EuropaPress_7653741_08_july_2026_turkey_ankara_us_president_donald_trump_looks_at_spanish_prime.jpg
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a atacar a España calificándola de "terrible" y de "mal aliado". Al mismo tiempo, ha mostrado su hartazgo al afirmar que Estados Unidos dejará de tener cualquier vínculo comercial con nuestro país, obviando, claro está, que es imposible cortar las relaciones comerciales con España, ya que formamos parte de la Unión Europea.
Trump es el reflejo de la desesperación de las democracias occidentales. Si la izquierda estadounidense (portadora de las políticas woke a terceros países, entre ellos España) no tuviese una política basada en la importación de culturas violentas, en decir a los ciudadanos cómo tienen que vivir o qué tienen que comer, en el expolio del contribuyente y en un culto desmedido al cambio climático, Donald Trump jamás habría llegado a gobernar la Casa Blanca.
A todos nos escandaliza ver a un presidente de Estados Unidos (referente democrático y económico de Occidente) decir una cosa y la contraria el mismo día. Pero la realidad es mucho más profunda: la desesperación de los miembros de las sociedades occidentales al comprobar que sus libertades individuales están siendo anuladas por las políticas anteriormente citadas.
Independientemente de las palabras insultantes que Donald Trump ha proferido contra España, es cierto que España no es un socio fiable dentro de la OTAN. Tenemos a un presidente del Gobierno que cambió unilateralmente la política exterior de España respecto del Sáhara al reconocer la soberanía de Marruecos sobre ese territorio. Todo ello, además, después de descubrirse que el teléfono móvil de Pedro Sánchez y el de varios ministros estaban comprometidos por el programa de espionaje Pegasus.
Además de todo lo anterior, el Gobierno de España decidió, sin contar con el respaldo de la Unión Europea, reconocer el Estado de Palestina sin tener en cuenta las consecuencias internacionales que, según esta perspectiva, ello ha acarreado para España. Es importante recordar que, sin la ayuda de los servicios de inteligencia israelíes, España no habría podido desactivar atentados terroristas en nuestro territorio, incluidos los de la banda terrorista ETA.
Si los ciudadanos no defendemos nuestro derecho a elegir el modo de vida que queremos vivir, serán nuestros gobernantes quienes lo hagan por nosotros. La democracia es un sistema que no sólo consiste en votar cada cierto tiempo, sino, más bien, un mecanismo de control del poder para que este no se convierta en omnímodo. Debemos cuidar la democracia, y esos cuidados implican votar a quienes defiendan los valores liberales: la libertad individual, la propiedad privada y la separación de poderes.
Dentro de menos de tres años, Donald Trump abandonará la Casa Blanca, pero los intereses de Estados Unidos seguirán siendo los mismos. Por lo tanto, la cuestión nada mollar a la que debe hacer frente Europa es cuáles son los intereses de cada una de nuestras democracias para elaborar un plan común basado en la defensa de nuestras fronteras y en el resurgimiento económico sustentado en el libre mercado. Estos dos últimos aspectos serán determinantes para la supervivencia de la Unión Europea. En última instancia, quien piense que nuestro problema es Estados Unidos se equivoca.
En definitiva, podemos estar con Trump o contra Trump, porque los liberales no tenemos el sentimiento idolátrico que, a nuestro juicio, caracteriza a la izquierda con respecto a sus líderes políticos. Es importante respaldar las políticas estadounidenses en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo y las dictaduras comunistas presentes en América Latina.