Cristina Cantero, entrenadora del Celta Baloncesto
Cristina Cantero, entrenadora del Celta Baloncesto: "Me tiré diez años para ascender, el reto ahora es mayúsculo"
Pese a encadenar 26 partidos consecutivos sin perder, el Celta Femxa Zorka tendrá que superar el reto del 'playoff' de ascenso para volver a la máxima categoría del baloncesto femenino en España
Podría interesarte: Doble medalla europea para el gallego Sergio Rodríguez: "Lo tenía y se me escapó por nada"
El Celta Baloncesto Femenino se juega el ascenso a Liga Femenina Endesa este próximo mes. Cristina Cantero (Cabra, Córdoba, 1978) lidera este joven proyecto desde el banquillo, que tiene como objetivo devolver al histórico club olívico a la máxima categoría del baloncesto en España.
Desde hace 11 años, "el Celta es 24/7" para Cristina Cantero. Tras años en categorías inferiores, en 2015 cogió las riendas del primer equipo, que entonces navegaba por LF2, y lo devolvió en 2023 a Liga Femenina, donde un club con cinco campeonatos de liga y cuatro Copa de la Reina merece estar.
Pese al descenso a la Liga F Challenge la pasada temporada, el Celta Femxa Zorka es historia del deporte de Vigo. Como lo es la entrenadora cordobesa: el papel de Cristina Cantero en el crecimiento del club en la última década es incontestable, así como su huella como jugadora celeste a principios de los 2000.
¿Cómo descubriste y te enamoraste del baloncesto?
He vivido en un entorno donde mis hermanos y mi familia han disfrutado mucho del deporte. Yo me iba siempre con mis hermanos a jugar, se me daba bien y hay un momento donde entro en las escuelas de baloncesto. Me podía tirar horas en el pabellón porque era donde yo disfrutaba.
A partir de ahí me seleccionan para la selección cordobesa primero y luego la andaluza. Yo no sabía muy bien a qué iba allí. Me acuerdo de que mis hermanos me decían: llega allí, juégatelas todas y que te vean. Cuando empecé a salir, hice bien las cosas, era capaz de destacar y muy pronto me ficharon en Granada.
¿En qué momento pensaste "yo valgo para esto y puedo hacer carrera"?
Yo soy una persona con las ideas muy claras, incluso desde muy joven. Entonces, no es que me diese cuenta de que el baloncesto era lo mío, pero tenía claro que esa oportunidad la iba a coger y que el deporte era mi camino.
De hecho, cuando dije "yo me quiero ir a Granada", nos pilla en un momento muy difícil por la muerte de un familiar. Yo tenía que decidir irme y no me iba, era un momento crítico de la familia y no podía. Hubo un momento, hablando con mi hermana mayor, que era como "aprieta a papá y a mamá porque me tengo que ir".
Abandonaste Granada para venir a jugar en Vilagarcía y, tras una temporada en Zaragoza, en Vigo para el Celta, ¿cómo fueron esos primeros años tan lejos de tu hogar y tu familia?
Mi padre me decía: "¿Dónde vas? Ese sitio está en la otra punta". Pero me llamó la atención Vilagarcía y allí fui, al sitio más lejano. Al principio me costó adaptarme a lo que me pedían: empecé sin jugar, físicamente no tenía el nivel. Ahí mentalmente vas sufriendo: "Estoy a 1.000 kilómetros de casa y no doy pie con bola". Zaragoza también fue un aprendizaje difícil, porque hay un momento que lo pasas muy mal.
Los deportistas pasan por muchos altibajos, como que los fracasos deportivos son mucho más palpables
Sí, de repente empiezas a sufrir lo que es no jugar, lo que es un equipo muy profesional, donde no te llevas bien con todo el mundo, la presión de la prensa, sobre todo en un sitio como Zaragoza. Allí fue un año regulero, pensé que no me iba a fichar nadie y me salió la oferta del Celta, que justo cambia de objetivos.
Viene luchando por la liga, de jugar en Europa, y cambia de presupuesto y hace un equipo de un escalón más bajo y puedo entrar ahí. Y me vino como agua de mayo: a nivel personal tenía la idea con mi pareja de volver a Galicia y aquí encantada de la vida.
¿Qué pasó en Vigo para que asentaras tus raíces aquí?
Soy una persona que se establece muy bien en los sitios. Si me tratan bien y soy capaz de rendir, como me pasa en Vigo, yo soy feliz: soy de asentarme, de comprometerme a tope con mi club y de sacar lo mejor que tenga por el bien del equipo. (...) De hecho, cuando me retiré es porque no estaba dispuesta a aceptar el rol que querían para mi. Mi cabeza no estaba dispuesta a hacerlo, yo tenía otro foco que era la maternidad y un plan b establecido.
¿Entrenar?
El último año ya entrenaba en Maristas, me cogí un equipo con Miguel Méndez. Buscaba también la posibilidad de entrar en el colegio, soy licenciada, y estaba de preparadora física en el AMFIV. Tenía los huevecillos puestos para trabajar.
La retirada es uno de los momentos más complicados de un deportista, sobre todo para deportistas que no ganan millonadas, como pasa en vuestra disciplina.
Es muy complicado. Encima más en mi época que a nivel de Seguridad Social no estábamos en las mejores condiciones. En mi caso es lo que me pedía la cabeza, ya tenía trabajos en otros lados y podía ganarme la vida.
