Raúl Clavería, gitano de 25 años en Zaragoza.

Raúl Clavería, gitano de 25 años en Zaragoza. E.E Zaragoza

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Raúl Clavería, gitano de 23 años: "Muchos aún creen que somos unos delincuentes, que sólo sabemos vender drogas o robar"

Cada 7 de abril se conmemora el Día Internacional del Pueblo Gitano. En Zaragoza, la tradición manda tirar un clavel al río en memoria de aquellos que sufrieron discriminación.

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Fue el 7 de abril de 1971 cuando se celebró en Londres el primer Congreso Mundial Romaní-Gitano. Pasados 55 años, cada año en esta fecha se conmemora el Día Internacional del Pueblo Gitano.

Una celebración a la que Zaragoza se suma todos los años con distintas actividades. Entre ellas, la tradicional Ceremonia del Río en el Puente de Hierro, un acto reivindicativo en el que se lanzarán claveles al río en memoria de aquellos que sufrieron discriminación por ser parte del pueblo gitano.

Y, pese a que hace más de 600 años que el pueblo gitano forma parte de Aragón, todavía hay quien sigue mostrando rechazo a esta etnia. Así lo cuenta a este diario Raúl Clavería, gitano residente en Zaragoza que a sus 23 años asegura haber vivido más de una experiencia, cuanto menos, desagradable.

Recuerda, por ejemplo, que algunas veces ha ido a comprar a un centro comercial con su familia y, "nada más entrar por la puerta de la tienda, el de seguridad siempre se pone a seguirnos". Y es que, los estigmas "siguen ahí".

"Muchas personas se piensan que somos unos delincuentes y que sólo sabemos vender drogas o robar. A todos ellos les aconsejo que un día se acerquen a casa de un gitano que, les aseguro, no les faltará de nada", señala el joven.

Y es que, tal y como lo asegura Raúl, su cultura tiene unas bases muy claras que están fundadas, principalmente, "en el respeto". "Para nosotros, lo que digan los mayores va a misa. Si mi padre, mi madre o mi abuelo me dicen que estoy equivocado no me atrevería a llevarles la contraria. Y así, con el resto del mundo también", cuenta.

El respeto

"La verdad que pagamos justos por pecadores porque yo, por ejemplo, siempre me he criado en ese ambiente de respeto, de educación, tanto a personas gitanas como a personas no gitanas", insiste, y añade que, a su modo de ver y entender la vida, "si uno puede ayudar, echarle la mano a otra persona, hay que hacerlo".

Sus creencias están basadas en el evangelismo. "Nosotros creemos en que hay un Dios, pero, por ejemplo, no nos bautizamos de pequeños, sino que lo hacemos ya de mayores sabiendo lo que está bien, lo que está mal. Básicamente, cuando tenemos gusto de razón y de conciencia", explica.

Lejos de lo que se pueda creer, "no es obligatorio casarse a los 13 o 14 años", asegura. De hecho, Raúl cuenta que se casó con su mujer "hace tan solo unos meses" y que "es muy normal que haya personas que decidan hacerlo a los 30 o más, no hay ningún problema en ello".

Costumbres

Aunque hay costumbres que "sí siguen como siempre". Pone de ejemplo el que la mujer "debe casarse siendo virgen", o también la conocida prueba del pañuelo que "sí, se sigue haciendo".

Eso sí, Raúl derriba otro de los estigmas que más persiguen a su pueblo: "No somos machistas. Ovejas negras y malas personas hay en todas las etnias. No hay que generalizar. Para mí y para mi gente la mujer es lo más importante", plantea. "Sin mi mujer yo no soy nada", insiste.

Reivindica, además, que "los tiempos han cambiado". Se refiere así "a las formas de ganarse la vida para un gitano". "Cómo lo hicieran mis antepasados no marca mi camino a día de hoy. Yo, y la gran mayoría de gitanos jóvenes estudiamos, nos ganamos nuestro trabajo y lo hacemos de forma digna igual que cualquier otra persona", asegura.

Cuenta que, en su caso, terminó como cualquier adolescente la ESO y estudió la FP básica de Fabricación y Montaje. "Seguí con un grado medio también de la misma rama y he trabajado en varias empresas de soldadura. Ahora, tras estudiar una oposición y conseguir una plaza estoy en Logirail fijo", cuenta.

Este miércoles, Raúl celebrará junto a su familia el día de su pueblo. Lo hará, sin faltar a la tradición, tirando un clavel por aquellos que sufrieron el rechazo y el racismo por nacer en una cultura diferente.