Carla Hidalgo. Alumna de 6º.

Carla Hidalgo. Alumna de 6º.

Educación

Así ha revolucionado el Covid-19 la educación 'online': en sólo dos meses se han avanzado años

Los colegios SEK, a través de la tecnología, han seguido dando clases gracias a simuladores como Clona tu propio ratón. 

18 mayo, 2020 02:07

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El objetivo de Clona tu propio ratón es crear en un laboratorio un roedor idéntico a Mimi, una hembra marrón. Para ello, cuentas con las células de la propia Mimi, las de otro ratón donante y una tercera roedora que hará de gestante subrogada. Tienes un microscopio con sus placas de Petri (el material de vidrio necesario), las pipetas y los químicos para estimular el crecimiento celular. No se requieren bata, guantes, ni gafas de protección. Sólo un ordenador: Clona tu propio ratón es un simulador de laboratorio de la Universidad de Utah, Arizona.

Desarrollado por el Centro de Ciencia genética, está destinado a alumnos de Bachillerato a los que permite trastear y experimentar de forma online como si estuvieran en un laboratorio real. Es el método del prueba-error pero en digital, sin la necesidad de estar en el aula física. Justo lo que millones de alumnos y profesores de todo el mundo están haciendo estos meses… por obligación. Un salto forzoso que ha permitido, en algunos casos, avanzar años en un par de meses. “Son laboratorios muy orientados a la docencia, en las que el alumno puede probar y probar en remoto”, reconoce Francisco Tejeira, profesor de Diseño Digital de Primaria y ESO en el Colegio SEK Alborán de Almería. Su red de colegios trabaja con los de CloudLabs. 

“Hemos visto que la tecnología nos está permitiendo muchas cosas que no se nos habían pasado por la cabeza y que ahora vamos a aprovechar para el futuro”, explica María Ángeles Fernández, vicerrectora de la Universidad Camilo José Cela. La institución ya contaba con una plataforma tecnológica para compartir información y trabajar online con los alumnos, pero el Covid-19 ha hecho a todos ir más allá. Y buscar cómo llevar a cabo eso que parece imposible si no es presencial. Como las prácticas.

“Las tecnologías ya existían, pero esto nos ha obligado a acelerar su uso, tanto en alumnos como en profesores”, explica Joaquín Rodríguez, director corporativo de Diseño, Innovación y Tecnología Educativa de la Institución SEK. En sus colegios también trabajan desde hace cinco años con lo que llaman un ‘ecosistema’ digital que incluye desde biblioteca, hasta cuadernos compartidos, canales de comunicación y aplicaciones al servicio de sus contenidos. Una maquinaria que estos días trabaja al 100%. Es el nuevo entorno de aprendizaje frente a la pandemia.

Simulador Clona tu propio ratón. Universidad de UTAH

Simulador Clona tu propio ratón. Universidad de UTAH

Simuladores de laboratorio, escape room … Son las versiones online de lo que hasta hace unos meses creíamos, sencillamente, insustituible. “Hemos avanzado años en sólo unos meses”, explica Daniela Kemeny, subdirectora general de los Colegios Internacionales SEK. La reflexión resume algo que está pasando en la Educación: la crisis del Covid-19 ha traído avances que hubieran tardado décadas y que ahora, de golpe y porrazo se han asentado. Como esas prácticas virtuales. ¿Son efectivas? Los pilotos completan su formación con horas de vuelo y con… simuladores. Sirva el ejemplo para ver la revolución a la que estamos asistiendo en la educación. 

Antonio es médico anestesista y padre de dos hijos, en 1º y 4º de la ESO en el Colegio SEK El Castillo, en Madrid. “En los inicios de mi formación tenía que ir a Estados Unidos para formarme con los mejores. Hoy viajo para saludar a los amigos pero puedo aprender online, con herramientas digitales, con audiolibros... La Sanidad en esto va por delante. Yo trabajo con robots, se podría operar a distancia…”, explica a EL ESPAÑOL. Se define como humanista y es un gran defensor del uso de la tecnología, recordando siempre que es la persona la que piensa, la que controla la máquina. “Simuladores sí, robots también, pero yo tengo que mirar a mis pacientes a los ojos”, asegura. Como los profesores a sus alumnos, aunque sea a través de la cámara del ordenador.

