Billetes y monedas.

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Sociedad

Rober, el dueño de un bar que rechaza los pagos con tarjeta: "Desde el apagón cada vez más gente lleva dinero en efectivo"

Montó su negocio hace 35 años y, a pesar de los avances tecnológicos y digitales, consigue que todos sus clientes continúen pagando en metálico.

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Las claves

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Rober, dueño de un bar en Madrid desde hace 35 años, solo acepta pagos en efectivo por desconfianza hacia los bancos y confianza en su clientela.

El apagón eléctrico de abril de 2025 provocó que más personas volvieran a llevar dinero en efectivo, aunque los jóvenes prefieren pagar con tarjeta o móvil.

Rober, a punto de jubilarse, defiende su modelo tradicional apoyado en una clientela fija y en evitar comisiones bancarias.

El bar mantiene un ambiente familiar y de confianza, donde la relación con los clientes prima sobre la modernización del negocio.

Según el Banco de España, hoy en día el dinero en efectivo continúa siendo la opción de pago favorita de los españoles en comercios físicos, pero cada vez es más habitual que los ciudadanos opten por las tarjetas de crédito o incluso por el propio móvil. De hecho, el 15,3% de la población utiliza principalmente su teléfono para realizar cualquier tipo de compra.

Aunque resulte increíble, continúa habiendo comercios físicos que rechazan de forma categórica implantar sistemas de pago más modernos. Este es el caso de Rober -nombre anónimo, en honor a Robert de Niro, porque ha preferido mantener su anonimato-, dueño de un bar de "pueblo" en la ciudad de Madrid desde hace 35 años, siempre en la misma ubicación, y que ha accedido a hablar con EL ESPAÑOL.

"Sólo acepto efectivo porque tengo la suerte de que ya conozco al 90% de los clientes y porque no me fío de los bancos; si fuera una calle céntrica sería imposible, pero aquí es como un pueblo. Conozco a todo el mundo", me comenta sin pelos en la lengua. Al mismo tiempo, atiende con amabilidad y cercanía a los clientes con una música roquera de fondo que dota de gran personalidad a su negocio.

"Ya estoy pensando en la jubilación"

En realidad sus clientes son más que eso. Son sus amigos, sus personas de confianza. Gente que lleva escogiendo este bar durante décadas. Esa confianza generada le ha permitido la posibilidad de renunciar a las nuevas tecnologías y al tsunami digital del siglo XXI.

Nunca tuvo dudas, se mantuvo firme con que sólo iba a aceptar monedas y billetes en su negocio, ni siquiera su hermano le pudo persuadir. "Mi hermano es lo opuesto a mí, paga todo con tarjeta. Me dice que me vendría bien comprar un datáfono porque trabajo de cara al público, pero es que no me fío", confiesa a este diario.

También le ayuda el estar a las puertas de la jubilación. Tiene una clientela fija, "ya me conocen", y a "mi edad ya estoy pensando en otra cosa... Si fuera más joven igual dudaría en comprar el datáfono, porque tendría más incertidumbre por el futuro", reflexiona Rober.

Y ante la pregunta de si el 10% restante de clientes se sorprende mucho cuando les dice que no acepta los pagos con tarjeta, asegura que sobre todo los jóvenes. Pero, con el apagón eléctrico de abril de 2025, notó un cambio de tendencia:

"Desde el apagón cada vez más gente lleva algo de efectivo, aunque los que son muy jóvenes se van porque no tienen", aclara. En la barra de su bar, no obstante, la edad media es bastante elevada por lo que en realidad le ocurre pocas veces que un cliente tenga que volver por donde ha venido.

En su decisión también influye el hecho de que es autónomo y de que ha tenido que luchar y pagar muchas facturas para sacar adelante el negocio durante toda su vida. Por eso, no quiere pagar de más; tampoco las comisiones bancarias.

Reivindicación de los tiempos pasados

Al terminar la entrevista, una mujer aprovecha para contarle un problema personal. Él escucha con detenimiento, aconseja y sonríe. Tiene claro que su modelo de negocio tiene un techo, que podría ganar más si se adaptase a los nuevos tiempos. Pero se niega.

"Soy cabezón, pero lo hago porque tengo suerte con mi clientela". Personas que le prefieren a él antes que a cualquier otro hostelero, una relación bidireccional en la que se reivindica que los tiempos pasados fueron mejores.