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Durante siglos, una gran ciudad mediterránea ha escondido bajo sus calles una parte importante y sorprendente de su historia. No se trata de ruinas visibles, sino de un sistema subterráneo que aún sigue acaparando el interés y llamando la atención por su antigüedad y conservación.

Cuando hablamos de la presencia romana en España, es habitual pensar en anfiteatros, murallas o acueductos, pero hay una parte menos visible del pasado romano que es igual o aún más fascinante, y estas son las infraestructuras subterráneas que aún se conservan.

Esto es lo que sucede en la ciudad española Patrimonio de la Humanidad que esconde cloacas romanas bajo sus calles, siguiendo en pie 2.000 años después. Hablamos de Tarragona, antigua Tarraco, que aún mantiene tramos de alcantarillado romano debajo de las calles y que, en algunos casos, incluso siguen siendo parte del saneamiento actual.

De esta manera, nos encontramos con una ciudad que no solo conserva monumentos espectaculares en la superficie, sino que alberga una red bajo tierra que no deja de ser una muestra más de la capacidad de planificación de los romanos.

Como decimos, algunos de los conductos del alcantarillado antiguo continúan en uso de forma subsidiaria dentro de la red moderna, una forma de que exista continuidad entre el pasado y el presente, y que representa un caso excepcional dentro del patrimonio urbano español.

Tarraco, capital romana

Tarragona fue una de las grandes ciudades de la Hispania romana, llegando a tener un papel político de primer orden. Su conjunto arqueológico incluye murallas, foro, teatro, anfiteatro, circo, termas y restos de calles, y todos ellos se encuentran integrados en el paisaje urbano actual.

Esta mezcla entre ciudad actual y ciudad antigua hace que pasear por Tarragona suponga recorrer varias épocas al mismo tiempo. Además, la ciudad fue reconocida por la UNESCO como Patrimonio Mundial en el año 2000 gracias al valor excepcional de su conjunto romano.

El prestigio no se debe solo a la cantidad de restos, sino a su estado de conservación y la forma en la que se integran en la vida diaria. Pocas ciudades europeas muestran de manera clara cómo una capital romana dejó una profunda huella duradera en la estructura urbana moderna.

La ingeniería romana con más de 2.000 años

Las cloacas romanas de Tarragona son un claro ejemplo de la extraordinaria ingeniería de la civilización romana. Más allá de ser simples conductos de agua sucia, eran parte de un amplio sistema de drenaje y saneamiento pensado para que la ciudad funcionase con salubridad y orden.

Algunos de sus tramos fueron construidos con técnicas muy sólidas y aún presentan bóvedas y galerías reconocibles. Lo más interesante es que estas estructuras no quedaron enterradas como elementos muertos del pasado y, en algunos de los casos, aunque adaptados a las necesidades actuales, han seguido cumpliendo una función.

Cloaca Máxima de Tarragona.

Cloaca Máxima de Tarragona. Imagen de archivo

La capacidad de resistir el paso del tiempo como lo han hecho se explica por la calidad de la obra romana, así como por el tipo de materiales utilizados y por la lógica constructiva utilizada, que era muy avanzada para su época.

Los romanos dejaron en sus ciudades un modelo de urbanismo basado en el control del agua, de ahí que hubiese numerosos acueductos, cisternas, cloacas y canalizaciones que formaban parte de una red compleja que permitía el desarrollo de una vida urbana a gran escala.

En el caso de Tarragona en particular, este sistema hidráulico se puede apreciar en obras como el acueducto de les Ferreres, también conocido como Puente del Diablo (Pont del Diable), que servía para llevar agua desde el río Francolí a la antigua Tarraco.

Este acueducto es una muestra visible del mismo concepto técnico que dio forma a las cloacas. La ciudad necesitaba abastecimiento, evacuación y mantenimiento, y todo ello necesitaba de una organización precisa.

Fruto de los estudios arqueológicos realizados a lo largo de los años, se pudo comprobar que estas soluciones romanas no eran improvisadas, sino que venían dadas por el conocimiento acumulado. Por este motivo, siguen siendo funcionales tantos siglos después.

Cómo se conservan hoy las cloacas

La conservación de estas estructuras no es nada sencilla, puesto que, aunque se encuentren ocultas bajo el suelo, las cloacas romanas están expuestas a diferentes factores como la humedad, los movimientos del terreno y el propio paso del tiempo.

Por ello, los estudios arqueológicos y las intervenciones técnicas son fundamentales en la actualidad para poder determinar qué partes aún gozan de la estabilidad necesaria y cuáles, por tanto, necesitan de una mayor protección. El objetivo no es solo descubrir estas cloacas, sino evitar que se pierdan, conservando así un patrimonio histórico de la ciudad.

Los expertos han advertido que en Tarragona el alcantarillado histórico del casco antiguo no se estudia de manera sistemática desde hace décadas, lo que significa que aún hay mucho por investigar y por conocer de todo aquello que se esconde bajo las calles de la ciudad.

Cuando se realizan obras urbanas, es posible que se vayan dando a conocer tramos desconocidos de estas conexiones subterráneas, por lo que, más allá de sus grandes atractivos al aire libre, Tarragona tiene un yacimiento activo bajo tierra que es realmente interesante.

Tarragona es, por lo tanto, un perfecto ejemplo de lo que era una ciudad romana, con distintos espacios arqueológicos con un anfiteatro, un circo y unas murallas, y la evidencia de una red subterránea de gran relevancia.