Kash Patel, director del FBI, en la comisión de investigación.

Kash Patel, director del FBI, en la comisión de investigación. REUTERS/Evan Vucci

Estados Unidos

El FBI rebaja sus requisitos porque no encuentra agentes: tener sexo con animales ya no es causa directa de expulsión

Su director, Kash Patel, pasó un mal trago en el Senado para explicar los cambios en las normas de selección.

En paralelo, el ICE comienza a despedir a agentes que contrató sin comprobar antes si estaban cualificados.

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Denver
Publicada

Durante años, mantener relaciones sexuales con animales era una de las líneas rojas para trabajar en el FBI. Si aparecía en el historial de un aspirante, su candidatura se descartaba automáticamente. Pero ahora Kash Patel, el director nombrado por Donald Trump, ha decidido darle una vuelta a la norma.

Si ocurrió antes de los 18 años, el candidato ya no queda automáticamente descartado. Con más de 1.100 agentes especiales saliendo de la agencia este año, hasta los antecedentes más difíciles de explicar merecen una segunda oportunidad.

Las prisas por contratar personal no afectan solo al FBI. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, el famoso ICE, ha incorporado también a miles de agentes antes de completar todos los controles. Ahora está despidiendo discretamente a parte de ellos, al descubrir problemas que deberían haberse detectado antes.

Uno ha flexibilizado los filtros, el otro ha ofrecido contratos antes de aplicarlos. Dos formas similares de favorecer la contratación de agentes que llevan una placa y una pistola.

La pregunta que atrapó a Patel

La reforma salió a relucir durante una sesión parlamentaria de control al FBI. El senador demócrata Dick Durbin repasó los tres cambios que ya no cierran automáticamente las puertas de la agencia: robar a un jefe, pagar por sexo y practicarlo con animales. Era difícil que la última pasara de puntillas.

Patel agradeció que sacara el tema, en sus propias palabras. Según explicó, la antigua norma podía expulsar tanto al explotador como al menor obligado a hacerlo por una red de trata. Durbin señaló la letra pequeña, y es que ese matiz no aparece sobre el papel. Cualquier caso ocurrido antes de los 18 años ya puede someterse a una valoración individual.

La explicación no convenció a la oposición, pero tampoco a los suyos. John Kennedy, senador republicano por Luisiana y poco sospechoso de participar en una emboscada contra Trump, quiso saber por qué el FBI había decidido meterse en semejante jardín.

Patel le explicó que la regla anterior excluía a cualquiera que hubiera participado "en cualquiera de los dos lados". Kennedy quiso saber si eso significaba que también quedaba descalificado el animal del proceso de selección. El director se rió y respondió que el FBI tenía "perros estupendos" y "ningún interés en el sexo con animales". Sin duda, no fue su mejor interrogatorio.

El republicano volvió entonces a la pregunta importante: si alguien había mantenido voluntariamente relaciones sexuales con un animal, ¿podía terminar trabajando como agente? Patel respondió que no. La realidad es que era más bien un "no necesariamente”.

Kash Patel, director del FBI, en la comisión de investigación.

Kash Patel, director del FBI, en la comisión de investigación. REUTERS/Evan Vucci

Retirar el veto automático, insistió, no garantiza una plaza. Los candidatos todavía deben superar una investigación de antecedentes, un polígrafo y los controles para acceder a información secreta.

Según el director, funcionarios del FBI le habían mostrado expedientes de víctimas que después intentaron entrar en la agencia. No dijo cuántos ni especificó cuándo habían llegado esas solicitudes.

La realidad es que, a lo largo de 62 años, ha habido 472 detenciones relacionadas con estas prácticas en Estados Unidos y solo en 38 de ellas alguien había obligado o convencido a otra persona para que participara. No parece una avalancha de candidatos, aunque se trate de una conducta difícil de detectar y denunciar.

El cambio de las normas no ha sido reciente, aunque haya salido ahora a la luz. Ocho días después de que el Senado confirmase a Patel como director de la agencia, en febrero de 2025, estas conductas desaparecieron de la guía pública como motivos automáticos de expulsión.

Los demócratas han dado al FBI hasta final de mes para entregar los criterios internos, revelar cuántos aspirantes se han beneficiado y explicar si se han estudiado los riesgos de chantaje, infiltración o pérdida de credibilidad ante un tribunal.

