Captura de Captain Tsubasa 2: World Fighters.

Captura de Captain Tsubasa 2: World Fighters.

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Captain Tsubasa 2: World Fighters | Gestión de recursos, lucha disfrazada de fútbol y espectáculo digno de anime

El nuevo juego de 'Oliver y Benji' debuta a finales de agosto con nuevas mecánicas que ayudan a elevar la fórmula del original.

Más información. Captain Tsubasa: Rise of New Champions, recreando la serie y nuestras infancias

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Un centrocampista recibe el balón a cuarenta metros de la portería, mira al portero a los ojos y decide que ese va a ser el disparo que resuelva el partido. La bola sale ardiendo, dobla su trayectoria en el aire y el guardameta solo puede rezar. Más que fútbol parece ciencia ficción, pero en Captain Tsubasa es el día a día.

Ese es el espíritu que Tamsoft y Bandai Namco llevan dos entregas intentando meter en un mando, y con World Fighters por fin encuentran el punto exacto entre espectáculo imposible y un sistema de juego que sabe por qué hace lo que hace.

Tras probarlo varias horas queda claro que es la secuela que Rise of New Champions necesitaba: la misma exageración, pero con los engranajes bien engrasados.

El esqueleto sigue siendo el de siempre: fútbol arcade puro, donde el realismo importa lo mismo que en un combate de Dragon Ball. Lo que ha cambiado es la mano que lo mueve. Los duelos cuerpo a cuerpo, las entradas y los choques entre supermovimientos han ganado peso y se leen con mucha más claridad que en el primer juego, así que ya no da la sensación de estar viendo fuegos artificiales sin entender del todo qué acaba de pasar.

Yōichi Takahashi vuelve a supervisar el proyecto en persona, y se nota. Cada gesto, cada grito, cada cámara que se cierra sobre la cara del rival en el momento del remate, respira manga de principio a fin.

El verdadero campo de batalla

La gran diferencia respecto a su antecesor no es algo que de primeras parezca muy importante, aunque en la práctica es una vuelta de tuerca muy bien pensada. La barra de energía ya no es un simple contador que se vacía y se llena: es la columna vertebral de cada partido.

Cada futbolista arrastra su propio medidor de resistencia para tirar, regatear o usar algún pase o regate especial. Y los porteros no se libran: también tienen la suya, y se desgasta.

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Eso convierte cualquier ataque en una decisión con consecuencias. ¿Merece la pena quemar la barra en un movimiento potente ahora, o esperar a que el rival esté más cansado? ¿Conviene forzar el tiro sabiendo que el portero ya viene tocado?

Paralelamente cada disparo abre un pulso directo con el guardameta: el atacante elige la trayectoria, el defensor intenta adivinarla, y según acierte o no, gasta más o menos resistencia. Si se consigue llevar al límite al guardameta, se rompe: su resistencia máxima cae y el resto del partido juega a favor del jugador que protagonizó la ofensiva.

El resultado es que un partido de World Fighters ya no se siente como un intercambio de golpes de efecto, sino como una pelea por administrar el desgaste en el momento justo. Ganar el balón está bien; ganarlo cuando el rival ya no tiene con qué responder, mejor.

A eso se suma el sistema de 'max action': movimientos devastadores con un pequeño retardo antes de activarse, pensados para premiar al que sabe leer el ritmo del rival. Cuando dos 'max actions' chocan, se impone el que se lanza en último lugar, lo que obliga a jugar con los tiempos como en cualquier buen juego de lucha, calculando el golpe justo después del golpe.

Pero siempre con deportividad

El juego tiene un disfraz, que es el fútbol. Este se combina con la gestión de recursos, el rol, parcialmente, y el arcade. Detrás, se puede decir, está su otro género principal, el de juego de lucha. Las entradas, los bloqueos y los choques entre movimientos especiales tienen más de 'fighting game' que de simulador deportivo. Y funciona.

Cuando un regate se cruza con una entrada, y sale victorioso, sorprende, dada la potencia de las animaciones defensivas, que el jugador que pretendía driblar pueda volver a caminar. La delicadeza no está a la orden del día y el sobrenombre "fighters" le viene al dedo.

El riesgo de perderlo todo

Otra de las grandes novedades es la cadena. Cada regate, cada especial y cada gesto previo al disparo que se encadena sin cortar sube su nivel, y eso dispara la potencia y la velocidad de carga del siguiente tiro. Es la mecánica pensada para el jugador que quiere construir jugadas dignas del Real Madrid de Zidane en vez de ir directo a portería.

El problema es que la cadena no perdona: si se pierde el balón con el nivel alto, se pierde todo de golpe y pasa a jugar a favor del oponente, que puede realizar un contrataque digno del Real Madrid de Mourinho. Ese riesgo constante es lo que hace que cada decisión sobre cuándo seguir encadenando y cuándo cortar para rematar tenga un peso real, partido a partido, jugada a jugada.

Los números y los nombres

El roster reúne 22 selecciones nacionales y más de 110 jugadores jugables, con más de 150 movimientos inéditos respecto al primer juego. Sumado a la especialización por posiciones, el catálogo se siente por fin a la altura de un torneo que se llama "mundial".

Los supermovimientos siguen siendo la firma de la saga, pero ahora están mucho mejor repartidos según el puesto de cada jugador en el campo:

Delanteros: tiros de potencia bruta y remates aéreos pensados para rematar la faena.

Centrocampistas: regates y pases largos capaces de saltarse a media defensa rival de un plumazo.

Defensas: entradas quirúrgicas y bloqueos que, bien ejecutados, frenan disparos casi en automático.

Respecto al modo historia, la narración se centra en una adaptación del arco World Youth, el campeonato juvenil del manga, con Japón como protagonista absoluto y una lista de selecciones rivales que cualquier fan reconocerá al instante.

La creación y edición de personaje vuelve, pero esta vez está integrada en la trama de forma mucho más natural. El futbolista del jugador puede vivir el World Youth como un integrante más.

La puesta en escena

Visualmente, el juego no se corta un pelo: los efectos de los remates, las cámaras dramáticas y las animaciones de los especiales están diseñados para que cualquier jugada importante parezca sacada directamente de un capítulo. El menú remata la faena con melodías que evocan la serie sin disimulo, y ese cuidado termina de meter de lleno en el universo de Tsubasa.

Captain Tsubasa 2: World Fighters pule justo lo que había que pulir: la gestión de recursos, los duelos de acciones y el sistema de cadena convierten cada partido en algo más que una sucesión de efectos especiales bonitos.

Tiene capas tácticas de verdad y un ritmo que invita a probar, fallar y volver a intentarlo hasta sacar esa jugada que parece imposible. Consigue emocionar sin traicionar el espíritu de la serie.