Activismo

Lagarder, el activista rumano, gitano, gay y vagabundo por elección propia que increpó al PP

En la jungla. Vino a España para huir de la homofobia y xenofobia. Abandonó Podemos para revindicar los derechos de los sin techo.

Lagarder manifestándose el pasado sábado contra la marcha ultraderechista.

Lagarder manifestándose el pasado sábado contra la marcha ultraderechista. Twitter

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Un hombre se ha multiplicado en las reivindicaciones de los últimos meses. Joven, barbudo, de piel aceituna, irrumpió en la Asamblea de Podemos en Vallecas, se manifestó en solitario frente a la sede del PP en la calle Génova, tuvo una 'enganchada' con Juan Carlos Monedero en el aniversario del 15-M y en la mañana del martes irrumpió en la presentación de las listas del PP para llamarles 'mafia' y recordarles que en España hay 5.000 sin techo.

Se trata de Lagarder Danciu, que presenta sus credenciales en su perfil en las redes sociales: gay, rumano, gitano, ateo, vagabundo y "okupa que viaja sin destino". Incansable, ha documentado en Twitter en las últimas semanas su convivencia con las personas sin hogar y se ha hecho omnipresente en las manifestaciones. Acampa a favor de los refugiados, acude a las concentraciones antidesahucios y se plantó frente a la marcha ultraderechista celebrada el pasado sábado en Madrid.

La vida de Lagarder es material de novela. Nacido en 1981, creció en un orfanato de Bucarest junto a otros niños romaníes. "Le debo a los comunistas el haberme dado una educación y pagado la Universidad Pública. Se lo agradezco, en parte", contaba a El Mundo en 2014. Licenciado en Sociología y Trabajo Social, dejó su trabajo como funcionario en un centro de acogida de menores para venir a España con 25 años. La presión de "40 años de comunismo" y "la moral ortodoxa" eran "asfixiantes" para él, gitano y homosexual, cuenta. 

Antes recabó en Portugal, dónde, según ha contado a enfoques, cayó en una red de explotación de personas. Encontró ayuda para dar el salto a Andalucía para trabajar en el campo y de ahí, a Sevilla, donde entró a trabajar como traductor para la policía en 2007. "Fui testigo de las deficiencias del sistema" - cuenta. "Vi en muchas ocasiones como en los calabozos la policía golpeaba a personas que estaban detenidas y esposadas, no se respetaban sus derechos y tampoco se les proporcionaba un abogado".

Al mismo tiempo empezó a trabajar en proyectos de integración escolar de menores gitanos en centros escolares de Sevilla. Rompió con la asociación Unión Romaní, a la que acusaba de no hacer lo suficiente por los niños gitanos, y se querelló exitosamente contra ellos cuando le despidieron. En 2014 formó parte del germen de Podemos Sevilla. El Mundo lo presentaba como el azote de la casta gitana.

Sin embargo, Lagarder rompió también con el partido en febrero de 2015. Denunció que la formación estaba en "manos de unos amigos estrategas alejados de la realidad de la calle", adolecía de "prácticas antidemocráticas" y denunciaban la sumisión "piramidal" a Sergio Pascual, el secretario de Organización defenestrado el pasado marzo.

Tras un breve paso por Dinamarca, comenzó entonces su actual periplo vital: recorrer España conviviendo con los sin techo y denunciando la exclusión, los abusos y la corrupción. Su proyecto, relataba a El Diario, es el de ser una 'bisagra': alguien que ha vivido integrado y se ha pasado al "otro lado" para contar la historia de los marginados. "No quiero que su memoria desaparezca", afirmó.