese mapa. El Ministerio de Cultura la presenta como Patrimonio Mundial desde 1985 y como uno de los grandes símbolos del arte paleolítico, mientras que el Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira ayuda a entender por qué su nombre terminó convertido casi en sinónimo de pintura rupestre.

Eso cambia por completo la lectura sobre la importancia de esta localidad. La villa no funciona solo por sus calles de piedra, sus casonas y su aire histórico, sino porque a ese paisaje medieval se le superpone una segunda capa mucho más profunda: la de un territorio que conserva una de las expresiones artísticas más antiguas y decisivas de la humanidad.

También influye mucho la forma en que se vive la visita. Santillana se recorre con facilidad a pie, en un casco histórico muy concentrado, mientras el museo de Altamira y la neocueva aparecen como una extensión cultural inmediata, muy próxima y perfectamente integrada en la experiencia del viaje.

Al final, encaja perfectamente en esa idea de destino que parece una cosa y termina siendo algo mucho más grande. Sí, es una de las villas históricas más conocidas del norte de España. Pero también es la puerta de entrada a Altamira, un enclave que conecta el paseo medieval con algunos de los capítulos más remotos del arte humano.