Bryan Johnson posa en una imagen difundida en sus redes, donde suele mostrar los avances de su protocolo antiedad.

Bryan Johnson posa en una imagen difundida en sus redes, donde suele mostrar los avances de su protocolo antiedad. Bryan Johnson

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"Mi estómago se está comiendo a sí mismo": la dolencia sin cura de Bryan Johnson, el gurú que se gasta millones para ser inmortal

El empresario estadounidense sigue un protocolo extremo de longevidad, con médicos, suplementos y mediciones para frenar el envejecimiento.

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Bryan Johnson se levanta todos los días antes de que salga el sol. A las cinco de la mañana, en su casa de Los Ángeles, empieza una rutina diseñada para que nada quede librado al azar: ni el sueño, ni la comida, ni el pelo, ni la piel, ni la fertilidad.

Lo primero es la luz. Johnson se expone a una lámpara de 10.000 lux, una intensidad que busca imitar la claridad del amanecer. Después llegan los suplementos, el entrenamiento, la sauna a 93 grados, la gorra láser para estimular el crecimiento del pelo y la terapia de luz roja e infrarroja.

También hay hielo. En una de las partes más llamativas de su protocolo, el empresario coloca frío en la zona genital para proteger la fertilidad durante la exposición al calor extremo. Todo forma parte de Blueprint, el plan con el que intenta ralentizar el envejecimiento y medir cada cambio de su cuerpo.

Bajo ese nombre agrupa su rutina diaria, sus pruebas clínicas y también una línea de productos que vende al público, desde suplementos hasta cuidado facial y aceite de oliva.

Esta semana, sin embargo, el hombre que hizo de su organismo un laboratorio contra el paso del tiempo contó que padece una enfermedad crónica. "Mi estómago se está comiendo a sí mismo", escribió en X. El empresario, de 48 años, reveló que fue diagnosticado con gastritis autoinmune.

Se trata de una enfermedad en la que el sistema inmune ataca células del estómago. No es una gastritis común ni una molestia digestiva puntual. En estos casos, el cuerpo agrede el revestimiento gástrico y puede alterar la producción de ácido y la absorción de nutrientes esenciales.

Según relató el propio Johnson, el diagnóstico llegó en mayo, después de años de ferritina baja. La ferritina es una proteína que almacena hierro y permite saber cuántas reservas tiene el organismo. En su caso, esos niveles no mejoraban pese a la dieta, los suplementos y el control permanente de su equipo médico.

El empresario vincula esa fragilidad digestiva con los hábitos que tuvo durante su juventud, cuando —según ha contado en varias entrevistas— llevaba una alimentación desordenada, comía productos ultraprocesados y descuidaba por completo su salud.

"No era un solo problema", explicó. De acuerdo con su relato, había tres cuestiones conectadas: la deficiencia de hierro, la gastritis autoinmune que la provocaba y una enfermedad tiroidea autoinmune que arrastraba desde joven. Johnson ha contado que fue diagnosticado con hipotiroidismo a los 21 años.

La Cleveland Clinic explica que, en este tipo de cuadros, el tratamiento suele centrarse en corregir déficits de hierro y vitamina B12, además de realizar controles médicos periódicos. El Manual MSD también advierte que puede asociarse con anemia perniciosa y con mayor riesgo de cáncer gástrico.

La enfermedad puede tratarse, controlarse y vigilarse. Lo que no existe, por ahora, es una cura sencilla que elimine el proceso autoinmune de raíz.

El negocio antiedad

Esa es la parte que vuelve más llamativo el caso de Johnson: incluso el hombre que intenta medirlo todo acaba de encontrarse con algo que no depende sólo de disciplina, dinero o tecnología.

Johnson no era médico, ni deportista, ni gurú espiritual antes de convertirse en una celebridad de la longevidad. Era empresario tecnológico. En 2013 vendió Braintree, la plataforma de pagos que había integrado Venmo, a PayPal por unos 800 millones de dólares.

Después invirtió en otros proyectos, entre ellos Kernel, una empresa de neurotecnología. Pero su verdadero personaje público llegó más tarde, cuando decidió que su próximo objetivo no sería crear otra compañía, sino intentar retrasar el deterioro de su propio cuerpo.

Bryan Johnson durante uno de los tratamientos estéticos que integran su protocolo de longevidad y control del envejecimiento.

