El pueblo medieval de Trasmoz.

El pueblo medieval de Trasmoz.

Ciencia

El pueblo medieval que lleva maldito desde la Edad Media, excomulgado por la Iglesia y tiene menos de 100 habitantes

Trasmoz, a los pies del Moncayo, presume de castillo medieval y de una rareza histórica: excomunión y “maldición” que alimentaron su leyenda de brujas.

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Las claves

Trasmoz, en Zaragoza, es famoso por su leyenda de brujería, maldición y excomunión desde la Edad Media.

En 1255, el pueblo fue excomulgado por el obispo de Tarazona tras un conflicto con el monasterio de Veruela.

La villa mantiene su identidad ligada a la maldición y la brujería, reflejada en su oferta cultural y turística actual.

El castillo medieval de Trasmoz y su pasado fronterizo entre Navarra y Aragón refuerzan su singular historia.

Trasmoz juega en una categoría muy distinta dentro del mapa rural español. No destaca solo por su castillo o por su perfil medieval, sino por una fama que ha sobrevivido durante siglos: la de ser un pueblo ligado a la brujería, la excomunión y la maldición.

La localidad, en la comarca zaragozana de Tarazona y el Moncayo, sigue siendo presentada por el turismo institucional como un municipio marcado por una “legendaria maldición” y por su vieja reputación de villa de brujas. Ese relato no nace solo del folclore reciente.

El episodio más citado de esa historia arranca en plena Edad Media. La información turística comarcal sitúa la excomunión de esta localidad en el contexto de su largo enfrentamiento con el monasterio de Veruela, un conflicto por recursos y jurisdicción que acabó alimentando su leyenda negra.

Una disputa histórica con la Iglesia

La fecha que suele repetirse es 1255, cuando, según la tradición histórica conservada en la promoción local, el obispo de Tarazona excomulgó a los habitantes del pueblo a petición del abad de Veruela. Esa sanción religiosa se convirtió en una marca duradera sobre la villa.

A esa excomunión se añadió después la idea de una maldición, otra capa que terminó fijando la identidad singular de Trasmoz. La propia agenda cultural de Aragón sigue aludiendo hoy a la “maldición y excomunión de Trasmoz” como parte de los actos y del imaginario que rodea al municipio.

Esa mezcla entre documento histórico, tradición oral y construcción simbólica es la que explica por qué ha resistido como caso raro. No es solo un pueblo con cuentos de brujas, sino un lugar donde la administración turística sigue apoyándose en esa anomalía histórica.

El escenario, además, acompaña. Conserva un castillo que domina el caserío y el paisaje del Moncayo, una fortaleza cuyo origen se remonta al menos al siglo XII y que ya aparece documentada en 1185. Su silueta ayuda mucho a sostener la atmósfera.

La historia política del enclave tampoco desmerece. Entre los siglos XII y XIII, el dominio de Trasmoz fue alternando entre Navarra y Aragón hasta que Jaime I lo recuperó definitivamente para la Corona aragonesa en 1232, según las fuentes turísticas y patrimoniales del propio entorno.

Ese pasado fronterizo refuerza la fuerza del relato. No funciona porque alguien le colgara después una etiqueta tenebrosa, sino porque ya era una plaza medieval con posición estratégica, tensiones de poder y un castillo real sobre el que proyectar siglos de historias inquietantes.

La dimensión contemporánea del fenómeno también resulta llamativa. El municipio ha convertido esa herencia en una seña de identidad estable, con celebraciones y referencias constantes a la brujería dentro de su programación cultural, algo visible incluso en la agenda gastronómica y festiva de Aragón.