El problema que tiene la jugadora es cuando lo tiene que dejar, no porque tenga claro nada, sino porque el cuerpo no da más o en este equipo no juega nada y no tiene plan B, no tiene estudios. Ahí se te complica el tema. Es verdad que como no tienes experiencia en ningún trabajo, no te contrata nadie. Entonces depende de cómo te hayas movido socialmente.
De vuelta en la lucha por el ascenso a Liga Femenina
Tras años en cantera, te llega la oportunidad de entrenar al Celta ¿Cómo valoras estos once años a cargo del equipo?
Cogí el puesto con muchísima ilusión. Empezamos 0-8 en Liga 2 palmando. Me pasó lo mismo en Liga Femenina: empiezo lento, pero mis equipos al final van funcionando. Me he encontrado muy cómoda en este rol. Disfruto muchísimo del día a día. Creo que tengo la capacidad para transmitir la pasión que yo siento a los demás, entonces las jugadoras acaban implicándose muchísimo.
El segundo año en Liga Femenina sí fue complicado, con el fatal desenlace del descenso a Liga F Challenge, ¿cómo recuperaste la energía para seguir al frente del proyecto?
Para mí fue un año muy duro en lo emocional. De un año a otro de Liga Femenina no cambió mucho, de sufrimiento, mismo número de victorias, pero sí emocionalmente en el día a día. La gente no transmitía e implicaba un esfuerzo bestial por parte del staff de estar encima de ellas. Entonces, ese desgaste emocional cuando tú lo das todo y encima no lo consigues, tocas fondo.
Entonces, la verdad es que me vino super bien el periodo que hay de parón, el ir con la española, que para mí fue una motivación extra. Encima el verano fue genial. Lo decidí antes, pero ese punto en la primera concentración de decir 'aire puro'. Ahí fui recuperando cómo soy yo.
¿Cómo valoras esta temporada en Liga F Challenge hasta el momento, antes del comienzo de los playoff?
El año ha sido muy bonito, pase lo que pase, no nos va a quitar nadie eso. No por las victorias, sino porque es un equipo muy joven, liderado por las veteranas, pero muy sanote en el día a día. Muy sinceras con lo que dan, con sus aciertos y con sus errores. Entonces es un equipo muy divertido porque sabes que te lo dan todo.
La mitad del equipo está casi en 18 años y eso es una locura. Más los dos cruzados, más meter dos piezas en enero. Hemos pasado cosas que el equipo ha ido superando y ha sido capaz de seguir sumando. Yo eso lo valoro una barbaridad.
¿Os pesa la responsabilidad de ser las favoritas del playoff?
Ascender es muy difícil. Me tiré diez años para ascender. Sé que es muy difícil y el reto ahora es mayúsculo. Quizá ahora nos pese la responsabilidad de ser favoritas, no lo sé. Yo les digo a ellas que no hay gramos, lo que hay que hacer es soltarse. Estoy tratando de que ellas estén seguras y se agarren a hacer lo que ya sabemos hacer, pero el deporte es deporte. Ha habido muchos partidos donde los tiros difíciles los hemos metido y hemos ganado, y a lo mejor se pone cruz. ¿Eso va a deslucir lo que hemos hecho? Claro, porque el objetivo está claro que es ascender, pero es deporte y sé que es muy complicado porque nosotros no vamos con una plantilla de talonario.
Cristina Cantero, Celta y Vigo
¿Qué crees que aporta tu figura al Celta y al baloncesto de Vigo?
Creo que el Celta, como club, no sólo yo, es un referente a nivel de baloncesto femenino. Vivo las cosas del club al 100% y trato de estar lo más cercana posible. Es verdad que desde que el equipo subió a Liga Femenina me cuesta más acercarme. No por nada, sino porque no tengo tiempo. Voy pillada, voy a full de trabajo. Pero intento vivir la cantera, vivir las niñas que salen. Trato de vivir el club a tope.
A nivel Vigo, soy accesible a todo el mundo. Echo en falta gente que diga 'vengo a ver un entreno'. Es el equipo que está arriba, pero no porque tengan que venir a aprender, yo sigo aprendiendo de los que vienen de prácticas: me preguntan, me hacen pensar. Entiendo que todo el mundo va a 100% por la vida y que no tiene tiempo. Trabajan y entrenan y es un poco imposible.
Vigo es una ciudad donde el fútbol se lleva todas los focos y portadas, ¿sentís que no hay espacio para otras disciplinas o la falta de apoyo institucional o social?
Es verdad que es una ciudad muy de fútbol, pero hemos generado una comunidad que viene mucho, por la cantidad de niñas que tenemos y sus padres. En partidos gordos el pabellón está lleno y la gente se queda fuera. Yo sí me siento muy arropada. La gente me para por la calle y me dice 'mucho ánimo', 'mucha fuerza' y es guay. Todo el mundo viene a disfrutar, ganes o pierdas. Hay un ambiente increíble que no lo hay cuando viajamos por toda España.
¿Qué significa para ti el Celta?
El Celta es 24/7 desde hace muchísimos años. Está en mi día a día a todas horas. Gracias a dios, la estructura del club ha crecido tanto que me permite ser entrenadora del primer equipo y tener menos funciones. Tengo más gente cualificada a mi alrededor, que lo hacen mejor de lo que lo haría yo. El club va creciendo y haces que tú pongas el foco en ciertos aspectos más reducidos y gane calidad. En eso estoy super orgullosa del club. Creo que Paco Araujo estaría orgullosísimo.