Imagen de archivo de un banco de espetones sobre la posidonia oceánica en Punta Rasa, Formentera.

Imagen de archivo de un banco de espetones sobre la posidonia oceánica en Punta Rasa, Formentera. Carlos Minguell EFE

Ciencia

La ciudad española Patrimonio de la Humanidad que puedes recorrer a pie: esconde al ser vivo más longevo del mundo

Esta pradera no sólo supone un fenómeno científico sin precedentes por su extensión, sino también por la identidad genética que tiene.

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P. G. Santos
Publicada

Las claves

La pradera de Posidonia oceánica entre Ibiza y Formentera es considerada el ser vivo más longevo del planeta, con una antigüedad estimada de 100.000 años.

Esta planta marina, endémica del Mediterráneo, no solo oxigena el agua y sostiene la vida marina, sino que también protege las costas de la erosión y el oleaje.

La posidonia está amenazada por el anclaje de embarcaciones, la contaminación y el cambio climático, por lo que se han impulsado proyectos de conservación y su inclusión en la lista del Patrimonio Mundial Natural de la UNESCO.

La pradera actúa como una biblioteca viviente, guardando la historia de la evolución y el clima del Mediterráneo durante milenios.

Oculta bajo el azul turquesa del Mediterráneo, entre Ibiza y Formentera, se extiende una pradera marina que guarda uno de los secretos más fascinantes de la biología moderna: un organismo vegetal que podría ser el más antiguo de la Tierra conocida.

La protagonista de esta historia es Posidonia oceánica, una planta marina endémica del mar Mediterráneo. En 2012, investigadores del CSIC demostraron que una de sus extensiones, con una longitud de más de ocho kilómetros, corresponde a un mismo clon, genéticamente idéntico.

Esa uniformidad genética revela que la pradera no son individuos diferentes, sino una sola planta conectada por un rizoma subterráneo que se multiplica de manera vegetativa. Según las estimaciones del equipo científico, su antigüedad ronda los 100.000 años.

De confirmarse ese dato, estaríamos ante el ser vivo más longevo de la biosfera, un testigo silencioso de glaciaciones, erupciones volcánicas y del surgimiento de las primeras civilizaciones humanas en las costas del Mediterráneo oriental.

Favorece la vida marina

"Es un hallazgo que redefine nuestra comprensión de la vida longeva", afirmaba en su momento Carlos Duarte, oceanógrafo del CSIC y uno de los autores del estudio. La Posidonia oceánica no solo resiste el paso del tiempo: también sostiene la vida marina del entorno.

Sus hojas, que oscilan con las corrientes, oxigenan el agua y sirven de refugio a miles de especies. Se estima que cada metro cuadrado de pradera libera hasta 20 litros de oxígeno por día, favoreciendo el equilibrio costero y la biodiversidad.

A esa función ecológica se suma otra: la protección del litoral. Las praderas de posidonia amortiguan el oleaje, fijan los sedimentos y evitan la erosión de las playas. Sin ellas, muchos arenales de Ibiza y Formentera desaparecerían en pocas décadas.

Sin embargo, este gigante vegetal, invisible bajo las aguas, está amenazado por el fondeo de embarcaciones turísticas, la contaminación y el aumento de la temperatura marina. El cambio climático podría reducir drásticamente su extensión en las próximas generaciones.

Por ello, ambas islas impulsan proyectos de conservación y monitorización. Buceadores, científicos y voluntarios registran su estado y protegen las áreas más sensibles. La UNESCO, por su parte, incluyó en 1999 la pradera en la lista del Patrimonio Mundial Natural.

Aun así, los expertos alertan de que la designación no basta sin vigilancia efectiva. Salvar la posidonia es preservar el futuro del Mediterráneo, por lo que cada hoja que se pierde rompe una historia de resiliencia milenaria que todavía respira bajo el mar.

Como una biblioteca viviente, la pradera de posidonia entre Ibiza y Formentera guarda el relato de 100.000 años de evolución, clima y adaptación. Una joya biológica cuya supervivencia marcará el pulso de la salud en el Mediterráneo en las próximas décadas.