Ramón, agricultor.

Ramón, agricultor. Cedida

Sociedad

Ramón (62), agricultor en un pueblo: "La rentabilidad ha bajado en 20 años, son costes desorbitados y precios bajos"

El agricultor con 40 años de experiencia contó las dificultades que afronta el sector del campo en España hoy en día.

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Ramón García Martín, agricultor de 62 años en Carmona (Sevilla), denuncia la pérdida de rentabilidad que sufre el sector agrario desde hace dos décadas.

El incremento de los costes de producción (insumos, gasóleo, maquinaria) y la congelación de los precios en origen dificultan la viabilidad económica de las explotaciones.

Las importaciones de terceros países sin suficientes controles ni aranceles, la inestabilidad climática y la carga burocrática lastran la competitividad del campo español.

El cerealista advierte de la falta de relevo generacional ante el pesimista panorama económico y las elevadas inversiones que exige la actividad.

Ramón García Martín tiene 62 años y lleva cuatro décadas ligado a la agricultura. Es la tercera generación de una familia dedicada al campo y trabaja como cerealista de secano en Carmona (Sevilla).

A sus 22 años comenzó como autónomo al frente del negocio familiar y, desde entonces, ha visto cómo el sector ha cambiado hasta convertirse, a su juicio, en una actividad cada vez más difícil de sostener.

"El futuro del sector tiene muy mala pinta", asegura a EL ESPAÑOL. "Somos los que peor lo estamos pasando". Su principal preocupación es la pérdida de rentabilidad, provocada por unos costes de producción elevados y unos precios que no han evolucionado al mismo ritmo.

El reto del campo

"Desde hace 20 años la rentabilidad ha ido bajando con los precios congelados de nuestros productos e incluso por debajo de hace años y, por si fuera poco, los gastos cada vez más altos", explica.

Semillas, fertilizantes, fitosanitarios, maquinaria, gasóleo y repuestos forman parte de una lista de gastos que, según el agricultor, hace cada vez más complicado que las cuentas salgan.

A esta situación se suma la competencia de las importaciones. Ramón considera que los precios bajos están directamente relacionados con las mercancías procedentes de terceros países, donde los costes son inferiores y las condiciones de producción diferentes.

"Los precios bajos vienen dados por la importación desde terceros países con costes inferiores, producciones muy superiores a las nuestras y una climatología más estable", señala. El agricultor también sitúa la climatología entre los principales factores que condicionan sus ingresos.

"Dependemos de la temperatura, la lluvia o las sequías", afirma. Las variaciones registradas durante los últimos años han afectado a los rendimientos de las explotaciones y, con ello, a su rentabilidad.

Pero no es el único problema. Ramón denuncia que la burocracia y las obligaciones administrativas estrechan todavía más los márgenes. Gestiones relacionadas con la PAC, los Ecorregímenes o el Cuaderno Digital de Explotación requieren tiempo y, en ocasiones, obligan a recurrir a gestores, cooperativas u organizaciones agrarias.

El cerealista reclama además mayores controles sobre los productos que llegan desde el extranjero: "Entran mercancías sin aranceles o con aranceles muy bajos, no se controlan los contingentes establecidos y no se realizan los suficientes controles de calidad y salubridad".

La situación también dificulta el relevo generacional. Para Ramón, alguien que quiera empezar sin acceso a tierras familiares tiene prácticamente imposible asumir las inversiones y la incertidumbre del negocio.

Por eso, su diagnóstico sobre los próximos años es pesimista. "No se atisba ningún cambio a corto plazo", indica. Y lo resume así: "Los mercados solo buscan lo más barato, eso lo encuentran en los puertos. Con eso en España no podemos competir".