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Hay muchos días en que el Teide permanece oculto tras un manto de nubes. La bruma se posa sobre sus laderas mientras el Atlántico acaricia la isla de Tenerife, creando un microclima que suaviza incluso los veranos más cálidos.

Durante décadas, los primeros visitantes del norte llegaron en busca de lo que entonces se consideraban "sanatorios". Hoteles que, ya en el siglo XIX, se llenaban de británicos adinerados cuyo objetivo era curarse de enfermedades respiratorias o reumáticas, aprovechando el fenómeno meteorológico conocido como la panza de burro.

Hoy, ese microclima de la ladera del Teide protege, casi como un secreto a voces, a un tipo de viajero distinto: quienes buscan un turismo más pausado, ligado a la naturaleza, la gastronomía y el lujo. Muy lejos del tópico del sol y la playa que rodea a las islas Canarias.

Bajo la sombra constante de la panza de burro, el norte de Tenerife ha empezado a dibujar otra cara de sí mismo. Lejos de la masificación turística del sur, Puerto de la Cruz combina historia, arquitectura colonial y naturaleza, configurando un escenario perfecto para una experiencia de lujo.

Vista desde una de las terrazas del Gran Hotel Taoro y un vino de Tenerife norte.

Vista desde una de las terrazas del Gran Hotel Taoro y un vino de Tenerife norte. EE

Las recientes aperturas del Gran Hotel Taoro y del Radisson Resort & Residences Tenerife son la evidencia más clara de esta transformación: no solo alojamientos, sino promesas de exclusividad, confort y conexión con la isla.

Lo hacen, además, con una particularidad: las autoridades ya no dejan construir nuevos hoteles de cinco estrellas y, si algún empresario quiere optar por este modelo, debe tomar un edificio ya existente y rehabilitarlo. Precisamente, lo que ha pasado con estos dos nuevos emblemas.

Así las cosas, el último hotel exclusivo en abrir sus puertas ha sido el Gran Hotel Taoro. Inaugurado en 1890 como primer hotel de gran lujo de España, renace tras décadas cerrado como un cinco estrellas Gran Lujo.

Su rehabilitación, con una inversión cercana a 35 millones de euros, ha respetado la arquitectura histórica y recuperado el espíritu de un alojamiento que recibió a figuras ilustres como Agatha Christie o a la realeza europea.

Alfonso XIII, Eduardo VIII, los duques de Kent, el rey Alberto I de Bélgica, y el primer canciller de la República Federal de Alemania, Konrad Adenauer, se hospedaron allí.

La escritora británica fue allí en 1927 tras su sonado divorcio y la muerte de su madre y, precisamente en las inmediaciones del parque de las Sortijas, comenzó a escribir El misterio del tren azul.

Situado en lo alto de una colina con vistas al Atlántico, el Taoro ofrece 199 habitaciones y suites, zonas de spa y un centro de congresos capaz de acoger eventos de gran formato.

Buscando estrellas

De nada sirve ofrecer un alojamiento excepcional, con vistas desde el Teide hasta al mar y jardines que parecen suspendidos en el tiempo, si no existen espacios donde recuperar fuerzas.

Lago Martináez, complejo de piscinas municipales diseñadas por César Manrique.

Lago Martináez, complejo de piscinas municipales diseñadas por César Manrique. EE

Por eso, desde el Gran Hotel Taoro explican que la gastronomía se ha convertido en uno de los grandes pilares de la experiencia de lujo. Para los responsables del hotel, comer no es solo una necesidad fisiológica: es un ritual, un recorrido cultural y sensorial que completa la estancia.

Con esa visión, la dirección del Taoro confiesa su ambición: traer nuevas estrellas Michelin al norte de Tenerife, una zona que hasta ahora solo contaba con un galardón en Puerto de la Cruz.

Para lograrlo, han reunido a dos chefs ya reconocidos con esta distinción en su palmarés.

Ricardo Sanz dirige OKA, alta cocina japonesa con alma mediterránea, donde la precisión técnica se encuentra con los productos locales; mientras Erlantz Gorostiza, con dos estrellas Michelin en Canarias, lidera LAVA, un espacio íntimo para 19 comensales.

Residencias privadas

A pocos pasos, el Radisson Resort & Residences Tenerife ofrece otra cara del lujo norteño: un complejo que combina hotel de alta gama y residencias privadas, manteniendo la esencia colonial de las casas bajas del norte.

Sus siete edificios albergan 209 habitaciones y 32 residencias, rodeadas de jardines con mangos, plataneras y otros árboles frutales, cuyos frutos se recolectan para los huéspedes.

La piscina, templada a 26°, se disfruta bajo el clima fresco que proporciona la panza de burro, y el conjunto logra una sensación de calma y exclusividad que distingue al norte del turismo más masivo del sur.

Estas dos grandes inauguraciones hoteleras completan la oferta de cinco estrellas que, hasta ahora, estaba en manos de dos únicos hoteles: Hotel Botánico and Oriental Spa Garden, otro cinco estrellas Gran Lujo como el Taoro; y el Semiramis.

Casa de pescadores

La apuesta por el lujo también se refleja en la gastronomía independiente, y el Taller de Seve es un ejemplo destacado.

Este restaurante, ubicado en una pequeña casa de pescadores de los años 60 en el barrio de la Ranilla, ha conseguido recientemente estrella Michelin. Con el galardón se ha convertido en el único restaurante reconocido del Puerto de la Cruz.

Su chef, autodidacta, comenzó a tiempo parcial junto a su mujer y hoy dirige un local minimalista de 20 plazas.

Decoración interior del Taller de Seve.

Decoración interior del Taller de Seve. EE

Su cocina, basada en productos locales y de su propia finca, mantiene la esencia del norte de Tenerife. Mucho sabor a ajo y comino y una apuesta por verduras, frutas, pescados y carnes de la isla. Con un menú corto y otro largo, sin nombres ni florituras, porque su chef reconoce que, de no ser así, se lía con los nombres.

Junto a Seve, la isla también tiene propuestas de lo más interesantes como el proyecto de Cumai donde María y Currro Palomares ofrecen una carta breve y sabrosa. Verduras y pescados trabajados con mucha hortaliza fresca que hace absolutamente necesario su afamado pan: casero, recien hecho, con un toque abriochado y muy especial. Perfecto para no dejar nada en el plato.

Famoso pan brioche de Cumai elaborado en el propio restaurante.

Famoso pan brioche de Cumai elaborado en el propio restaurante. EE

Con esta apuesta por hoteles de cinco estrellas y restaurantes donde el producto es el eje del proyecto, las autoridades del Cabildo de Tenerife posicionan el norte como un destino de lujo.

La base sobre la que levantar este nuevo destino exclusivo ya la tenían: la naturaleza, con senderos por el Parque Nacional del Teide y vistas a acantilados y costas volcánicas; el clima, suavizado por la panza de burro; y la cultura local, reflejada en barrios como la Ranilla y en la arquitectura colonial de Puerto de la Cruz.

El norte de Tenerife se presenta así como una alternativa clara a la oferta del sur. Mientras las playas y el sol atraen a quienes buscan descanso y calor, el norte invita a redescubrir la isla desde la calma, disfrutando del paisaje, la gastronomía y la historia.

La panza de burro, que cubre los valles y suaviza el calor, se convierte en un sello del destino, una protección natural que envuelve hoteles, jardines y restaurantes, reforzando la sensación de que cada visita es única.