El Gobierno no gobierna, pero siempre responde... a sus propios escándalos
Cuando la situación política impuesta desde fuera roza ya el esperpento a propósito, como ahora sucede, no está mal recordar la gran verdad que contiene la antigua expresión de que "Los árboles no nos dejan ver el bosque" (¿o era quizás al revés…?).
La escapada hacia adelante que — desde casi el principio de las legislaturas de Pedro Sánchez— se ha producido en el Gobierno y aliados para tomar el poder absoluto del país —y al tiempo evitar que se evitara este proceso—.
Es algo tan obvio que incluso ya se dice en muchos sitios que lo que realmente se está intentando en España es un cambio de régimen encubierto, al modo de las leyes habilitantes nazis tan estudiadas: desde luego, la analogía se aguanta sola.
De alguna forma, la lógica interna del proceso ha calado de manera que ya lo vemos desde dentro, y no, no: hay que verlo desde fuera, donde esa lógica cobra todo su sinsentido.
Que las críticas se produzcan dentro de la aceptación de lo propuesto, en este caso, es una perversión buscada por el poder actual. Parte del intento de que el adversario no pueda pensar en hacer mucho más que protestar o votar cuando toque para evitarlo: una jugada magistral, casi condenada al éxito…
"Casi…": bastará romper la lógica desde fuera, simplemente, sin ni siquiera llegar a los hechos concretos, que "no nos dejan ver" el bosque verdadero.
Es muy simple: en un país sin presupuestos con un montón de déficits en infraestructuras y servicios básicos —lo que es totalmente objetivable —, cuando de 100 cosas absolutamente imprescindibles que no se cubren económicamente —por imposibilidad presupuestaria y falta de dinero—, se propone aún una medida más —como la regularización masiva y en la práctica incontrolada de inmigrantes—, en el fondo, no deja de ser más que un simple mal funcionamiento de la Administración.
Lo que tiene unas claras consecuencias penales cuando es algo que se produce por la aplicación de las medidas que se intentan poner en pie.
No hace falta bajar al barro. Con la simple reducción al absurdo nos vale: si no hay dinero para el tema de la ELA, que es algo absolutamente sangrante desde todas las perspectivas, o para el tema de las Ayudas Básicas al ciudadano, ¿habrá dinero para soportar el Estado —al final, nosotros— la carga que supone económicamente una regulación que ya de por sí es altamente polémica?
Yo desde aquí propongo al Gobierno —mañana mismo, ya que no le cuesta realmente nada— que saque en el BOE lo siguiente: "A partir de mañana se abren los plazos para que todo residente que quiera solicite la asignación de un Testarossa con cargo al Estado para evitar la discriminación con las clases pudientes que ya lo tienen".
"Sin más": porque esto es lo que realmente está pasando. El Gobierno, a través del absurdo, provoca una flagrante mala administración, lo que ya de por sí es la primera consecuencia a evitar.
En derecho administrativo, existe el principio de interdicción de la arbitrariedad. Los poderes públicos no pueden actuar por capricho.
Si un Gobierno publica en el BOE algo que es físicamente o económicamente imposible de cumplir (como el ejemplo del Testarossa), esa norma es nula de pleno derecho.
El castigo penal llega cuando esa arbitrariedad se usa como herramienta para un "cambio de régimen" o para eludir controles democráticos. La analogía con las leyes habilitantes cobra un inquietante peso jurídico: el uso de la ley para destruir el espíritu de la ley.
El mayor obstáculo para que el Código Penal castigue estas situaciones es que los jueces suelen considerar que la prioridad del gasto es una "decisión política".
Un juez suele decir: "Si usted prefiere gastar en 'X' en vez de en 'Y', la responsabilidad es de los votantes, no mía".
Cuando se llega a un punto en que el absurdo es tan grande que el dolo (la intención de hacer daño al sistema) es evidente — lo que en derecho penal se llama dolo eventual, que el gobernante sabe que su decisión provocará un colapso o un mal funcionamiento penalmente relevante, y aun así sigue adelante—, hemos cambiado ya hace mucho tiempo de Liga: solo hay que saber verlo.
Menos fijarse en cada árbol, y más en el bosque lleno de maleza, sí.
Que ya va siendo hora de que la sociedad civil retome las riendas.
Hay que ponerle este cascabel a este gato, por simple supervivencia.