La hostelería sufre cambios.

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Sociedad

Javier Martínez, camarero: "Si un español a las 12 y media quiere una barrita con tomate... se la va a hacer Rita"

Las terrazas de la capital están implementando nuevas medidas a favor de los comensales extranjeros.

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Las claves

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Bares y terrazas del centro de Madrid están implementando nuevas normas, como exigir una consumición mínima o poner un límite de tiempo en las mesas.

El objetivo de estas medidas, según los hosteleros, es asegurar la rentabilidad en zonas de alta demanda turística donde el espacio es limitado.

Un dueño de un bar defiende dejar de servir cafés o tostadas a mediodía: "Si un español a las 12 y media quiere una barrita con tomate... se la va a hacer Rita".

El hostelero explica que prefiere a los clientes extranjeros que piden platos más caros, ya que una mesa con un café genera tres euros frente a los 80-90 de una comida.

Cada vez son más los bares y terrazas del centro de Madrid que están aplicando nuevas normas para el uso de sus mesas.

Tener que pedir una consumición mínima o poner un límite de tiempo si solo se pide un café, son algunas de las medidas con las que muchos hosteleros están sorprendiendo en la capital.

El objetivo, según los dueños de los bares, es asegurar la rentabilidad en zonas donde el espacio es escaso y la demanda turística, constante.

Sin embargo, esta medida no está exenta de polémica. Muchos vecinos se quejan de que estas restricciones les impiden disfrutar de su barrio con tranquilidad, así como relajarse en su tiempo libre en las terrazas.

Y es que la hostelería madrileña está modificando su forma de trabajar. Cada vez es más habitual que los clientes no puedan pedir un café o una sola caña a partir del mediodía.

Algunos establecimientos han optado por dejar de servir este tipo de consumiciones y, en su lugar, ofrecen únicamente menús o platos de carta, acompañados por bebidas de mayor precio, como dobles o tercios.

Uno de los que defiende abiertamente esta nueva forma de gestionar los locales es Javier Martínez, dueño del bar Cruz, ubicado cerca de Lavapiés, quien asegura que la medida no busca discriminar a nadie, sino asegurar la supervivencia del negocio.

"Primero porque no es rentable. La gente normalmente con el café se queda mucho tiempo y solo tenemos seis mesas. Una mesa con un café son tres euros. Una mesa con cuatro personas comiendo son 80-90 euros", explica el hostelero.

No obstante, Javier reconoce que esta decisión ha generado algún que otro conflicto con sus clientes, quienes se sorprenden cuando no se les sirve un café en hora punta.

Una decisión que tal y como revela se ciñe a que "hay que sacar mucho dinero para pagar muchos impuestos, para pagar educación y sanidad".

Es por ello que Martínez confiesa que prefiere un comensal extranjero al típico español, ya que "el japonés empieza a comer a las 12 del mediodía y te pide unas navajas, zamburiñas, caracoles..." mientras que "el español se acaba de levantar muchas veces, que vive por aquí la vida alegre y van por la tarde".

"Así a las 12 y media quiere una barrita con tomate que vale tres pavos. Y yo ya tengo la plancha llena de sardinas. Te la va a hacer Rita", concluye.