Bryan Johnson durante uno de los tratamientos estéticos que integran su protocolo de longevidad y control del envejecimiento. Blueprint

En 2023, EL ESPAÑOL ya había contado parte de esa rutina: unas cien pastillas al día, 16 horas de ayuno, una treintena de médicos y alrededor de dos millones de dólares anuales destinados a intentar rejuvenecer. Su cuerpo se convirtió en el experimento, el producto y la vidriera.

Desde entonces, su protocolo cambió. En abril de 2026 publicó una versión actualizada de su mañana y dijo que ahora le ocupa cuatro horas y 46 minutos. Antes, aseguró, era más larga. Su equipo eliminó algunos pasos que consideró innecesarios.

La lista, aun así, sigue siendo extrema: sueño medido, limpieza oral, luz artificial, ejercicios de respiración, suplementos, entrenamiento, sauna, terapia lumínica, cuidado de la piel, dieta vegetal y controles constantes. Johnson no sólo sigue un plan; también lo muestra, lo explica y lo convierte en contenido.

"No espero que nadie haga mi rutina", escribió en su web. Pero ese protocolo también se convirtió en empresa: alrededor de su cuerpo creció una marca que vende la promesa de medir, corregir y optimizar el envejecimiento.

Su vida cotidiana tiene horarios rígidos. Se acuesta alrededor de las 20.30, come según una pauta estricta y evita decisiones que puedan alterar el protocolo. Publica gráficos, fotografías, resultados de pruebas y comparaciones de sus órganos y biomarcadores con los de personas más jóvenes.

Johnson no dice simplemente que tenga 18 años biológicos. La afirmación es más específica: sostiene que algunos de sus órganos y marcadores funcionan con parámetros propios de una persona mucho más joven, en algunos casos comparables con los de un joven de 18 años.

Su lema es "Don’t Die", "No mueras". En entrevistas recientes, explicó que no lo entiende como una promesa literal de inmortalidad inmediata, sino como una forma de ganar tiempo. Vivir lo suficiente para que la ciencia, la inteligencia artificial o la biotecnología encuentren nuevas respuestas.

Esa búsqueda lo llevó a prácticas que generaron titulares en todo el mundo. En 2023 se sometió a una transfusión de plasma de su hijo adolescente, dentro de un experimento familiar en el que también participó su padre. Tres generaciones unidas por sangre en nombre del rejuvenecimiento.

Bryan Johnson se somete a numerosos análisis de sangre para controlar sus biomarcadores dentro de su protocolo de longevidad.

Bryan Johnson se somete a numerosos análisis de sangre para controlar sus biomarcadores dentro de su protocolo de longevidad. Blueprint

Tiempo después, Johnson dijo que abandonó ese procedimiento porque no encontró beneficios claros. La escena, de todos modos, quedó asociada a su figura: un millonario dispuesto a probar métodos que están lejos de la rutina médica habitual.

Sus defensores lo presentan como alguien que lleva la prevención al máximo y comparte datos que pueden servir para estudiar el envejecimiento. Sus críticos, en cambio, le reprochan promover intervenciones caras, extremas o todavía discutidas por la comunidad científica.

El diagnóstico de gastritis autoinmune llega en medio de esa discusión. Johnson no lo presentó como una derrota, sino como otro problema a resolver. En sus publicaciones pidió colaboración a investigadores que trabajen en inmunoterapia y tolerancia inmunológica.

Su tono fue el de siempre: detectar, medir, entender y corregir. La diferencia es que esta vez el problema no aparece como una arruga, un marcador alterado o una métrica mejorable, sino como una enfermedad crónica que lo acompañará bajo control médico.

La gastritis autoinmune puede pasar desapercibida durante años. En algunos pacientes aparece por anemia, cansancio, déficits nutricionales o alteraciones en análisis de sangre. En el caso de Johnson, fue la ferritina baja la que terminó abriendo el camino hasta el diagnóstico.

Ahora, el empresario dice que quiere investigar cómo intervenir sobre ese proceso. No sería la primera vez que convierte una condición personal en parte de su relato público. Su salud, desde hace años, también es su principal plataforma.

Johnson sigue despertándose a las cinco. Sigue entrenando, tomando suplementos, midiendo sus órganos y publicando resultados. Pero entre todos esos datos apareció uno que no formaba parte de la promesa inicial: el cuerpo que intenta controlar también puede fallar por dentro.