Una selfi tomada por el rover Perseverance de la NASA en Marte.

Una selfi tomada por el rover Perseverance de la NASA en Marte. NASA/JPL-Caltech/MSSS

Ciencia

Científicos de la NASA hallan en Marte restos orgánicos que podrían zanjar el debate sobre si existió vida en el planeta

Un análisis sugiere que los grandes orgánicos hallados por Curiosity pudieron ser mucho más abundantes de lo que parecía y quizá biológicos.

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Las claves

Científicos de la NASA han hallado en Marte los compuestos orgánicos más grandes detectados hasta ahora, incluyendo decano, undecano y dodecano.

El análisis sugiere que la concentración de estos compuestos en el pasado pudo ser mucho mayor, lo que no se explica fácilmente por fuentes abióticas conocidas.

El hallazgo es especialmente relevante porque los compuestos podrían ser fragmentos de ácidos grasos, relacionados en la Tierra con la vida, aunque aún no es prueba definitiva de vida marciana.

El equipo de investigadores subraya la necesidad de mejores instrumentos y de traer muestras a la Tierra para confirmar el posible origen biológico de estas moléculas.

Durante años, en Marte se han hallado moléculas orgánicas sugerentes, pero casi siempre con una coletilla incómoda: también podían explicarse sin vida. Sin embargo, un nuevo análisis sobre la muestra Cumberland, perforada por Curiosity en un antiguo lecho lacustre de Gale Crater, aprieta bastante más ese margen.

La historia no empieza en 2026, sino en marzo de 2025, cuando el equipo anunció el hallazgo de los compuestos orgánicos más grandes detectados hasta ahora en el planeta rojo: decano, undecano y dodecano, tres alcanos de cadena larga preservados en una lutita de unos 3.700 millones de años.

Aquellas moléculas no eran, por sí solas, una prueba de vida. Lo interesante era su posible origen: podrían ser fragmentos de ácidos grasos, moléculas que en la Tierra suelen asociarse a membranas celulares y a química biológica, aunque también pueden generarse por rutas abióticas.

El nuevo trabajo, publicado en Astrobiology en febrero de 2026, intenta responder precisamente a esa duda. El equipo dirigido desde la NASA modeló cuánto material orgánico pudo contener originalmente la roca antes de quedar expuesta durante unos 80 millones de años a radiación cósmica y solar.

Hoy la abundancia medida es muy pequeña, del orden de 30 a 50 partes por mil millones, pero los autores calculan que al depositarse el sedimento pudo haber entre 120 y 7.700 partes por millón de esos alcanos o de sus precursores tipo ácido graso.

Explicaciones no biológicas

Ese salto cambia bastante la primera impresión del hallazgo, porque varias fuentes no biológicas consideradas por el estudio se quedan cortas. La aportación de polvo interplanetario, meteoritos o una hipotética neblina orgánica atmosférica antigua no bastaría para explicar una concentración tan alta en la roca Cumberland.

Los autores tampoco ven señales claras de un escenario térmico extremo que favoreciera ciertas síntesis geológicas de ácidos grasos. Aun así, no cierran todas las puertas abióticas: admiten que parte de los compuestos pudo formarse en sistemas hidrotermales marcianos y ser transportada luego por fluidos.

La propia NASA resume que, dado que los orígenes no biológicos evaluados no explican completamente la abundancia observada, “es razonable hipotetizar” que organismos vivos pudieran haber contribuido a formar esas moléculas.

Los investigadores dicen explícitamente que no han encontrado una prueba de vida antigua en Marte. Lo que tienen es una combinación especialmente sugerente: orgánicos grandes, un antiguo lago, arcillas, nitratos, azufre y un entorno habitable durante mucho tiempo.

También pesa una limitación instrumental. SAM, el laboratorio químico de Curiosity, permitió detectar estas cadenas de carbono tras calentar fuertemente la muestra, pero no está optimizado para identificar con precisión moléculas aún mayores, que serían más informativas sobre un posible origen biológico.

El problema es el de siempre: para salir de la hipótesis hará falta mejor instrumentación, experimentos terrestres y, sobre todo, traer muestras marcianas a la Tierra.