El presidente chino Xi Jinping.

El presidente chino Xi Jinping. Jessica Lee Reuters

Ciencia

China 'copia' el vino español: hacen su propio tempranillo de esta forma en climas que descienden hasta los -30ºC

La expansión del vino chino convive con prejuicios en Europa, donde su precio y calidad cuestionan la idea de que sea una simple imitación barata.

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J. Rodríguez
Publicada
Las claves

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China desarrolla su propia industria vinícola, adaptando variedades europeas como el tempranillo a climas extremos que alcanzan los -30 ºC.

Los viticultores chinos emplean técnicas como enterrar las cepas en invierno para protegerlas del frío, logrando vinos que sorprenden en catas a ciegas.

Aunque utilizan uvas europeas, los suelos, el clima y la ausencia de filoxera en China generan vinos con una identidad diferenciada.

El vino chino se consume mayoritariamente en el país, pero ya despierta interés en Europa, donde aún existen prejuicios sobre su calidad.

El mapa mundial del vino está cambiando a gran velocidad y China se ha convertido en uno de los protagonistas inesperados. Lejos de limitarse a importar referencias europeas, el país asiático está desarrollando una industria propia.

En regiones como Shanxi, antiguos terrenos agrícolas se han transformado en extensos viñedos que recuerdan a zonas de España. Sin embargo, tras esa apariencia familiar se esconde un modelo vitivinícola distinto, como explica este artículo de EL ESPAÑOL.

Se basa en variedades europeas como el tempranillo, adaptadas a condiciones extremas. El principal reto para los viticultores chinos es el clima. En determinadas áreas, las temperaturas pueden desplomarse hasta los -30 ºC.

Esto obliga a aplicar técnicas inusuales en Europa, como enterrar las cepas durante el invierno para evitar su congelación. Lejos de ser una limitación, esta dureza ha impulsado una evolución sorprendente en la calidad.

Según expertos del sector, algunos vinos chinos destacan en catas a ciegas, donde pueden confundirse con referencias europeas, abriendo la puerta a su entrada en mercados internacionales.

Identidad propia

Aun así, el debate sobre la autenticidad sigue muy presente. Los enólogos españoles insisten en que el vino no puede copiarse. La tradición vitivinícola española, con siglos de historia, sigue siendo un elemento diferenciador.

Desde China, sin embargo, se reivindica una identidad propia. El país funciona como un mosaico de regiones muy diversas, con zonas como Ningxia, Xinjiang o Shandong concentrando la mayor producción.

Las uvas utilizadas son mayoritariamente de origen europeo, pero factores como la ausencia de filoxera o los suelos específicos generan vinos con estructura y cuerpo diferenciados.

El resultado no es una copia, sino una reinterpretación adaptada a un entorno radicalmente distinto. Este fenómeno no se limita al vino. China también ha mostrado interés en replicar productos icónicos de la gastronomía española, como la paella o el jamón.

Durante años, la viticultura china estuvo marcada por la influencia de Burdeos, pero ahora mismo el enfoque es más abierto. La colaboración con consultores internacionales ha favorecido el desarrollo de nuevas variedades.

Pese a los avances, el mercado europeo todavía arrastra prejuicios. La idea de un "Rioja chino" suele asociarse a imitaciones de baja calidad, aunque los precios y la evolución del sector desmienten esta percepción, con etiquetas que compiten en gamas medias y altas.

Actualmente, la mayor parte del vino chino se consume dentro del propio país, donde existe una creciente demanda. Sin embargo, Europa comienza a mostrar interés por un producto que no busca competir directamente, sino ofrecer una experiencia distinta.