Más calor para el verano.
La UE cambia las normas: pide a España que se prepare para un escenario de hasta 3,3 grados de calentamiento global
Europa pide planificar infraestructuras para un clima de hasta 3,3 grados: España afrontaría más calor, sequía e incendios.
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Europa empieza a asumir que carreteras, hospitales, cultivos y sistemas de abastecimiento no pueden diseñarse únicamente para el escenario climático más favorable. España, especialmente expuesta al calor y la sequía, tendrá que prepararse para condiciones considerablemente más extremas.
El Consejo Científico Asesor Europeo sobre Cambio Climático ha recomendado que la Unión Europea adopte una referencia común para planificar la adaptación: una trayectoria compatible con un calentamiento global de entre 2,8 y 3,3 grados hacia 2100.
La recomendación afecta también a España como Estado miembro, pero todavía no constituye una nueva obligación jurídica. El organismo es un panel independiente creado por la Ley Europea del Clima para asesorar a las instituciones, evaluar políticas y señalar las medidas que considera necesarias.
Lo cierto es que la Comisión prepara un nuevo marco europeo de resiliencia y gestión de riesgos climáticos, cuya adopción está prevista para la segunda mitad de 2026 tras la correspondiente evaluación de impacto.
Los 3,3 grados tampoco representan un nuevo objetivo climático ni la temperatura prevista específicamente para España. Se refieren al aumento medio mundial respecto a la época preindustrial dentro de una trayectoria que el panel considera suficientemente plausible como para utilizarla en la planificación.
Europa se calienta más rápido
La Unión Europea mantiene sus compromisos para reducir las emisiones y limitar el calentamiento. La novedad consiste en reconocer que la adaptación no puede basarse exclusivamente en que esos esfuerzos tengan el resultado más optimista, porque una infraestructura construida hoy seguirá funcionando durante varias décadas.
El informe propone armonizar las evaluaciones de riesgos de los Estados miembros, utilizar escenarios climáticos comunes y someter las inversiones a pruebas todavía más adversas. También reclama objetivos medibles de adaptación y una estrategia para repartir los crecientes costes entre presupuestos públicos, empresas y aseguradoras.
Prepararse para 3,3 grados globales tendría consecuencias especialmente importantes en España. Europa se calienta más rápido que el promedio planetario y las zonas interiores de los países mediterráneos aparecen entre los territorios donde se esperan algunos de los mayores incrementos regionales.
Un análisis del Centro Común de Investigación de la Comisión estimó que, en un mundo tres grados más cálido, una ola de calor que actualmente tendría una recurrencia aproximada de 50 años podría producirse casi anualmente en España y parte de Portugal.
La comparación no significa que todos los veranos vayan a ser idénticos ni que cada año se alcance el mismo récord. Indica que episodios considerados extraordinarios bajo el clima de referencia dejarían de ser raros al desplazarse hacia arriba toda la distribución de temperaturas.
El agua representa otro punto especialmente sensible. El mismo centro europeo calcula que España soporta actualmente las mayores pérdidas económicas por sequía de los países analizados, con una estimación media de 1.500 millones de euros anuales, aunque rodeada de una incertidumbre considerable.
Con tres grados de calentamiento, la frecuencia de las sequías podría duplicarse en cerca de una cuarta parte de la región mediterránea. Las pérdidas afectarían a la agricultura, la producción energética, el abastecimiento urbano, las infraestructuras y unos ecosistemas cuyo deterioro resulta más difícil de valorar económicamente.
La primera Evaluación Europea de Riesgos Climáticos ya considera críticos en el sur de Europa los riesgos del calor y la sequía para los cultivos. También identifica como urgentes los incendios, la exposición de los trabajadores al aire libre y los daños sobre ecosistemas y poblaciones.
Para España, adaptarse implicaría revisar planes hidrológicos, redes eléctricas, regadíos, viviendas, hospitales, colegios y sistemas de alerta. También obligaría a dimensionar puentes, drenajes, costas y desarrollos urbanos para fenómenos que superen los registros utilizados tradicionalmente como referencia.
El cambio de enfoque pretende evitar que una obra cumpla las condiciones del clima pasado, pero resulte insuficiente antes de finalizar su vida útil. Un depósito, una residencia o una red de saneamiento pueden quedar expuestos durante décadas a temperaturas, incendios e inundaciones crecientes.
Prepararse para un escenario de 3,3 grados no equivale a aceptar que ese calentamiento sea inevitable. El propio panel insiste en que la adaptación tiene límites y no puede sustituir la reducción profunda de emisiones, porque cada décima adicional aumenta los daños y deja riesgos imposibles de gestionar.
La recomendación introduce así una doble estrategia: intentar contener el calentamiento mientras las administraciones se preparan para que el resultado sea peor. España todavía no ha recibido una nueva orden vinculante, pero Bruselas está construyendo el marco que puede convertir esa prudencia climática en futuras normas e inversiones obligatorias.