Negociaciones de paz

Por qué el nuevo alto el fuego en Siria apenas significa nada

Asad expone importantes excepciones mientras múltiples partes en el conflicto no han firmado nada.

Un rebelde inspecciona un misil caído en la región de Derá.

Un rebelde inspecciona un misil caído en la región de Derá. REUTERS

"La República Árabe de Siria anuncia su aceptación del cese de las operaciones de combate", anunció en un comunicado el Gobierno de Bashar al Asad este martes. Se refería al acuerdo alcanzado por Estados Unidos y Rusia para un alto el fuego entre el régimen y fuerzas opositoras a partir de la media noche del sábado, 27 de marzo. El mismo texto iba acompañado de excepciones y matices que dejan entrever las dificultades de este segundo intento en pocas semanas para parar las hostilidades:

1. Deja claro que está por definir quiénes son los grupos armados con los que el régimen sirio se compromete a dejar el combate. Y eso lo decidirá unilateralmente con Moscú, el mismo socio que desde el 1 de febrero bombardea el bastión rebelde de Alepo para ayudar a Damasco en su recuperación: "El Gobierno [sirio] afirma su disposición a continuar su coordinación con la parte rusa para determinar las áreas y los grupos armados que estarán incluidos".

2. Damasco incide en "la importancia de controlar las fronteras, detener el apoyo de algunos países a los grupos armados y prohibir que esas organizaciones fortalezcan sus capacidades o cambien sus posiciones, lo que puede llevar a socavar el acuerdo".

La complejidad de un acuerdo de paz en Siria radica no sólo en conseguir el acuerdo real de Al Asad, sino en que la oposición -compuesta por distintos grupos- forme parte del acuerdo. El Alto Comité de Negociación (HNC, por sus siglas en inglés) se ha comprometido a respetarlo, informa la BBC. Pero también impone condiciones, de acuerdo con la resolución de la ONU 2254 aprobada el pasado diciembre, que -entre otros asuntos- exige el fin de los estado de sitio (que rige en unas 15 localidades sirias), permitir el acceso de ayuda humanitaria, parar los ataques contra civiles y liberar a los presos.

La dificultad añadida reside en que los múltiples grupos considerados terroristas sobre el terreno sirio no son los mismos para todas las partes y por lo tanto la definición de "civiles" difiere mucho según los ojos que los miren. La mayoría -exceptuando los países del Golfo que los sustentan- están de acuerdo en que el Estado Islámico es un grupo terrorista. Tampoco parece haber dudas sobre la naturaleza de Al Nusra, el brazo de Al Qaeda en la región. Ambos grupos están excluidos desde el principio de las negociaciones de paz en Ginebra y el nuevo acuerdo entre Washington y Moscú así lo refleja.

A partir de ahí, la lista se difumina y lo que para algunos son aliados, para otros son el enemigo. Empezando por el norte del país, la milicia kurda YPG -incorporada en la coalición Fuerzas de Siria Democrática- tiene el apoyo de Estados Unidos para combatir al Daesh (acrónimo árabe del EI). Pero Ankara equipara al YPG con su histórico enemigo, el PKK, por lo que no duda de que sus ataques a ese grupo son legítimos. “Turquía tiene su propia agenda de seguridad. En la medida en que necesite atacar a los kurdos en Siria, los va a atacar, porque tiene claro que no puede fiarse de Occidente para su seguridad”, asegura Alberto Priego, director del departamento de relaciones internacionales de la Universidad de Comillas.

La coalición Frente Islámico se compone de distintos grupos armados de ideología islamista que se han asociado en el pasado con Al Nusra y sobre cuya naturaleza y límites entre grupo terrorista u oposición armada no existe acuerdo. Ahrar al Sham es uno de estos grupos, considerado terrorista por Estados Unidos, Rusia y Siria. “AAS es eficaz, de ahí que se le apoye logísticamente por quienes desean que caiga Bashar al Asad y que se le combata por Rusia, que le considera tan terrorista como Al Qaeda”, explica Félix Arteaga, investigador principal de Seguridad y Defensa del Real Instituto Elcano.

“Para Rusia son terroristas todos los que combaten al régimen”, añade Arteaga. Lo mismo vale para Asad, aunque en el comunicado de su gobierno oficialmente limita las acciones bélicas que sí estarán permitidas pasado el 27 de marzo serán las dirigidas contra el Estado Islámico, Al Nusra y “otras organizaciones terroristas vinculadas con Al Qaeda".

Otros grupos armados dependen de los países del Golfo, como el Ejército de la Victoria, apoyado por Arabia Saudí; o el propio Frente Al Nusra, apoyado por Catar, afirma Priego. No en vano, el ministro de Exteriores alemán, Frank-Walter Steinmeier, ha declarado que el éxito del acuerdo “dependerá mucho de si los líderes regionales, los vecinos de Siria, apoyan el documento".

“Es un acuerdo muy frágil, porque no es de paz [sino de un cese en el enfrentamiento]. Creo que las partes que verdaderamente tienen poder sobre el terreno, no están presentes en la negociación [Estado Islámico y Al Nusra, especialmente]”, afirma Priego. “Es más bien un acuerdo para que Rusia deje de bombardear a los rebeldes, un acercamiento entre Estados Unidos y Rusia”.

Priego reconoce que es “bastante pesimista” sobre el éxito de este acuerdo con Asad para cesar los enfrentamientos. Un escepticismo que comparte Eckart Woertz, experto en Oriente Medio del think tank barcelonés CIDOB: “Por experiencia diría, que hay que esperar [para ver el éxito del anuncio del alto el fuego]”. No se fía de la capacidad de diálogo de las partes en las negociaciones de paz. Además, recuerda a los otros actores que influyen sobre el terreno: Turquía, Arabia Saudí, Catar.

“Ni Catar, ni Arabia Saudí, ni Irán (con 40.000 soldados sobre el terreno para garantizar la línea de suministros a Hezbolá en el Líbano), ni los kurdos ni distintos grupos anti Al Asad van a respetar el alto el fuego”, opina el profesor en relaciones internacionales. “Al asad es una parte más en el conflicto”.

Consultados por EL ESPAÑOL sobre quiénes formarán parte finalmente de la mesa de negociaciones de paz de Ginebra (en fase preparatoria de un nuevo intento tras el primer fracaso), la oficina del enviado especial de Naciones Unidas para Siria, se limita a afirmar de forma general que acudirán “el Gobierno, la oposición y otros”. Recuerdan que el acuerdo de alto el fuego aprobado es uno entre los rusos y los estadounidenses.

Más de 250.000 sirios han muerto en los cinco años de conflicto que el próximo 15 de marzo cumplirá cinco años. Son las cifras que maneja Naciones Unidas desde hace tiempo, pero un reciente informe del Centro Sirio para la Investigación Política elevó a 470.000 los fallecidos. Las negociaciones de paz de Ginebra no tienen fecha aún para retomar las conversaciones.