Brecha digital

Para los más pequeños, por ejemplo, “los pedagogos están haciendo hincapié en la importancia de la afectividad y en no perder el vínculo con la comunidad educativa”. Lo recuerda Francisco Sáez, profesor de inglés en el CEIP La Pedrera de Yecla (Murcia) quien nos habla de “las nuevas herramientas del ‘telecolegio’: desde aplicaciones basadas en la gamificación –enseñar a través del juego- para crear concursos de preguntas, juegos similares al teléfono roto a programas para gestionar las tareas, pizarras digitales…”.

Saez, que ha creado un blog para estar en contacto con padres y alumnos, en los que pone tareas, juegos, audios y explicaciones, no se olvida sin embargo de un hándicap: “Lo más duro de la teleeducación es que en muchas clases se ha perdido el contacto del 30-40% de las familias. La brecha digital es enorme en según qué centros”, reconoce.

Y esto con la incógnita de qué nos deparará el próximo curso. Muchas son las cosas que hay que solucionar, como esa brecha. Pero hay otras, como las que la tecnología ha traído estos meses, de las que sería un error desprenderse cuando se vuelva a la educación presencial.

Francisco Sáez, profesor en Yecla, Murcia. En video conferencia con alumnos y padres.

Francisco Sáez, profesor en Yecla, Murcia. En video conferencia con alumnos y padres.

“Todo esto abre la posibilidad a una educación global. Porque si somos tan buenos y podemos enseñar tantas cosas vía online, compartir el conocimiento… ¿Por qué no llevarlo también a esos pueblos donde no hay accesos a centros educativos? ¿A la España vacía? ¿A esos niños que tienen que pasar meses en hospitales, o aislados, y acaban perdiendo el curso? Ahora ya sabemos lo que se puede hacer y si no lo hacemos es porque no queremos”. Es la conclusión de Antonio, padre y médico, a la revolución tecnológica de la educación. El año pasado, justamente, uno de sus hijos, para un trabajo de investigación lanzó una startup: una plataforma que conectaba al colegio con los hospitales para la enseñanza de niños enfermos. “Cuánto nos acordamos ahora de este proyecto la directora del colegio y yo”.

Cuando a Carla Hidalgo, 11 años, alumna de 6º de Primaria en el Colegio SEK Santa Isabel de Madrid, le dijeron en marzo que todo el mundo a casa, no se imaginaba lo que le esperaba. Un par de días de clases online y comenzó con síntomas de Covid-19. Una ligera recuperación y después, neumonía en un pulmón. “Todos los profesores me ayudaron mucho”, recuerda, ya curada, al teléfono. Confinada con el virus –no llegó a estar ingresada-, no ha perdido clase. Y le ha sorprendido, nos dice, lo divertida que puede llegar a ser una clase por videoconferencia. Y hacer Educación Física “con retos”. De este aprendizaje de forma diferente se queda con experiencias como las de Música. “En clase teníamos instrumentos, pero en casa no, hemos usado aplicaciones para hacer canciones y ritmos”.

Exámenes 

Programas para enseñar a todos los niveles, pero… ¿cómo examinar? Exámenes prácticos y de contenidos. ¿Cómo gestionarlos online? “El examen tradicional, con boli y papel… en este caso con teclado, no es igual de fiable”, reconoce Daniela Kemeny, de SEK. Ni desde la más cándida ‘honestidad académica’, esa que confía en el juego limpio absoluto del alumno: que no está copiando de otra pantalla o se lo está soplando su hermano al lado... o se lo está haciendo alguien: hay hasta negocio en internet de personas que se ofrecen a pasarte el examen por un módico precio. Para controlar, existen algunas herramientas y plataformas que te bloquean el ordenador… Pero tampoco sirven al 100%.

