El astronauta 'Mike' Fincke sale de la nave Dragon tras pasar 167 días en órbita.

El astronauta 'Mike' Fincke sale de la nave Dragon tras pasar 167 días en órbita. NASA

Ciencia

La NASA no da crédito: un astronauta se quedó sin habla en el espacio y los médicos aún no saben por qué

Fincke perdió el habla 20 minutos en la ISS y se recuperó; meses después, la causa sigue sin cerrarse pese a pruebas en Tierra.

Más información: EEUU quiere ampliar la vida útil de la Estación Espacial Internacional: la NASA no podrá destruirla antes de 2032

Publicada

Las claves

El astronauta de la NASA Mike Fincke perdió súbitamente la capacidad de hablar en la Estación Espacial Internacional, sin explicación médica clara hasta la fecha.

El incidente ocurrió el 7 de enero de 2026 y provocó una respuesta inmediata de la tripulación y los médicos en tierra, aunque la crisis solo duró unos 20 minutos.

El caso llevó a la NASA a ejecutar el primer retorno anticipado por motivos médicos desde la estación, regresando la Crew-11 antes de lo previsto para realizar pruebas avanzadas a Fincke.

La NASA investiga posibles efectos de la microgravedad en el cuerpo, ya que se sabe que la ingravidez puede alterar el cerebro y el comportamiento, aunque no hay pruebas directas de relación con el episodio.

Lo más inquietante de esta historia no es solo que ocurriera en el espacio, sino que sigue sin tener explicación. El astronauta de la NASA Mike Fincke ha contado que perdió súbitamente la capacidad de hablar en la Estación Espacial Internacional y que, meses después, los médicos aún no saben por qué.

El episodio ocurrió el 7 de enero de 2026, cuando Fincke cenaba tras preparar un paseo espacial previsto para el día siguiente. Según relató a Associated Press, todo sucedió “de la nada”, con una rapidez fulminante, sin dolor y sin que él recuerde haber sentido ahogo.

La escena fue lo bastante seria como para activar una respuesta inmediata de la tripulación y de los médicos en tierra. Sus compañeros vieron enseguida que estaba en apuros, pidieron ayuda a los cirujanos de vuelo y recurrieron al ecógrafo de la estación.

Fincke, veterano de cuatro misiones espaciales y 59 años de edad, explica que la crisis duró unos 20 minutos y que después se sintió bien. De hecho, asegura que desde entonces no ha vuelto a experimentar nada parecido, ni en órbita ni ya en la Tierra.

Lo que sí se ha descartado, según su propio testimonio, es un infarto. También ha negado que estuviera atragantándose mientras comía. Pero fuera de eso, el caso sigue abierto y NASA continúa revisando registros médicos de otros astronautas en busca de posibles precedentes relacionados.

Un cuadro médico sin explicación

La gravedad potencial del incidente llevó a NASA a plantear y ejecutar el primer retorno anticipado por motivos médicos desde la Estación Espacial Internacional. Crew-11 regresó el 15 de enero, más de un mes antes de lo previsto, para que Fincke pudiera someterse a pruebas avanzadas.

Ese detalle es importante porque convierte el caso en algo más que una anécdota clínica extraña. También pone sobre la mesa una de las grandes vulnerabilidades de la exploración espacial: cuando aparece un problema neurológico o cardiovascular en órbita, el margen de reacción es limitado incluso en la ISS.

Y ahí aparece una cuestión de fondo todavía más delicada. Fincke acumulaba ya 549 días en ingravidez a lo largo de su carrera, y aunque no existe ninguna prueba de que ese fuera el motivo directo, los médicos no descartan una relación con los efectos del espacio sobre el organismo.

Eso no sería una idea descabellada. La propia literatura científica y los programas de investigación de NASA llevan años documentando que la microgravedad altera el cerebro y el comportamiento, con cambios asociados a redistribución de fluidos, modificaciones estructurales y adaptaciones neurológicas todavía no del todo comprendidas.

Fincke apenas ha querido dar más detalles, en parte por una razón comprensible: proteger la privacidad médica de los astronautas para que nadie tema exponer su historial si sufre un problema durante una misión. Esa cautela institucional también explica parte del misterio que sigue rodeando el caso.

Aun así, el episodio deja una señal clara para NASA y para cualquier programa lunar o marciano futuro. Si un cuadro así ya resulta complejo a 400 kilómetros de altura, con comunicación inmediata y opción de regreso, el desafío será mucho mayor cuando no exista evacuación rápida posible.