Radiador.

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Consumo

Los cinco trucos de los expertos para ahorrar en calefacción este invierno: hasta 30€ menos al año

Instalar una caldera de condensación, purgar los radiadores o limitar la temperatura ambiente sirve para gastar menos. 

22 octubre, 2020 02:19

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El frío, hasta ahora, había titubeado con días de calor. Pero, definitivamente, ha llegado. Toca, por tanto, sacar la manta, el nórdico, lavar la ropa de invierno… Pero, sobre todo, es necesario poner a punto el sistema de calefacción de la casa para que esté a una temperatura adecuada y, al mismo tiempo, se pueda intentar gastar lo menos posible. ¿Cómo? Por un lado, revisando las facturas de la compañía: tener una mala tarifa puede costarle hasta un 37% más. Y, por otro, no tener la caldera a punto, que puede suponer un ahorro de hasta 30 euros.

Pero hay mucho más. Durante este invierno, además, su compañía lo llamará para revisar la caldera y para hacer la puesta a punto. ¿Cómo saber si no me están engañando? ¿Qué es lo que tengo que saber? Estos son los cinco trucos que le dan los expertos a EL ESPAÑOL para ahorrar en calefacción este invierno.

Caldera de condensación

El 60% de las calderas instaladas en la Unión Europea son ineficientes. Por eso, cambiarla es algo que, con el tiempo, es necesario: no sólo por seguridad, sino también para ahorrar dinero. Desde 2015, el Gobierno obliga a instalar las llamadas calderas de condensación, que aprovechan la alta temperatura de los vapores expulsados para precalentar el agua de entrada. Así, ahorran hasta un 18% de gas y disminuyen el volumen de emisiones.

Esto, a su vez, según un estudio realizado por la OCU, repercute en un mayor aprovechamiento de la energía, que se traduce en un ahorro de unos 30 euros anuales en gas. “La diferencia es de un 30% de rendimiento entre las calderas más antiguas y las de condensación”, reconoce Víctor Cubero, de Mundocalor.

Y, por otro lado, es necesario que, cada año, un técnico revise la caldera. “Que esté limpia o no va a incidir sobre el consumo”, prosigue. Por eso, es básico que, cada invierno, una empresa –normalmente, la que fija el bloque de viviendas o la contratante– eche un vistazo a cómo está.

Temperatura sostenida

Ocurre muy a menudo: llegamos a casa, tenemos frío y subimos el termostato al máximo para que se caliente rápido la casa. Pues bien, eso es un error –además de costar más caro–. “Es mejor poner la calefacción a las 12 de la mañana y tenerla más bajita que ponerla a tope y luego bajarla”, explica Víctor Cubero.

Además, es básico purgar los radiadores para evitar que no calienten. Para ello no es necesario llamar a un técnico: basta con utilizar una llave, abrirlos un poco y volverlos a cerrar.

Limitar temperatura ambiente

Hay que evitar, según Víctor, que la casa esté a 12-14 grados. Para eso, se puede programar el termostato para que la calefacción salte antes de que baje a temperaturas mínimas. “No es lo mismo pasar de 18 a 12 grados que de 12-14 a 21. Eso es un gasto enorme de energía y lo vamos a ver reflejado en la factura del gas”, reconoce Víctor.

Termostato.

Termostato.

Aislamiento

Es algo obvio, pero también fundamental: las ventanas viejas dejan salir la calefacción –o dejan pasar el aire, como quieran–, de ahí que haya casas difíciles de calentar y, además, muy caras. “Tener un buen aislamiento térmico es básico para que la vivienda esté lo más caliente posible y durante el mayor tiempo posible”, reconoce Víctor.

Y, por otro lado, cambiar los radiadores. “Si los hacemos más grandes, conseguimos una temperatura ambiente óptima que puede suponer un ahorro del 50% en la factura del gas”, finiquita Víctor.

La factura

Facua, en un estudio comparativo, llegó a la conclusión de que las tarifas libres de gas son más caras que las Tarifas de Último Recurso (TUR), que están reguladas por el Gobierno y se revisan y publican cada tres meses en el BOE (Boletín Oficial del Estado). De hecho, el ahorro es de hasta un 37%. Es decir, merece mucho la pena fijarse en la factura.

Con las TUR, en una casa donde se consumen 400 kWh mensuales se paga del orden de 28,83 euros al mes. En el mercado libre la factura puede llegar a dispararse hasta los 36,18 euros, un 25,5% más.

Y ocurre lo mismo en las viviendas donde se consuman 800 kWh. Con la TUR se paga una factura de 50,79 euros al mes. En el mercado libre puede llegar a costar 61,41 euros, un 20,90% más.

¿Qué se puede hacer para solucionar este agravio comparativo? “Muy sencillo: se mira la factura y si no pone TUR, entonces llamas y te cambias a una de las compañías donde te ofrezcan este servicio regulado por el Gobierno”, reconoce Rubén Sánchez, secretario general de FACUA.