Miembros del Gobierno dan por hecho que Montero será el revulsivo para intentar recuperar Andalucía
Lo mejor sería dejar la pregunta al albur y el criterio de cada lector. Cada uno tendrá su opinión y todas serán respetables. Pero estamos en plena vorágine electoral y se hace necesario buscar respuestas cuando apenas nos hacemos preguntas. Pero los números fríos, como mañana de invierno, ni engañan ni se equivocan. Por eso se llama exacta la ciencia que los protege. Y esos números dicen exactamente que en 2004 el PSOE tuvo el doble de votos, exactamente el doble, que en 2022, cuando Moreno Bonilla se encaramó con mayoría absoluta a la presidencia de la Junta de Andalucía.
¿Qué ha pasado? ¿Qué ha hecho bien Bonilla y mal el partido hegemónico en Andalucía desde 1982 hasta el mismísimo 2018 ?
¿Qué sociólogo, politólogo o analista pone sobre la mesa con tino preciso las circunstancias concurrentes en tal desproporción numérica acontecida en la siempre personalísima y luminosa Andalucía? ¿Acaso Bonilla ha mejorado desde el 2018 todos los parámetros del bienestar para gozar en 2022 de esa inesperada mayoría absoluta? Y, por otra parte, ¿qué ha cambiado en la siempre conformista y sumisa y resignada voluntad de los andaluces para semejante vuelco? Son preguntas que requieren un sosegado estudio, pero que, sin duda alguna, deben tener una respuesta entendible.
Y algo más, que puede ayudar a entender este dilema. En 2022, cuando el PP alcanza la mayoría absoluta, muchos andaluces votaron con la cabeza vuelta hacia Madrid. Tendrá algo, bastante o mucho que ver Sánchez y sus cambios de opinión, su no pero luego sí a Podemos, su otro no a Puigdemont con traída del exilio y encarcelación prometida y luego amiguitos y socios para siempre, su no a Bildu y su execrable pasado cerca de los asesinos e ETA para después echarse en sus brazos a cambio de sus votos para mantenerse en el poder.
Tendrá algo que ver en la conciencia de los andaluces el desahogo de Sánchez, que gobierna con los Presupuestos que hizo el PP. Se sienten, tal vez, los andaluces altamente engañados cuando después de los treinta y siete años de gobierno en Sevilla, los ocho más ocho de Zapatero y Sánchez en Madrid, la Comunidad sigue siendo la cenicienta de todos los ratios y parámetros que miden el bienestar y supera al resto en número de parados, en peores infraestructuras, en pésimas estadísticas comparativas con el resto de comunidades.
Si todo eso ha ido calando poco a poco en la conciencia de los andaluces, se puede llegar a entender que el socialismo de la mitad de los votantes andaluces se haya quedado en una cuarta parte. Pero nadie, absolutamente nadie desde dentro del partido osa censurar al responsable mayor. Nadie discute un liderazgo que abduce a los afiliados y simpatizantes como su tuviera un poderoso imán en sus manos. Ya no hay corrientes internas, ya no hay debate, los díscolos que otrora fueron líderes carismáticos se ven renegados, incluso expulsados de la organización, tachados de traidores y agentes de la derecha.
Me pregunto si la gratitud estomacal supera a la íntima dignidad de un socialismo del que en 1977, días antes de las primeras elecciones generales, el profesor y admirado Enrique Tierno Galván dijo en la plaza de toros de Vista Alegre de Madrid (no me lo han contado, yo estaba presente) la siguiente definición de lo que a su juicio debía ser el socialismo: una ética, una moral, una conducta rectilínea y un estilo de vida. Y eso no se parece en nada a lo que tenemos delante.
Por eso, urge devolverle a ese partido, necesario para que la balanza democrática esté equilibrada, un nuevo liderazgo y que desaparezcan de su seno todos los acróbatas que anteayer fueron felipistas, ayer zapateristas y hoy sumisamente sanchistas. Y junto a esos acomodaticios, toda la pléyade de gente que mira para sí y olvida que las entrañas de su partido dicen que el buen socialista se distingue por algo tan simple como estar al lado de los desfavorecidos, promoviendo ante todo el bien general antes que el personal. Que lo expliquen esos saltimbanquis que van de cargo en cargo medrando y masajeando al líder superior para que siempre se acuerde de ayudarle a dar un salto más. Y el 17, como buenos demócratas votad a quién os plazca, a ver si con suerte encontramos un hombre justo antes que una aguja en un pajar.