Ante esta situación, el mundo académico reflexiona: “¿Qué queremos? Es lo que nos preguntamos, sólo dar una nota o comprobar si ha funcionado el aprendizaje?”, dice Kemeny. Y de ahí nacieron nuevas ideas Tanto para ciencias, como para letras. Todos los que hemos pasado por un aula recordamos el temblor ante "este examen podéis hacerlo con el libro abierto". Pensar, había que pensar. En el Colegio SEK-Alborán de Almería, por ejemplo, han ideado los Desafíos argumentativos para enseñar y evaluar Historia de la Filosofía. Los alumnos graban sus propios vídeos debate y luego incluso se suben a Youtube.

“Hemos tenido que cambiar de una calificación neta a una evaluación de lo aprendido”, explican los expertos. “Esto nos debe ayudar a enriquecer el sistema”, defiende Rodríguez, director de Innovación en SEK. Por ejemplo, en algunas asignaturas, los profesores les piden a sus alumnos que hagan un vídeo para explicar lo que ha aprendido a alumnos más jóvenes. Lo que se conoce como ‘mentoría’. Ayuda a ambos: a los mayores y a los más pequeños. “Es el aprendizaje significativo, por proyectos reales”, explica Rodríguez. O se les activa un Escape Room.

En SEK están trabajando uno con el calentamiento climático y la protección del Mar Mediterráneo. El Bosque, el barco, la playa, caminando hacia el futuro, un mundo nuevo… son nombres de algunas de las pantallas que hay que ir superando. Y es que un Escape Room digital permite a los alumnos ir jugando mientras resuelven pruebas para avanzar por distintas misiones, relacionadas con transportes, contaminación, futuro, diversidad marina… Las pruebas suelen establecer un tiempo y sirven para medir, mediante gamificación, todo lo aprendido así como a desarrollar nuevas habilidades.

Escape Room.

Escape Room.

“En Fisioterapia hemos tenido que echarle imaginación, hemos sumado un tipo de evaluación más oral, más explicativa”, explica Fernández. ¿El objetivo? Valorar si el alumno ha logrado el aprendizaje deseado. ¿Y cómo se hace eso, profesora? Preguntamos a Gracia Gallego, profesora de Anatomía y Osteopatía del Grado de Fisioterapia de esta Universidad: “Por ejemplo, hacemos que el alumno haga de profesor, que a través de forma oral o un escrito, nos explique la práctica”.

Iria Hernández es alumna de 2º de Enfermería. Y así, nos explica, lo han vivido ella y sus compañeros: “El examen agobia más, por el espacio, porque estás en un aula virtual, y tengo compañeros que igual tienen un ordenador de sobremesa sin cámara…”. Y se han quejado, en ese eterno debate sobre los exámenes, ahora también abierto en el lado virtual, de que “en algunos momentos pueda parecer más importante no copiar que aprender”.

Por supuesto, reconoce que este final de curso se está haciendo complicado. Su curso ha tenido que anular las prácticas previstas en hospitales. Nos cuenta que trabajan con vídeos y que hasta algún profesor ha grabado alguna práctica con familiares para poder avanzar. “Todos hemos tenido que adaptarnos”, reconoce. Prácticas desde la distancia, exámenes online, pero a la vez, y para suplir el mundo presencial, más cercanía ‘virtual’ con los profesores. “Están mucho más cercanos y se ha implicado mucha gente, nuestros profesores y parte del equipo de la Universidad”, explica.

Más ‘cercanía’ con el alumno

“Lo que más hemos logrado cambiar es la diferenciación y la personalización”, explica Daniela Kemeny. Pero, ¿cómo puede ser eso ahora que el alumno y el profesor están más lejos? Pues precisamente por eso. “La tecnología nos obliga a seguir más de cerca al alumno, para comprobar si ha ‘consumido’ el contenido”, reconoce Kemeny. A preguntarle más, a abrir más los canales de comunicación. Si uno puede despistarse en clase, imagínate en casa. Al otro lado de la pantalla. “Los profesores les preguntan más que cómo están, por correo, por videoconferencia, por chats abiertos durante las clases… se está en constante chequeo con ellos”, desgrana. “Otra parte buena de esto, el estudiante es como si tuviera al profesor para él solo, porque lo tiene ahí en la pantalla”, refrenda Pilar Sanchís, profesora de Español en la Universidad Ca’Foscari de Venecia (Italia).