Doce mil puestos a toda prisa

Los cambios del FBI no han surgido de la nada. Patel reconoce que la agencia está perdiendo candidatos por culpa de "requisitos anticuados". Sus críticos añaden otro dato: en algo más de un año, se han marchado más de 1.100 agentes especiales que llevaban más de 21 años trabajando para la agencia.

Con los veteranos saliendo por una puerta, algunas de las antiguas líneas rojas comienzan a parecer negociables para que los nuevos entren por la otra. La misma urgencia recorre el resto del aparato de seguridad de Trump.

Mientras en el FBI se han eliminado vetos automáticos, en el ICE, directamente se ha empezado a contratar antes de pasar las revisiones básicas de antecedentes. Las decisiones no son iguales, pero ambos responden a la misma prioridad: llenar las plantillas cuanto antes.

En la policía migratoria el objetivo ha sido especialmente ambicioso. La gran ley presupuestaria de Trump ha destinado miles de millones de dólares a elevar su plantilla operativa de unos 10.000 a 22.000 agentes. En su primer año de mandato había que levantar, casi desde cero, la fuerza necesaria para ejecutar las deportaciones masivas prometidas por el presidente.

Kash Patel, director del FBI, en la comisión de investigación.

Kash Patel, director del FBI, en la comisión de investigación. REUTERS/Evan Vucci

La campaña era suculenta. Ofrecía incentivos de contratación de hasta 50.000 dólares, se eliminaba el límite de edad de 40 años y se recortaban las semanas de formación. Incluso algunos policías pudieron saltarse directamente la academia. En los primeros meses de mandato del presidente llegaron más de 220.000 solicitudes y la agencia ha terminado ofreciendo puestos a unas 12.000 personas.

La avalancha desbordó las oficinas. Las tandas de uno o dos fichajes se convirtieron en 60. No había suficientes mesas, ordenadores ni baños. Tampoco tiempo para revisar cada expediente. Algunos agentes recibieron por correo electrónico el puesto y el lugar de destino sin haber pasado siquiera una entrevista personal.

Una denuncia interna advirtió en agosto de 2025 que había candidatos autorizados para trabajar antes de comprobar sus huellas, verificar su identidad o revisar su historial de crédito, algo imprescindible para conseguir un empleo federal en EEUU. Su responsable pidió detener las incorporaciones hasta recuperar los controles básicos. La contratación continuó.

Los problemas se empezaron a multiplicar. Cinco aspirantes fueron expulsados del cuerpo al descubrirse que tenían órdenes de detención en vigor. Otros dos despertaron sospechas por posibles vínculos con la Mara Salvatrucha. Más de 200 fueron despedidos pocos meses después del comienzo de la campaña. Y la lista continúa. La agencia, ante la polémica, asegura que son despidos rutinarios.

Despedidos tras recibir la placa

Entre quienes superaron aquella primera ronda de contrataciones masivas estaba Joseph Moore, reservista de los Marines y padre de dos hijos. Había salido mal parado de dos departamentos de Policía y el Servicio de Impuestos Internos ya lo había despedido como investigador tras concluir que ocultó parte de su historial.

El ICE lo contrató como agente de deportaciones. No tuvo que pasar por la academia y completó por Internet parte de la formación antes de empezar a localizar y detener inmigrantes. En mayo, la agencia descubrió que sus antecedentes no eran compatibles con el puesto, aunque siguió trabajando durante otros tres meses.

A finales de agosto le comunicaron que iban a despedirlo. Inmediatamente después, Moore murió de un disparo en el aparcamiento de la oficina del ICE en Filadelfia. La Policía lo consideró un suicidio. Dos antiguos compañeros creen que nunca debió llegar a trabajar ahí. El historial que terminó costándole el puesto y la vida no había aparecido de repente: estaba documentado antes de que el ICE le contratara.

El FBI defiende la evaluación individual de cada aspirante. El ICE sostiene que despedir a quien no cumple los requisitos forma parte del funcionamiento normal de cualquier empresa. El problema no está en revisar o rectificar, sino en hacerlo cuando las plazas ya se han repartido y algunos agentes llevan meses armados y practicando detenciones.

La Administración Trump pudo presumir de miles de incorporaciones en tiempo récord. Ahora comprueba, expediente a expediente, si suponen un riesgo para la seguridad ciudadana.