Decenas de personas durante la asamblea informativa, a 29 de septiembre de 2026 Europa Press
En 1992, durante la campaña presidencial de Bill Clinton , surgió una frase, "¡Es la economía, estúpido!", que iba a convertirse en el origen de una de las estructuras de coletillas más famosas de la historia reciente: “ ¡Es la ‘X’, estúpido!”
Esa X, al margen de lo que pueda estar pensando el lector, es una variable en la que cabe casi cualquier cosa: ‘subjetividad’, ‘ecosistema’, ‘clima’,‘bolsillo’,… y sí, también lo que está pensando el mismo lector de antes…
Aquí, como castizos que somos, estos últimos años hemos rizado el rizo, y casi le damos la vuelta: ya nos vale tanto ese "Es la derecha, estúpido", como lo contrario, "No es la derecha, estúpido"…
Lo que realmente hemos conseguido en estos lares, cada vez de una forma aún más intensa, es quedarnos con el propio esqueleto, “Es estúpido”, sin más.
Al menos en política, ya está absolutamente claro: la política española es (sencillamente) estúpida.
¡Claro que sí! De entrada, estamos consiguiendo, como conjunto social, cargarnos toda una ejemplar Transición política retrocediendo a posturas sociológicas previas a la propia Guerra Civil española: todo un siglo. Eso sí, algunos sin ni siquiera despeinarse.
Y quien hace algo estúpido, suele ser eso, un estúpido: analicemos.
Hoy en día, el político que hace ruido mediático es, sencillamente, la antítesis del político que supo poner por delante las necesidades de todo un país al margen de sus propios intereses. Y eso, cara al país... es estupidez, ¿no?
Pero claro, en esa categoría de político venido a menos hay mucho advenedizo que, contagiado por sectarismos o no —quién sabe qué es lo más peligroso— es incapaz de ver su propia ignorancia y se convierte en la prueba viviente de que la ignorancia es atrevida.
Desde ese jovencito casi imberbe que se propone como portavoz de toda una generación, hasta el que, con el culo muy bien cubierto a nivel de necesidades básicas y no tan básicas, se mimetiza con el perroflauta real... ¿quién es el más peligroso?
Cada nueva generación del español medio está consiguiendo que Forrest Gump termine siendo, sencillamente, un genio.
Por supuesto, siempre hay ayuditas externas con esos mantras woke tan graciosos que, curiosamente, se repiten en todas partes... ¿Será casualidad? Yo estoy con Einstein: la casualidad no existe, existe Soros…
Esos angelitos de ciertas organizaciones humanitarias que hoy mismo, en lugares como Ceuta, se descubre que salvan migrantes a base de enseñarles a burlarse de los controles de nuestro Estado... ¿no son un maravilloso ejemplo moderno de pirata corsario?
Es más, esos negreros modernos que salvan la vida a los nuevos esclavos prometiéndoles una vida mejor... ¿no son una actualización de lo de siempre?
La estupidez social es cíclica: consiste precisamente en eso, en consentir la demolición de un sistema que —con todos sus defectos históricos— ha garantizado el periodo de mayor prosperidad y libertades, a cambio de discursos vacíos o de agendas que erosionan las propias instituciones que los protegen. Por ignorancia, necedad o puro egoísmo: a elegir. Y no estamos solos, efectivamente.
Y eso, cuando es provocado, sencillamente, es algo criminal; y ante el crimen, la sociedad se defiende, o se destruye. Yo, elijo sobrevivir, como tantos españoles hoy en día, cada uno a su manera.
No es hora de venganzas, es hora, simplemente, de justicia. Y ya iba siendo hora.