Y también hay sorpresa en la asistencia universitaria. “Se pasa lista igual que en las clases presenciales”, explica la vicerrectora de la Universidad Camilo José Cela. “Y hemos visto que, manteniendo un sistema síncrono –en directo, a la hora que corresponde la clase-, el 75% de los universitarios asiste al 80% de las clases”.

María Ángeles Fernández, vicerrectora de la Universidad Camilo José Cela.

María Ángeles Fernández, vicerrectora de la Universidad Camilo José Cela.

‘Pantalla, pantalla, pantalla’

Ahora, no todo es tan maravilloso. Una de las principales quejas de las familias llega por el tiempo ante la pantalla. Muchas horas. “Hemos ajustado los horarios, las clases duran ahora 45 minutos, las dividimos en dos partes: durante la primera el profesor explica y durante la segunda, el alumno desarrolla una actividad, no se requiere el uso de pantalla, pero el profesor tiene abierto el chat para las dudas”, explica Kemeny. Las clases se realizan en directo, modalidad síncrona. Pero si se graban, pueden volver a verse. Lo que permite volver a revisar si hay algo que se le ha escapado al alumno.

Que el grito de alarma lo den los padres resalta la importancia de la familia en la educación. Bien lo saben a día de hoy todos esos progenitores que llevan dos meses confinados con sus hijos. Están compartiendo muchas más tareas con ellos. La adaptación de la unidad familiar Es uno de los cambios de más calado: la educación global, del colegio a la casa y en este caso en la casa-colegio. “Los padres también se sorprenden del uso creativo de la tecnología y al igual que los alumnos valoran la atención más personalizada”, incide Francisco Tejeira desde Almería. “Cada semana les escribimos, su tutor contacta con ellos, así está avanzando tu hijo, así lo vemos”, desgrana.

Escape Room

Escape Room

Entramos en casa de Antonio, médico y padre de Jorge y Nacho. El colegio, asegura, “es uno más en su casa”. El hospital le absorbe en algunos momentos las 24 horas del día. “Nos tocó una situación que no esperábamos, y que espero no tengamos que volver a vivir en la vida y con todo eso, el colegio entró por la puerta de casa”. Asegura que es un padre de los que “chequea” mucho. Así que, ha estado todo lo atento que ha podido: “Mis hijos se levantan a la misma hora, siguen sus clases y yo… me voy a trabajar tranquilo porque mi primer proyecto de vida, mi familia, está cuidada”, reconoce.

“Todos hemos pasado momentos muy duros, yo me tenía que meter en la UCI, viendo casos horrorosos, difíciles de asumir…”. Por eso, afirma, saber que sus hijos podían seguir una vida normal, le ha ayudado. “Hacen hasta deporte, y bien hecho. Con tutoriales, con sus planes de entrenamiento”, desgrana. Es más, considera que sus hijos “no han bajado el nivel, sino que podría ser que hayan mejorado y eso que no quiero notas regaladas, pero se les ha pedido un sobreesfuerzo y lo están haciendo”.

Más esfuerzo, porque hay que adaptarse. A algo que de alguna forma ya estaba inventado. Se llama Blended Learning. La mezcla entre lo presencial y lo online, y los expertos en pedagogía llevaban años avisando de sus pros. Así nos lo explica Joaquín Rodríguez, director Corporativo de Diseño, Innovación y Tecnología Educativa. El Blended es un paso más allá del E-learning, basado sólo en la parte online más estática: materia vía web, foros de discusión, documentación por correo electrónico. El Blended Learning ha explosionado y ahora ya tendrá que quedarse. Es la educación híbrida, la fusión lo presencial y lo virtual.

Y ojo, sirve para los profesores igual que para los alumnos. Porque en algunos colegios antes juntar a todo el staff de profesorado para una reunión era complicadísimo. Ahora, cierto que porque están todos en casa, es sólo entrar en una aplicación. “Hay que aprovechar esas facilidades cuando volvamos a la situación presencial”, coinciden muchos de ellos. “A muchos les daba miedo crear contenidos o vídeos, y en estos meses se han convertido en expertos”, nos cuentan también. Es la última ola de la revolución en la educación y viene con sello propio: made in Covid-19.

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