El pianista y escritor británico James Rhodes.

El pianista y escritor británico James Rhodes. Efe

La Jungla

Que nadie se meta con James Rhodes

En La Jungla. El enésimo ataque al pianista británico afincado en España intenta cuestionar los abusos sexuales que Rhodes sufrió de niño y relató en su libro.

Vaya por delante que soy de las personas a las que James Rhodes les cae bien. Me parece, dejando si es posible a un lado su talento musical, un tipo realmente simpático y con una capacidad envidiable de ver la belleza en esas pequeñas cosas que al final son las que hilan nuestras rutinas. Las importantes. 

Pero si fuese del otro bando, de los que ya están cansados de su ingenuidad y sus mensajes naif, también me habría chirriado el hilo que una tuitera ha tecleado disparándole al pianista unos dardos que a muchos, como a mí misma, nos han parecido literalmente "repugnantes".

Porque esta vez no se trata de que Rodhes sea un pesado hablando de lo bonitas que son cada una de las esquinas de Madrid o de lo buenas que están las croquetas, esta vez el ataque ha ido directo al niño que fue cuando cumplió seis años y su profesor de gimnasia decidió violarlo reiteradamente durante cuatro años infernales. 

"¿Sus pantaloncitos enseñaban demasiada carne infantil?"

James Rodhes rompió su silencio en Instrumental, un libro muy crudo en el que relató no solo esos años, sino los posteriores, los de las consecuencias. Esos del estrés postraumático, los tics, los intentos de suicidio, las autolesiones, los psiquiátricos y el abuso del alcohol y las drogas. 

Pero todo esto, para la tuitera, forma parte del "lloriqueo de un señor" al que "no le hemos dado suficiente casito". Porque claro, sigue la espalda en alto, el problema es que "si toda esta colección de abusos, autolesiones y patologías mentales las hubiera relatado una mujer, no le estaríais dando ni la cuarta parte del cariño". BUM.

Aquí no solamente está juzgando a Rhodes por contar su vida, como si este hombre tuviese que pedir permiso para hablar de ello, sino que también está minimizando la importancia de su relato, que a muchos les ha valido para reconocerse y dar un paso al frente. Acostumbrados a que las víctimas no tengan nombre ni rostro, él ha visibilizado algo tan tremendo como los abusos en la infancia.

Pero claro, es un hombre. Y lo de que lo hayan sodomizado con 6 años no debe ser tan duro como haber vivido con el yugo del patriarcado toda una vida o como que te violen cinco tipos en un portal a los 18. Como si todo no formase parte de lo mismo, no tuviera el mismo origen. Como si el dolor de uno fuese excluyente, como si cada uno de nosotros no tuviésemos derecho a compartirlo y que nos crean si es real.

Este hombre no se ha enfrentado al espejo por un puñado de libras porque, rescatando ahora su talento musical del apartado en el que lo habíamos dejado, básicamente no le hace falta. No es un personaje del corazón sin oficio ni beneficio, es un músico que gana pasta. Y, "bola extra", además es lo suficientemente sensible como para hacer suyas decenas de reivindicaciones de justicia social, entre ellas las feministas.  

"No tengo palabras"

A pesar de los intentos de algunos tuiteros para que el mensaje de odio no llegase hasta Rhodes, lógicamente acabó llegando y él ha respondido:

Pero no solamente él, han sido muchos los que no han acabado de entender la necesidad de atacar a este hombre con semejante argumentación:

Porque sí, quizás estemos demasiado involucrados con James (¿veis? ya hasta lo tuteamos), pero nunca está de más ponerle freno al odio en cualquiera de sus manifestaciones. Ya no por él, sino por el niño que dejó de ser cuando cumplió 6 años. Por todos los que han ocupado el asiento de detrás de un coche extraño. Y lo siguen ocupando.