Zapatero en el vídeo compartido tras conocer su imputación.

Zapatero en el vídeo compartido tras conocer su imputación.

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Celebrar la deshonestidad

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Hace tiempo que en este país el imputar a alguien por corrupción ha dejado de ser un drama para ser una oportunidad para sacar rédito político y por tanto una celebración. Me entristece ver que la bola de la corrupción de la que el Gobierno ya no puede salir sea un motivo del PP para decir: "Esta es la nuestra, convoquen elecciones".

Cierto es que la corrupción no es una cosa de unos pocos, la corrupción y el que a los tuyos les vaya bien, no es una cosa más de derechas o más de izquierdas, es una cosa que va ligada a aquellos que gozan de un poder en exceso y lo utilizan para su beneficio. Me gustaría ver en España algún día que los grandes partidos políticos hacen un pacto nacional contra la corrupción, donde se pacte que político imputado, político que se le aparta. Desgraciadamente, mis ojos nunca verán dicho pacto si los que lo tienen que firmar tienen a amigos, mujeres o hermanos afectados por mi humilde propuesta.

La reciente imputación de Zapatero tiene que servir para cambiar las reglas del juego, para unir a los partidos en contra de una lacra y no para agitar más el debate mientras se juega al y tú más. El poder y el acostumbrarse a él corrompe a las personas, y en este caso el Partido Popular no puede utilizar la trama Plus Ultra como baza para pedir por vigésima vez desde el 24 de julio elecciones. Y no pueden porque quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra, y el Partido Popular no puede ser nunca maestro de honestidad.

Hace falta en España implantar una cultura política basada en la no profesionalización de la política, con políticos limitados por una duración de mandato y con una limitación de acumulación de cargos. Lo que propongo no es revolucionario, aunque sé que esto nunca se aprobaría. Nunca se aprobaría porque tenemos a un presidente que fuera de la política solo ha jugado a baloncesto, a un líder de la oposición que ha tocado todas las instituciones gallegas y a un Abascal que no sabe que hay un mundo más allá de la política.

Por todo ello, es muy difícil que no aparezcan casos de corrupción en los partidos que aspiran a gobernarnos. Es muy difícil avanzar hacia una cultura política basada en la honestidad si por cada caso de corrupción que aparece, el presidente del Gobierno viene y se excusa con el peligro de la ultraderecha y con auditorías externas, mientras nos recuerda que hasta 2027 se va a seguir haciendo lo mismo. Lamentablemente, no se pueden hacer las cosas de manera distinta si los que las tienen que cambiar son los mismos de siempre.